-Ofensiva.-
Sai se
removió un poco incómodo sobre su asiento debido a que ya llevaban un buen rato
mirándolo con intensidad y él no estaba acostumbrado a ser el centro de
atención.
– ¿He
dicho algo indebido?. – Preguntó Sai mirando a su marido porque nadie parecía
querer hablar y el silencio no le gustaba.
– ¿¡Qué
si has dicho algo indebido!?. – Repitió Gaara la pregunta con escepticismo. –
Sai, acabas de asegurar que podríamos tener un ejército. Un ejército capaz de
hacer frente a la guardia real. – Indicó Gaara antes de golpear con fuerza la
mesa que asustó a su hijo en brazos de su madre. – ¿Cómo has podido engendrar
esa conjetura?.
– ¡Gaara,
cálmate!. Estás asustando a tu hijo. – Le recordó Naruto a su amigo ya que
había gritado su cuestionamiento asustando al bebé.
–
¿Acaso no has oído?. – Inquirió Gaara a su amigo con enojo.
– Por
supuesto que he escuchado las palabras de Sai pero no tienes que comportarte
como una bestia. – Respondió Naruto en un intento de apaciguar el enfado de su
amigo. – Sé que son graves las palabras de tu esposo y que para formar un
ejército es necesario tener dinero y poder. Condiciones que no poseemos pero
que aún, si las tuviésemos, no resolvería esta situación, ¿qué ganaríamos
enfrentado al rey?.
– Lo
castigaríamos como merece. – Habló Sasuke impetuosamente con sus puños
apretados y captando toda la atención de los presentes. – Ese hombre debería de
verter su sangre como ha derramado la sangre de otras personas, es un mezquino
que no merece la corona que se le ha puesto sobre su cabeza.
– El
que quieras verlo, al igual que sus víctimas, no te va a satisfacer. Sé que
estás dolido a causa de la verdad pero los hombres no somos los que tenemos que
decidir la vida o la muerte. – Intervino Minato. – Puedo entender vuestros sufrimiento al
conocer el nombre del asesino de vuestros padres pero si tuviésemos la
oportunidad de acabar con la vida de ese detestable hombre, nuestro esfuerzo no
tendría sentido porque los nombres que manchó con sus deshonestas intenciones,
el sufrimiento causado y la sangre derramada por el camino que lo llevaban a su
meta, no habrá valido la pena. No si solo será un hombre que murió a manos de
un desconocido sin que el hablase claramente frente a su pueblo de sus sucias
mañas para lograr ser rey y someter bajo su yugo a todos los habitantes del
Reino del Fuego. – Explicó Minato, haciéndole entender a los presentes lo que
supondría la muerte de Orochimaru en la posterioridad. – Lo mejor que podríamos
hacer es marcharnos de estas tierras hacia un lugar en el que podamos vivir en
paz.
El
silencio pareció volver a gobernar el lugar y a los presentes, al igual que el
enfado y la decepción.
– No
es justo. – Murmuró los suficientemente alto Itachi con frustración haciendo
añicos el silencio.
– ¿Ya
os habéis rendido sin siquiera haberlo intentado?. – Preguntó Kushina
mientras miraba a todos los presentes. –
Sé que el rey Orochimaru es una persona cruel y no ha tenido clemencia con sus
súbditos y aunque no estoy de acuerdo en enfrentarnos a ese detestable hombre
por poner la felicidad de mis nietos frente a mí. Aún menos, deseo que mi hijo,
el padre de mis nietos, sea un cobarde. Naruto, no importa cuántas dificultades
puedas estimar o si hay más personas que puedan seguirte a tu propósito pero
tendrías que saber que lo más importante será que tus hijos te recuerden con
orgullo y dignidad. No como un miserable que no se inmutó para guardar la mesura
perdida de su consorte. – Declaró Kushina mirando a su hijo con severidad. –
Haz sentir orgullo a tu esposo y a tus hijos, Naruto. Has que esta anciana te
vea aún más brillante que una moneda de un Kage.
–
¿¡Está loca, Kushina!?. – Se sobresaltó Gaara al escuchar la perorata de la
mujer. – ¿Por qué ha cambiado tan pronto su opinión?, ¿es qué no le importa que
su hijo pueda morir?. Como madre de Naruto, debería de sopesar más sus palabras
y no dar apoyo a un suicidio porque ha eso está mandado a su hijo.
