domingo, 28 de mayo de 2017

Repercusiones -43-


-Ofensiva.-

Sai se removió un poco incómodo sobre su asiento debido a que ya llevaban un buen rato mirándolo con intensidad y él no estaba acostumbrado a ser el centro de atención.

– ¿He dicho algo indebido?. – Preguntó Sai mirando a su marido porque nadie parecía querer hablar y el silencio no le gustaba.

– ¿¡Qué si has dicho algo indebido!?. – Repitió Gaara la pregunta con escepticismo. – Sai, acabas de asegurar que podríamos tener un ejército. Un ejército capaz de hacer frente a la guardia real. – Indicó Gaara antes de golpear con fuerza la mesa que asustó a su hijo en brazos de su madre. – ¿Cómo has podido engendrar esa conjetura?.

– ¡Gaara, cálmate!. Estás asustando a tu hijo. – Le recordó Naruto a su amigo ya que había gritado su cuestionamiento asustando al bebé.

– ¿Acaso no has oído?. – Inquirió Gaara a su amigo con enojo.

– Por supuesto que he escuchado las palabras de Sai pero no tienes que comportarte como una bestia. – Respondió Naruto en un intento de apaciguar el enfado de su amigo. – Sé que son graves las palabras de tu esposo y que para formar un ejército es necesario tener dinero y poder. Condiciones que no poseemos pero que aún, si las tuviésemos, no resolvería esta situación, ¿qué ganaríamos enfrentado al rey?.

– Lo castigaríamos como merece. – Habló Sasuke impetuosamente con sus puños apretados y captando toda la atención de los presentes. – Ese hombre debería de verter su sangre como ha derramado la sangre de otras personas, es un mezquino que no merece la corona que se le ha puesto sobre su cabeza.

– El que quieras verlo, al igual que sus víctimas, no te va a satisfacer. Sé que estás dolido a causa de la verdad pero los hombres no somos los que tenemos que decidir la vida o la muerte. – Intervino Minato. –  Puedo entender vuestros sufrimiento al conocer el nombre del asesino de vuestros padres pero si tuviésemos la oportunidad de acabar con la vida de ese detestable hombre, nuestro esfuerzo no tendría sentido porque los nombres que manchó con sus deshonestas intenciones, el sufrimiento causado y la sangre derramada por el camino que lo llevaban a su meta, no habrá valido la pena. No si solo será un hombre que murió a manos de un desconocido sin que el hablase claramente frente a su pueblo de sus sucias mañas para lograr ser rey y someter bajo su yugo a todos los habitantes del Reino del Fuego. – Explicó Minato, haciéndole entender a los presentes lo que supondría la muerte de Orochimaru en la posterioridad. – Lo mejor que podríamos hacer es marcharnos de estas tierras hacia un lugar en el que podamos vivir en paz.

El silencio pareció volver a gobernar el lugar y a los presentes, al igual que el enfado y la decepción.

– No es justo. – Murmuró los suficientemente alto Itachi con frustración haciendo añicos el silencio.

– ¿Ya os habéis rendido sin siquiera haberlo intentado?. – Preguntó Kushina mientras  miraba a todos los presentes. – Sé que el rey Orochimaru es una persona cruel y no ha tenido clemencia con sus súbditos y aunque no estoy de acuerdo en enfrentarnos a ese detestable hombre por poner la felicidad de mis nietos frente a mí. Aún menos, deseo que mi hijo, el padre de mis nietos, sea un cobarde. Naruto, no importa cuántas dificultades puedas estimar o si hay más personas que puedan seguirte a tu propósito pero tendrías que saber que lo más importante será que tus hijos te recuerden con orgullo y dignidad. No como un miserable que no se inmutó para guardar la mesura perdida de su consorte. – Declaró Kushina mirando a su hijo con severidad. – Haz sentir orgullo a tu esposo y a tus hijos, Naruto. Has que esta anciana te vea aún más brillante que una moneda de un Kage.

– ¿¡Está loca, Kushina!?. – Se sobresaltó Gaara al escuchar la perorata de la mujer. – ¿Por qué ha cambiado tan pronto su opinión?, ¿es qué no le importa que su hijo pueda morir?. Como madre de Naruto, debería de sopesar más sus palabras y no dar apoyo a un suicidio porque ha eso está mandado a su hijo.

– Gaara, calla. – Ordenó Naruto mirando a su amigo antes de mirar a su madre. – Te entiendo madre y si no he hablado antes de ti es porque te anticipaste. Sé que mi vida es lo que puedo perder pero no tiene importancia si consigo liberar a Sasuke del profundo dolor que ha sentido desde antes que lo conociera y le ha impedido disfrutar de la felicidad que lo rodea. –  Dijo Naruto recordado todo lo vivido junto a Sasuke y como este, hasta en ese momento, parecía tener dificultades para aceptar que sentía un amor tan inmenso al suyo hacia él. – Si hay una sola oportunidad de enfrentarse a Orochimaru, yo la acogeré sin titubear.