–
Gaara, calla. – Ordenó Naruto mirando a su amigo antes de mirar a su madre. –
Te entiendo madre y si no he hablado antes de ti es porque te anticipaste. Sé
que mi vida es lo que puedo perder pero no tiene importancia si consigo liberar
a Sasuke del profundo dolor que ha sentido desde antes que lo conociera y le ha
impedido disfrutar de la felicidad que lo rodea. – Dijo Naruto recordado todo lo vivido junto a
Sasuke y como este, hasta en ese momento, parecía tener dificultades para
aceptar que sentía un amor tan inmenso al suyo hacia él. – Si hay una sola
oportunidad de enfrentarse a Orochimaru, yo la acogeré sin titubear.
–
¡Naruto, tú también!. – Exclamó Gaara llevándose las manos a la cabeza mientras
se preguntaba por qué Sai había dicho lo que parecía haberse convertido en un
remolino que arrastraba a todos hacia las profundidades de la demencia.
– No
lo hagas. – Espetó Minato mirando a Naruto seriamente. – No resolverás nada, no
conseguirás nada. Esa venganza no tiene sentido aunque sea para intentar
contentar a tu esposo y madre. Después, solo quedará la consciencia y tu
remordimiento. No estás preparado para enfrentarte a ese traicionero hombre,
Naruto.
– No
me trates como si fuese un niño imprudente, Minato. – Contestó Naruto. – Sé que
no es lo mismo que hurtar, sé que la gravedad es mayor porque, posiblemente,
mis manos se vean manchadas de esa sucia sangre pero si este reino estuviera en
plena guerra en estos momentos, el monarca no dudaría en venir hasta aquí para
que formara parte de sus tropas de batalla al ver que ya tengo un hijo varón.– Le recordó a todos los presentes aunque
Naruto estaba mirando a Minato. – ¿Es qué no es el mismo crimen?. Estoy
consciente de que tendré que cargar con la muerte a mis hombros ya sea porque
no pueda hacer nada para evitar un combate o porque sea mi vida la que
desaparezca.
–
Naruto… – Susurró Sasuke con preocupación.
– Ya
soy perseguido por culpa de Orochimaru al limpiar sus malvados actos sobre
nuestra espalda, Minato. ¿No deseas hacer pagar por lo qué te ha hecho?, ¿por
lo acaecido a tu señor?. Entonces, deja de huir e intentemos hacer algo al
respecto. No escondas el rabo entre las patas como un perro apaleado como has
hecho hasta ahora, es momento de mostrarle a tu hija y a ese doncel, que eres
alguien que está dispuesto a todo por ellos. – Afirmó Naruto señalando a Itachi
que observaba con asombro la riña entre los hombres.
Las
palabras de Naruto hicieron que un pequeño silencio se formara, en el que
Minato parecía pensar lo dicho por el dueño de la casa.
–
Tienes razón. Debería de ser yo el que tendría que estar seguro y adelantarme
en busca de hacerle justicia a mi maestro, el liberar el dolor de Itachi pero
el estado en el que nos encontramos… el saber que puede que sea lo último que
haga en mi vida, me provoca reconsiderarlo. – Se justificó Minato con sopesar.
– Si realmente pudiéramos tener una gran cantidad de hombres a nuestra
disposición sería posible el aventurarnos en intentar llegar a Orochimaru y
reducirlo para que confesará. – Sopesó llevándose una mano al mentón. – Está
bien, mostraré que mi alma también alberga coraje y fuerzas para afrontar a
Orochimaru.
–
¡Sois unos inconscientes!. – Soltó Gaara estupefacto antes formaba una sonrisa
en sus labios. – Os estáis dejando llevar por el calor que os ha provocado las
palabras de Kushina y Sai pero yo no puedo dejar que te enfrentes a la muerte,
Naruto. Así que puedes contar conmigo porque pondrías tu cuello al filo de una
espada sin pensar por un instante en poder evitarlo. Además, que todo esto se
debe en parte a mi esposo, debo de responsabilizarme de lo que pueda ocurrirte.