– ¡Naruto, tú también!. – Exclamó Gaara llevándose las manos a la cabeza mientras se preguntaba por qué Sai había dicho lo que parecía haberse convertido en un remolino que arrastraba a todos hacia las profundidades de la demencia.

– No lo hagas. – Espetó Minato mirando a Naruto seriamente. – No resolverás nada, no conseguirás nada. Esa venganza no tiene sentido aunque sea para intentar contentar a tu esposo y madre. Después, solo quedará la consciencia y tu remordimiento. No estás preparado para enfrentarte a ese traicionero hombre, Naruto.

– No me trates como si fuese un niño imprudente, Minato. – Contestó Naruto. – Sé que no es lo mismo que hurtar, sé que la gravedad es mayor porque, posiblemente, mis manos se vean manchadas de esa sucia sangre pero si este reino estuviera en plena guerra en estos momentos, el monarca no dudaría en venir hasta aquí para que formara parte de sus tropas de batalla al ver que ya tengo un hijo varón.–  Le recordó a todos los presentes aunque Naruto estaba mirando a Minato. – ¿Es qué no es el mismo crimen?. Estoy consciente de que tendré que cargar con la muerte a mis hombros ya sea porque no pueda hacer nada para evitar un combate o porque sea mi vida la que desaparezca.

– Naruto… – Susurró Sasuke con preocupación.

– Ya soy perseguido por culpa de Orochimaru al limpiar sus malvados actos sobre nuestra espalda, Minato. ¿No deseas hacer pagar por lo qué te ha hecho?, ¿por lo acaecido a tu señor?. Entonces, deja de huir e intentemos hacer algo al respecto. No escondas el rabo entre las patas como un perro apaleado como has hecho hasta ahora, es momento de mostrarle a tu hija y a ese doncel, que eres alguien que está dispuesto a todo por ellos. – Afirmó Naruto señalando a Itachi que observaba con asombro la riña entre los hombres.

Las palabras de Naruto hicieron que un pequeño silencio se formara, en el que Minato parecía pensar lo dicho por el dueño de la casa.

– Tienes razón. Debería de ser yo el que tendría que estar seguro y adelantarme en busca de hacerle justicia a mi maestro, el liberar el dolor de Itachi pero el estado en el que nos encontramos… el saber que puede que sea lo último que haga en mi vida, me provoca reconsiderarlo. – Se justificó Minato con sopesar. – Si realmente pudiéramos tener una gran cantidad de hombres a nuestra disposición sería posible el aventurarnos en intentar llegar a Orochimaru y reducirlo para que confesará. – Sopesó llevándose una mano al mentón. – Está bien, mostraré que mi alma también alberga coraje y fuerzas para afrontar a Orochimaru.

– ¡Sois unos inconscientes!. – Soltó Gaara estupefacto antes formaba una sonrisa en sus labios. – Os estáis dejando llevar por el calor que os ha provocado las palabras de Kushina y Sai pero yo no puedo dejar que te enfrentes a la muerte, Naruto. Así que puedes contar conmigo porque pondrías tu cuello al filo de una espada sin pensar por un instante en poder evitarlo. Además, que todo esto se debe en parte a mi esposo, debo de responsabilizarme de lo que pueda ocurrirte.

– Gracias, Gaara. Sé que puedo confiar en ti pero no tienes porque hacerlo. – Agradeció Naruto.

– No, no digas más. Ya te he dicho que tengo que responsabilizarme de lo que mi consorte diga. – Insistió Gaara. – Iré y mostraré que los martillos sirven para algo más que moldear el hierro candente.

– Me siento orgullosa de vosotros, muchachos. – Confesó Kushina. – Os estáis comportando como los hombres que se espera de vosotros. Puedo afirmar que no veo niños sino valerosos hombres.

– Deberías tener más confianza en nosotros, mujer. – Habló Minato.

– Sai, ¿podrías contarnos como piensas qué podemos formar un ejército?. – Preguntó Naruto mirando al doncel que mecía al bebé entre sus brazos para que se durmiera ya que había dejado de sollozar.

– Podéis tener un ejército con los grupos de amotinados. – Afirmó Sai. – Esas personas dicen querer hacer cambiar la situación que estamos padeciendo en el Reino del Fuego. También, proclaman el mal hacer por el rey Orochimaru y escudan sus actos en forma de protesta hacia los abusos del nuestro monarca y a la gente parece estar apoyando a estos grupos, a pesar de todos los disturbios que han generado. – Explicó Sai. – Pienso que si todos esos grupos se unieran formando uno solo, serían lo suficientemente grande como para hacerle frente a la guardia del rey Orochimaru, al igual, que sería necesario convencerlos de que se unifiquen y estén de acuerdo en un asalto al castillo del monarca para que vosotros podías entrar y conseguir llegar hasta donde se encuentre el rey.