–
Gracias, Gaara. Sé que puedo confiar en ti pero no tienes porque hacerlo. –
Agradeció Naruto.
– No,
no digas más. Ya te he dicho que tengo que responsabilizarme de lo que mi
consorte diga. – Insistió Gaara. – Iré y mostraré que los martillos sirven para
algo más que moldear el hierro candente.
– Me
siento orgullosa de vosotros, muchachos. – Confesó Kushina. – Os estáis
comportando como los hombres que se espera de vosotros. Puedo afirmar que no
veo niños sino valerosos hombres.
–
Deberías tener más confianza en nosotros, mujer. – Habló Minato.
– Sai,
¿podrías contarnos como piensas qué podemos formar un ejército?. – Preguntó
Naruto mirando al doncel que mecía al bebé entre sus brazos para que se
durmiera ya que había dejado de sollozar.
–
Podéis tener un ejército con los grupos de amotinados. – Afirmó Sai. – Esas
personas dicen querer hacer cambiar la situación que estamos padeciendo en el
Reino del Fuego. También, proclaman el mal hacer por el rey Orochimaru y
escudan sus actos en forma de protesta hacia los abusos del nuestro monarca y a
la gente parece estar apoyando a estos grupos, a pesar de todos los disturbios
que han generado. – Explicó Sai. – Pienso que si todos esos grupos se unieran
formando uno solo, serían lo suficientemente grande como para hacerle frente a
la guardia del rey Orochimaru, al igual, que sería necesario convencerlos de
que se unifiquen y estén de acuerdo en un asalto al castillo del monarca para
que vosotros podías entrar y conseguir llegar hasta donde se encuentre el rey.
– Sai,
lo que has tramado en tu cabeza es sorprendente. – Alabó Itachi mostrando el
asombro en su rostro.
–
Tiene razón, es un plan increíble para poder entrar en el castillo. Incluso, me
sorprenda que haya sido un doncel al que se le haya ocurrido esta estrategia. –
Apoyó Minato tan sorprendido como el resto de los presentes. – Pero aún nos
quedaría el problema de convencer a los diferentes grupos y personas que forman
los disturbios.
– Esa
es una de las menores de las dificultades, tendremos que convencer a toda esa
gente de tener el mismo objetivo en común cuando cada grupo defiende sus
propios propósitos y sin recordar, que tenemos el problema de vuestras
identidades. Si sois reconocidos, nadie dudaría en entregaros a la guardia en
espera de cobrar la recompensa que ofrecen por vuestras cabezas. Recordando que
muchas personas os culpan de haber asesinado al anterior monarca y por ello,
tenemos que soportar los abusos del rey Orochimaru. – Advirtió Gaara.
– Si
vamos a necesitar que esas personas confíen en nosotros sería mejor que
supieran de un principio quiénes somos y pedir que nos escuchen para que
comprendan que nosotros somos inocentes. – Aportó Naruto.
– Eso
no funcionará, amigo. Son muchas las penurias por la que está pasando el reino.
Esas personas no accederán a escucharte, sería mejor que no mostraras tu
rostro. – Consideró Gaara.
Los
hombres continuaron hablando sobre el tema de cómo convencer a la gente de que
se unan a su causa mientras que los donceles y Kushina, se levantaron de la
mesa para ir a la cocina donde comenzaron a preparar el almuerzo. Sai decidió
ir al patio para observar a los niños jugando, inconscientes de los que podría
ocurrir con los adultos en los siguientes días futuros.
Ese
día, en el que Gaara y Sai junto a sus hijos lo pasaron en la casa de Naruto,
habían conseguido formar un plan para enfrentarse al actual monarca del Reino
del Fuego y cuyo procedimiento, comenzarían a ejecutar al día siguiente.
Sasuke
había terminado de asear a sus hijos y los estaba arropando a cada uno en su
cama cuando Naruto entró a la habitación que ocupaban los gemelitos.
–
¡Padre!. – Llamó Haruto para recibir una sonrisa del mayor antes de sentir un
beso sobre su frente.
Asahi
también recibió un beso en su frente con tanto cariño como el de su hermano.