– Sai, lo que has tramado en tu cabeza es sorprendente. – Alabó Itachi mostrando el asombro en su rostro.

– Tiene razón, es un plan increíble para poder entrar en el castillo. Incluso, me sorprenda que haya sido un doncel al que se le haya ocurrido esta estrategia. – Apoyó Minato tan sorprendido como el resto de los presentes. – Pero aún nos quedaría el problema de convencer a los diferentes grupos y personas que forman los disturbios.

– Esa es una de las menores de las dificultades, tendremos que convencer a toda esa gente de tener el mismo objetivo en común cuando cada grupo defiende sus propios propósitos y sin recordar, que tenemos el problema de vuestras identidades. Si sois reconocidos, nadie dudaría en entregaros a la guardia en espera de cobrar la recompensa que ofrecen por vuestras cabezas. Recordando que muchas personas os culpan de haber asesinado al anterior monarca y por ello, tenemos que soportar los abusos del rey Orochimaru. – Advirtió Gaara.

– Si vamos a necesitar que esas personas confíen en nosotros sería mejor que supieran de un principio quiénes somos y pedir que nos escuchen para que comprendan que nosotros somos inocentes. – Aportó Naruto.

– Eso no funcionará, amigo. Son muchas las penurias por la que está pasando el reino. Esas personas no accederán a escucharte, sería mejor que no mostraras tu rostro. – Consideró Gaara.

Los hombres continuaron hablando sobre el tema de cómo convencer a la gente de que se unan a su causa mientras que los donceles y Kushina, se levantaron de la mesa para ir a la cocina donde comenzaron a preparar el almuerzo. Sai decidió ir al patio para observar a los niños jugando, inconscientes de los que podría ocurrir con los adultos en los siguientes días futuros.

Ese día, en el que Gaara y Sai junto a sus hijos lo pasaron en la casa de Naruto, habían conseguido formar un plan para enfrentarse al actual monarca del Reino del Fuego y cuyo procedimiento, comenzarían a ejecutar al día siguiente.

Sasuke había terminado de asear a sus hijos y los estaba arropando a cada uno en su cama cuando Naruto entró a la habitación que ocupaban los gemelitos.

– ¡Padre!. – Llamó Haruto para recibir una sonrisa del mayor antes de sentir un beso sobre su frente.

Asahi también recibió un beso en su frente con tanto cariño como el de su hermano. Después, Naruto se sentó en una silla entre las camas, obligando a Sasuke, no solo a permanecer en la alcoba, sino también a sentarse sobre sus piernas.

– Niños, hay algo que quiero contaros antes de que os durmáis. – Dijo Naruto sintiendo como su esposo se removió inquieto sobre sus piernas, intuyendo lo que su marido le iba a contar a los pequeños.

– ¿Nos vas a contar un cuento?. – Preguntó con esperanzas Asahi.

– No, yo quiero oír más sobre los desiertos del Reino del Ave y como luchaste con un oso en los bosques del Reino de la Hierba. – Pidió Haruto en un intento que su padre le volviese a narrar sus vivencias en los otros reinos.

– Podría volveros a narrar esas aventuras pero esto es primordial para vosotros. Me gustaría decir que lo que os quiero contar es un cuento pero no es así, lo que os voy a hablaros es real. – Afirmó Naruto.

– Naruto, ¿tienes que decirles ahora?. Ellos son muy pequeños aún y… – Intentó Sasuke persuadir a su marido para que no le contara la verdad que le dolía, por lo que podría implicarle a ellos.

– Decidimos que lo contaríamos, este es el mejor momento. – Le susurró Naruto a Sasuke haciéndole entender de que había una gran probabilidad de no hacerlo en otra ocasión por lo que recibió un suspiro de su marido como respuesta. – Hace mucho, muchos años atrás… – Y Naruto comenzó a relatarle a sus hijos, que escuchaban atentamente cada una de sus palabras, los lazos que unían con él, Minato y Minako como si les estuviese relatando un cuento. – ¿Lo habéis entendido?. – Preguntó al finalizar su relato a sus hijos, los cuales parecían estar razonando la pregunta mientras que sus rostros mostraban expresiones compungidas.

– No me gusta esta historia. – Habló Asahi. – Es fea y no me gusta.

– No todas las historias son bonitas, Asahi. – Respondió Sasuke para abrazar al niño que había comenzado a llorar al sentir los brazos de su madre rodearlo.

– ¿Prima Minako y padre son hermanos?. – Preguntó Haruto a su padre, a lo que Naruto asintió con su cabeza. – Entonces, prima Minako ya no es prima de nosotros. – Razonó Haruto. – Y… padre ya no es padre.

– No, no es así exactamente, Haruto. Minako sigue siendo tu prima porque Itachi es el hermano de Sasuke pero no importa que Minako y yo tengamos el mismo padre, eso no cambiará nada con todo nosotros. – Intentó explicar Naruto. – Yo siempre seré vuestro padre.

– Pero… no me gusta. No quiero que… padre tenga el mismo padre que prima Minako. – Dijo el niño para comenzar a llorar. – Yo quiero… que prima Minako sea prima Minako y… padre sea padre. – Expresó Haruto.

– Haruto… – Naruto nombró el nombre de su hijo con dulzura mientras lo abrazaba.

– No quiero… no quiero… – Lloró el niño al igual que su gemelo hasta que los dos cayeron agotados por el sueño.

– No debiste contarles, Naruto. – Murmuró Sasuke comenzando a llorar. – Ahora… ¿qué ocurrirá?.

– Sasuke, no nos quedaba otra opción y si no le decíamos ahora, ¿cuándo lo haríamos?. Cuanto más tardásemos en decirles la verdad sería peor para ellos, no estaría bien estarles ocultando algo que debían de saber. Esto ha sido lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos. – Respondió Naruto antes de girarse y salir al pasillo para ir a prepararse un baño dejando a Sasuke llorando en la habitación de los pequeños para que se calmase.

Sasuke miró a sus hijos dormidos sobre la cama que cada uno ocupaba para limpiarse las lágrimas derramadas mientras pensaba lo dicho por su marido y que era lo mejor para sus pequeños el saber ya la verdad. Con un último suspiro, Sasuke abandonó la alcoba para dirigirse a su habitación donde se sumergió bajo las mantas de su cama que rápidamente lo hicieron viajar al mundo de Morfeo.

La mañana llegó con el cantar de los gallos y Gaara se había acercado con su familia a la casa de Naruto, donde Sai llevaba una cesta llena de comida, y sus tres hijos buscaron rápidamente a los niños que vivían en la casa para jugar ya que se quedarían junto a Itachi, Sasuke, Kushina mientras que ellos tres, -Gaara, Minato y Naruto-, irían en busca de aquellas personas que predicaban el abuso del monarca antes de cometer actos vandálicos que quedaban muy lejos de una memorable hazaña.

Minato y Naruto llevaban capuchas para que no los reconocieran con tanta facilidad los guardas de la ciudad u otras personas que caminaban cerca de ellos.

Gaara condujo a los dos hombres hacia el Este, donde los edificios se aglomeraban pareciendo que cada edificio hubiera sido puesto a la fuerza y los colores oscuros de sus sucias paredes provocaban el desagrado de la persona que lo observaba, haciéndolo un lugar sombrío.

Las calles de esa zona de la ciudad de La Hoja eran estrechas y los altos edificios proporcionaban sombra y oscuridad que beneficiaban a los malhechores que se ocultaban en aquel sitio. Impidiendo que los rayos del sol tocasen el maltrecho suelo adoquinado al mediodía, justo cuando el sol alcanzaba la cúspide de la bóveda celeste.

Un perro viejo y enfermo apareció frente a los tres hombres y al verlos aulló desganado antes de terminar de cruzar la callejuela con el rabo entre las patas, tan deprisa como la cojera que sufría el animal en una de sus patas traseras le permitió.

– No parece que en este lugar haya más que animales y mendigos. ¿Estás seguro qué aquí se encuentra uno de los líderes de un grupo?. – Inquirió Minato mirando el lugar por el que el perro se había marchado.

– No dudes de mi palabra, yo soy alguien honesto. – Escupió Gaara mordazmente a Minato. – El hombre al que buscamos por estas calles se llama Hidan, tiene un gran número de seguidores y por lo que escuché, el hombre viste como un monje. Si convencemos a Hidan, convenceremos a todas esas personas que lo siguen.

– ¿Cómo sabes tanto de ese hombre?. – Preguntó Naruto ante los datos que le ofrecía su amigo.

– No sé todo sobre ese hombre, solo conozco lo que la guardia habla sobre él. Al parecer, ha dado muchos problemas en la ciudad y si entras en cualquier taberna, escucharas a los guardias discutir molestos por los disturbios que ha cometido las personas que lo siguen. De igual manera, escucharas otras personas que lo alaban como si fuese un rey. – Respondió Gaara de no muy buena gana.

– Entiendo, ese hombre se ha vuelto importante. – Farfulló Minato.

– Así es, si logramos convencerlo será más sencillo para nosotros el que otros hombres y grupos se unan. – Repuso Gaara.

Los tres hombres continuaron caminando por las calles de la ciudad hasta que escucharon improperios gritados a pleno pulmón que denigraban la función que ejercía la guardia y la forma en que gobernaba Orochimaru.

Naruto, Gaara y Minato se dirigieron al lugar de donde procedían aquellos gritos para encontrarse a un hombre de pelo blanco subido sobre una caja de madera y vestido de monje, el cual era quien daba aquellos aullidos en su discurso para el grupo de personas que los estaban escuchando con expectación.

Debido a la gran cantidad de personas que parecían hipnotizadas por el discurso grosero del orador, Minato, Naruto y Gaara tuvieron que esperar a que terminaran para poder acercarse al hombre y poder hablar con él.

Sin embargo, tampoco le fue fácil a los tres hombres el acercarse al desconocido, muchas de las personas se le acercaron para hablarle, elogiarle su discurso recién dado o entregarles alimentos que no dudó en aceptar.

– ¡Buen día!. – Saludó Gaara sin mostrar ninguna floritura, como habían hecho el resto de personas que se habían aproximado al orador, lo que provocó que el desconocido cerrase sus párpados dejando una fina línea en sus ojos para escrutarlos rigurosamente, sin molestarse a devolverles el saludo. – ¿Queríamos conocer si erais Hidan?.

– ¿Tengo obligación de responderos, señores?. – Inquirió con recelo el desconocido. – No os he visto en mi vida y vuestras altaneras formas de hablar, me es molesta.

– Estamos buscando a Hidan, tenemos asuntos importantes que deseamos tratar con él. – Intervino Minato amablemente en un intento de mostrar que no eran personas peligrosas.

– ¿Y de qué se trata de esos asuntos?. – Inquirió el orador.

– Como he dicho, son asuntos importantes que solo podemos tratar con el señor Hidan en un lugar apropiado, no deseamos que alguien mal avenido moleste o escuche lo que tenemos que tratar. Así que compréndanos, señor, que no podemos revelarle nada a nadie si no se trata del señor Hidan. – Repuso inmediatamente Minato.

– Está bien. – Respondió el desconocido. – Vayamos a otro lugar y por cierto, me estáis buscando a mí, yo soy Hidan pero os advierto que como se trate de una trampa o un desdén a mi persona lo pagareis con creces. – Advirtió Hidan antes de llamar a un mozuelo para indicarle que cogiera y guardase toda la comida que le habían regalado sus seguidores antes de llevar a Minato, Gaara y Naruto a un lugar en el que podrían hablar con tranquilidad y sin preocuparse de que hubiese alguien escuchándolos.

Hidan encendió tres velas que puso sobre la mesa en la que se sentó y estaba en el interior de un oscuro sótano de una de las casas de aquella zona de la ciudad.

El aire cargado, indicaban la escasa ventilación que había en el sótano que no parecía tener más utilidad que para secretas reuniones debido a la enorme mesa de madera de sauce que imperaba en el centro de la habitación.

– Ya podéis empezar a decirme a que habéis venido y que son esos asuntos importantes que deseáis tratar conmigo. No tengo mucho tiempo para ofreceros porque pronto deberé orar a Dios y continuar con mi predicado para ayudar a las gentes del reino. – Ordenó impaciente Hidan.

– No pretendemos hacerle perder el tiempo, señor, solo nos gustaría tener vuestro apoyo a lo que vamos a proponerle aunque no habría motivos para que usted rechazase nuestras palabras. – Indicó Minato con modestia.

– Pues comenzad de una vez, no soy un hombre paciente. – Demandó con curiosidad el orador.

– Sabemos que usted está intentando hacerle conocer al pueblo de que está sufriendo abusos por parte del rey Orochimaru y, al mismo tiempo, ha intentado llamar la atención del monarca del reino con diversos actos que solo han provocado la opresión de los guardas de la ciudad con las pobres gentes. – Comenzó a contar Naruto.

– Es cierto, no niego que he intentado por diferentes medios hacerle ver a rey la opresión que está ejerciendo sobre sus propios súbditos. Intento consolar a los desesperados hombres con mis palabras y darles esperanzas, cada vez les pido que manifiesten su descontento para que logren la ayuda a sus suplicas. El rey tiene que responsabilizarse de sus súbditos y no mostrar el despotismo con el que está matando a las pobres gentes de este reino. – Repuso Hidan golpeando con ira la mesa y escupiendo cada palabra como si le estuviera quemando la boca.

– Por la liberación del dominio abusivo que está sufriendo las gentes del reino, queremos su ayuda y apoyo, señor Hidan. –  Dijo Gaara con seriedad.

– Si se trata de salvar a los humildes hombres de este reino, no tendré objeción. – Afirmó Hidan sin signos de dudas en su voz. – Soy un monje del monasterio de Las Calmas, mi obligación es con Dios y mi encomiendo es ayudar a los hombres que han caído en su miseria. – Confesó con orgullo en su voz.

– Nosotros pretendemos ir al castillo para contarle al rey Orochimaru su injusto comportamiento para sus súbditos pero debido a la hostilidad de los guardias reales, se nos hará imposible el poder presentarnos ante su majestad para hacerle saber del sufrimiento de su pueblo. – Intervino Minato con elocuencia. – Necesitamos su ayuda para reunir los suficientes hombres que nos permita entrar al castillo para encontrarnos con el rey Orochimaru.

– Sería una tarea difícil para tres hombres el pedir una audiencia con su majestad, puesto que la guardia real no permite el ingreso al castillo a nadie que no sea noble. – Añadió Gaara.

– Os comprendo y os ayudaré. Si es esa vuestra intención, estoy en acuerdo, quiero que el rey conozca que está haciendo con sus súbditos a como dé lugar si está siendo desconocedor de la situación de su reino. – Aseguró Hidan con una sonrisa. – Hoy contaré a los hombres, mujeres y donceles sobre vosotros y vuestra idea. También hablaré con otras personas que me ayudan a hacerle entender a las gentes de esta ciudad sobre las injusticias que están padeciendo pero debido a que mis deberes como monje me impiden ayudaros más de lo que quisiera, debéis de ser vosotros los que habléis con Hayate. Lo encontrareis en la Plaza Del Granjero. Decidle qué vais de mi parte y contarle todo lo que me habéis contado a mí, no dudará en unirse a vuestra propuesta. – Les indicó Hidan.

Después de que los tres hombres tuvieran el apoyo del monje, fueron en busca del hombre que les había indicado para encontrarlo predicando a un pequeño grupo de personas en medio de la gente que se había acercado a comprar alimentos o utensilios.

El día transcurrió rápido para Naruto, Gaara y Minato en el que recorrieron gran parte de la ciudad convenciendo a varios predicadores de que se les unieran y así, poder formar su ejército con el que entrar al castillo real.

Gaara se quedó a cenar antes de marcharse con su familia a su casa, despidiéndose de su amigo y prometiendo que al día siguiente volvería para continuar ayudándoles a convencer a los líderes de los grupos que aún le faltaban por convencer y cuyos nombres le habían sido otorgados.

Naruto había terminado de asearse y entró a la alcoba donde se encontró a Sasuke cociendo una camisa en la mecedora.

Sin embargo, antes de que Naruto pudiese acercarse para darle un beso en la frente a Sasuke, este levantó la mirada paralizando al hombre.

– ¿Ocurrió algo, Sasuke?, puedo ver la preocupación en tus ojos. – Habló Naruto.

– Estoy así por los niños. – Respondió afligido el doncel.

– ¿Los niños?. – Repitió mientras se sentaba en la cama.

– Ayer en la noche cuando le contaste la verdad, estaban tan afectados que pensé que hoy iban a comportarse recelosos con Minako o conmigo pero no ha sido así. Me preocupa su comportamiento. – Confesó Sasuke. – Además, Minako le preguntó a Itachi si tenía dos padres.

– Pienso que estás agravando la situación y no deberías de preocuparte tanto. Ya suponía que se lo dirían a la niña, es normal que los niños se lo hayan dicho a Minako y esta corriera a preguntarle a su madre. – Opinó Naruto. – Pero si quieres, puedo hablar con ellos a solas, puede que como yo fui quien les contó la verdad, sería preferible para ellos hablar conmigo.

– No, no. Yo ya hablé con ellos, le pedí que me dijeran si había algo que no comprendían o le molestase.

– ¿Y qué te dijeron?. – Quiso saber Naruto.

– Me dijeron que se lo habían dicho a Minako y que si tú, ahora, no podías seguir siendo su padre porque no querían otro padre que no fueras tú. Creo que piensas que te vas a marchar aunque les aclaré que no ibas a irte y que siempre serías su padre. – Dijo Sasuke. – Naruto, ¿hicimos mal en contarles la verdad a nuestros hijos?.

– No hicimos mal, fue lo correcto pero no deja de ser una verdad cruel y dura. – Contestó Naruto. – Ellos son fuertes, sé que pronto se acostumbrarán, solo hay que darles tiempo.

– Naruto, gracias. – Agradeció Sasuke sintiéndose mejor al escuchar las palabras de su marido.

– No me agradezcas, es la verdad pero Sasuke… – Llamó a su esposo para mirarlo a los ojos. – Ya sabes que lo de contar con nuestros propio ejército está en proceso y… y yo quiero que ni tú, ni madre y mucho menos Asahi y Haruto estén en esta ciudad porque todo podría empeorar ese día que vayamos al castillo para enfrentarnos a ese miserable.

– Naruto, no me pidas que me marche de esta ciudad porque no tengo a donde ir y ¿que podríamos hacer nosotros sin ti?, ¿si tú no vuelves?. – Repuso el doncel levantándose de la mecedora para ir a ponerse frente a su  marido.

– Ni siquiera lo pienses. Volveré, debes de estar seguro, yo regresaré a buscaros. – Se apresuró a afirmar el hombre. – Quiero que vayas con madre y los niños hasta las ruinas del lugar en el que vivías y ahí, me esperes para partir. También esperarán ahí tu hermano, con Minako y Sai, con sus hijos a que todos volvamos.

– Ahora, ahora no quiero que hagas esto por mí, prefiero que te quedes a nuestro lado a que arriesgues tu vida intentando cumplir una venganza que no te pertenece. – Murmuró Sasuke. – Yo ya no quiero vengarme, no quiero volver a sentirme solo y culpable de haberte inmiscuido en problemas como he estado sintiendo estos siete años y medio. – Confesó para sentir como su rostro era cogido por las cálidas manos de Naruto antes de que los labios de su marido se unía a los suyos con dulzura.
– Ya es muy tarde para pronunciar esas palabras. – Susurró Naruto para volver a besar a Sasuke. – Muy tarde. – Repitió para darle un besó más intenso a su consorte.

Naruto se levantó lentamente del mueble en el que estaba sentado para poder besar mejor a Sasuke mientras que sus manos descendieron en una suave caricia por el cuerpo del doncel a medida que los tímidos labios de Sasuke recordaban el olvidado contacto.

Sasuke no pudo resistirse a tomar con sus manos la camisa que llevaba puesta Naruto, a medida que viejas sensaciones recorrían su cuerpo con aquel beso que cada vez parecía quemarle más sus labios y su corazón aceleraba sus latidos.

Naruto se separó cortando el gentil beso para mirar a su consorte que mostraba un sonrojo en su rostro acompañado de la respiración agitada por la sencilla caricia.

– Hace tanto tiempo… – Murmuró Naruto sobre los labios de Sasuke, dejando que el vapor de su aliento golpeara los labios contrarios.

– Naruto… – Fue lo único capaz de decir Sasuke antes de recostar su cabeza sobre uno de los hombros de su cónyuge para cerrar los ojos con fuerza ante las placenteras sensaciones que le había hecho sentir Naruto y aún le cosquilleaban sobre sus labios.

Naruto inhaló el aroma que desprendía su esposo, cerrando sus ojos y dejar que sus sentimientos e instintos actuasen.

Poco a poco, Naruto descendió hasta llegar a la blanca piel del cuello de Sasuke en la que comenzó a repartir un millar de castos besos al igual que sus manos se movían con cuidado, recordando aquellas líneas que formaban el cuerpo del doncel y suaves suspiros escaparon de la boca de Sasuke.

El doncel solo disfrutaba de aquellos gentiles y castos cariños que Naruto le ofrecía pero que le hacía sentir pequeñas descargas eléctricas que viajaban por el interior de su cuerpo indicándole lo confortable que eran aquellos arrumacos.

Las manos del hombre pronto quisieron sentir la piel de su esposo y con cuidado se internaron bajo las ropas de Sasuke para sentir el calor de aquella blanca piel.

– Sasuke… – Llamó Naruto a su esposo. – Sasuke, mírame… por favor… – Pidió como una súplica que logró concebir su deseo al sentir como el doncel abandonaba su hombro para mirarlo y, en ese momento, poder estrellar sus labios en los contrarios para comenzar un nuevo beso.

Sasuke no opuso resistencia al beso y abrió un poco su boca para dejar salir su lengua, la cual acarició con vergüenza los labios de Naruto que al sentir la humedad de la lengua del damisel, también dejó salir su propia lengua para lamer con parsimonia los labios de su esposo que se internó con cuidado en la boca de Sasuke.

Las dos lenguas no tardaron en comenzar el lento y cuidadoso baile que poco a poco fue aumentando el ritmo, aumentando el gozo que podían sentir con el amoroso beso, el cual parecía rozar la lujuria.

Las manos de Naruto continuaban sus lentas caricias por el cuerpo de su amado hasta que sintió como Sasuke se estremeció cuando sus pulgares acariciaron sus pezones con un poco de fuerza aportándole más agradables sensaciones cuando Naruto decidió dejar sus manos jugar en los rosas pezones cubiertos por las telas que cubrían el cuerpo del doncel.

Sin embargo, el besó terminó con la misma sutileza y lentitud con la que se había iniciado en la que Naruto le mostraba a su esposo el respeto y el amor que sentía hacia él.

– Naruto… – Nombró Sasuke al sentir como las manos de su marido dejaban su torso y sus pezones para viajar hasta su cintura donde se anclaron sin hacerle daño alguno.

– Deja que te ame, Sasuke. Deja que te muestre que mis sentimientos no han cambiado en absoluto hacia ti. A pesar de los años transcurridos, sin haber estado conviviendo en matrimonio, mi amor se ha hecho más grande a cada día que pasaba sin verte, sin estar a tu lado. Solo deja que mi amor hable a través de mi cuerpo. – Suplicó Naruto a su esposo antes de guiarlo hasta la cama donde sin palabras y solo con su cristalina mirada le pedía a Sasuke que se sentara, lo cual hizo sin poder cortar aquel contacto visual con el hombre.

Sasuke soltó la camisa de su marido y llevó sus manos en una caricia a la cara de Naruto tocando la aspereza que la corta barba rubia le hacía sentir en su mano provocándole un agradable cosquilleo hasta llegar a la suavidad del cabello que había añorado palpar. Sasuke sumergió sus manos en el espeso pelo dorado hasta que encontró el fuerte y ancho cuello de su marido donde entrelazó sus dedos sin despegar el contacto con la nuca que empujó para volver a sentir el contacto de los labios de Naruto en un beso.

El hombre siguió a los labios cuando sintió que el cuerpo del doncel se recostaba sobre el lecho y no deseaba que el contacto se terminara porque cuando Sasuke yacía sobre el colchón de la cama dejó que su boca se abriera, dejando que las lenguas se volviesen a encontrar y nuevamente volvieran a danzar.

Los brazos de Naruto reposaban a cada lado de la cabeza de su consorte sintiendo como las manos en su nuca deshacían su unión para hundirse acariciar su cabeza igual a un peine los dedos de Sasuke se hundían en el pelo de Naruto que, de vez en cuando, dejaban caer la palma de la mano sobre la cabeza del hombre para presionar un poco en un intento de que fundirse el uno con el otro.

Cuando el beso terminó, Naruto acarició la sonrojada mejilla derecha de Sasuke mientras que con su mirada le intentaba decir cuan era grande su amor hacía él.

Un poco inseguro, Naruto abandonó la mejilla de su amado para llevarla hasta el lateral externo de la pierna de Sasuke para acariciar el muslo con lentitud en un rictus que hacía que el camisón que portaba el doncel comenzar a subir para encontrar la ropa interior de su esposo.

Sasuke no dijo nada al saber que pretendía hacer su marido porque él había vuelto a capturar aquellos labios para gozar de otro beso mientras sentía como la mano conseguía su objetivo y comenzaba a tironear de su ropa interior hasta que consiguió que dejara su puesto cayendo por sus delgadas piernas.

El hombre deshizo el beso sacando un jadeó del doncel que le hizo sonreír pero Naruto tenía la intención de hacerle sentir un gozo a su esposo cuando se retiró de sobre el cuerpo de Sasuke para descubrir el erguido pene del doncel que no dudó en tragar.

Sasuke no pudo reprimir lo jadeos ante la oleada de placer que su marido le proporcionaba cada vez que ascendía y tragaba su sexo. Cada vez que la lengua de Naruto rozaba su miembro y cada vez que los dientes de aquel hombre que lo estaba sometiendo rozaban la sensible piel de su pene, que sin poder soportarlo más el clímax lo abordó haciéndole que arquera su espalda sus manos apresaran las mantas bajo su cuerpo y de sus labios solo aflorara un gemido con el nombre de Naruto.

Naruto se retiró con lentitud, casi como si no quisiera hacerlo después de haber tragado los fluidos de Sasuke para lamer sus dedos antes de llevarlos con cuidado a aquel hueco que se encontraba bajo el sexo de Sasuke.

El doncel con la respiración agitada observaba al hombre que llevó su primer digito al interior de aquel hueco haciéndole sentir la molestia que acontecía el sentirse como lo hurgaban  pero que comenzó a olvidar cuando su marido volvió a acercarse a su rostro para besarlo.

Poco a poco, Naruto sentía como Sasuke se relajaba su cuerpo gracias al bezo  y como aquel estrecho agujero se ensanchaba lo suficiente para introducir el segundo dedo y, finalmente, el tercero que logró sacar gemidos del doncel que fueron ahogas en la garganta de Naruto.

El hombre contó el beso para poder liberar su excitado pene de sus ropas, abrió lo más posible las piernas de Sasuke antes de comenzar a hundirse en el doncel lentamente y con cuidado mientras escuchaba como su esposo ahogó un grito al mismo tiempo que su cuerpo volvía a erguirse mientras aquel pene lo invadía.

– ¿Estás bien…? – Preguntó Naruto volviendo a ponerse sobre el cuerpo de Sasuke y comenzar a darle besos sin poder detener la invasión en aquel cálido y estrecho orificio.

– S-sí, es que hace mucho… – Respondió Sasuke al sentir como su marido terminaba de penetrarlo para detenerse.

Naruto gruñó antes de llevar su boca a la contraria y dar comienzo a un beso nuevo como si con ello, su esposo consiguiera calmar la molestia pero que si logró que Sasuke se relajara y fue entonces cuando Naruto comenzó a salir de Sasuke con la misma lentitud que lo había penetrado para volver a invadirlo.

El hombre cortó el beso cuando el doncel había comenzado a removerse de placer y soltar jadeos de su boca para poderlo oír mientras que sus envestidas cada vez eran más rápidas y fuertes logrando que ambos llegaran al éxtasis y sus sexos explotaran.

Con un poco de torpeza y despacio Naruto salió del interior de Sasuke para colocar sus ropas aunque se despojó de su manchada camisa y esconder su virilidad entre ellas antes de ayudar a su esposo en ponerle la ropa interior que yacía en el suelo y colocarle bien el camisón.

Luego, Naruto ayudó a Sasuke a recostarse bien en la cama en la que dormían y cobijarse con las mantas antes de apagar las velas con un soplido y abrazar a su esposo para que los dos viajaran juntos al mundo de Morfeo.


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