Después, Naruto se sentó en una silla entre las camas, obligando a Sasuke, no
solo a permanecer en la alcoba, sino también a sentarse sobre sus piernas.
–
Niños, hay algo que quiero contaros antes de que os durmáis. – Dijo Naruto
sintiendo como su esposo se removió inquieto sobre sus piernas, intuyendo lo
que su marido le iba a contar a los pequeños.
– ¿Nos
vas a contar un cuento?. – Preguntó con esperanzas Asahi.
– No,
yo quiero oír más sobre los desiertos del Reino del Ave y como luchaste con un
oso en los bosques del Reino de la Hierba. – Pidió Haruto en un intento que su
padre le volviese a narrar sus vivencias en los otros reinos.
–
Podría volveros a narrar esas aventuras pero esto es primordial para vosotros.
Me gustaría decir que lo que os quiero contar es un cuento pero no es así, lo
que os voy a hablaros es real. – Afirmó Naruto.
–
Naruto, ¿tienes que decirles ahora?. Ellos son muy pequeños aún y… – Intentó
Sasuke persuadir a su marido para que no le contara la verdad que le dolía, por
lo que podría implicarle a ellos.
–
Decidimos que lo contaríamos, este es el mejor momento. – Le susurró Naruto a
Sasuke haciéndole entender de que había una gran probabilidad de no hacerlo en
otra ocasión por lo que recibió un suspiro de su marido como respuesta. – Hace
mucho, muchos años atrás… – Y Naruto comenzó a relatarle a sus hijos, que
escuchaban atentamente cada una de sus palabras, los lazos que unían con él,
Minato y Minako como si les estuviese relatando un cuento. – ¿Lo habéis
entendido?. – Preguntó al finalizar su relato a sus hijos, los cuales parecían
estar razonando la pregunta mientras que sus rostros mostraban expresiones
compungidas.
– No
me gusta esta historia. – Habló Asahi. – Es fea y no me gusta.
– No
todas las historias son bonitas, Asahi. – Respondió Sasuke para abrazar al niño
que había comenzado a llorar al sentir los brazos de su madre rodearlo.
–
¿Prima Minako y padre son hermanos?. – Preguntó Haruto a su padre, a lo que
Naruto asintió con su cabeza. – Entonces, prima Minako ya no es prima de
nosotros. – Razonó Haruto. – Y… padre ya no es padre.
– No,
no es así exactamente, Haruto. Minako sigue siendo tu prima porque Itachi es el
hermano de Sasuke pero no importa que Minako y yo tengamos el mismo padre, eso
no cambiará nada con todo nosotros. – Intentó explicar Naruto. – Yo siempre
seré vuestro padre.
–
Pero… no me gusta. No quiero que… padre tenga el mismo padre que prima Minako.
– Dijo el niño para comenzar a llorar. – Yo quiero… que prima Minako sea prima
Minako y… padre sea padre. – Expresó Haruto.
–
Haruto… – Naruto nombró el nombre de su hijo con dulzura mientras lo abrazaba.
– No
quiero… no quiero… – Lloró el niño al igual que su gemelo hasta que los dos
cayeron agotados por el sueño.
– No
debiste contarles, Naruto. – Murmuró Sasuke comenzando a llorar. – Ahora… ¿qué
ocurrirá?.
–
Sasuke, no nos quedaba otra opción y si no le decíamos ahora, ¿cuándo lo
haríamos?. Cuanto más tardásemos en decirles la verdad sería peor para ellos,
no estaría bien estarles ocultando algo que debían de saber. Esto ha sido lo
mejor que podemos hacer por nuestros hijos. – Respondió Naruto antes de girarse
y salir al pasillo para ir a prepararse un baño dejando a Sasuke llorando en la
habitación de los pequeños para que se calmase.
Sasuke
miró a sus hijos dormidos sobre la cama que cada uno ocupaba para limpiarse las
lágrimas derramadas mientras pensaba lo dicho por su marido y que era lo mejor
para sus pequeños el saber ya la verdad. Con un último suspiro, Sasuke abandonó
la alcoba para dirigirse a su habitación donde se sumergió bajo las mantas de
su cama que rápidamente lo hicieron viajar al mundo de Morfeo.
La
mañana llegó con el cantar de los gallos y Gaara se había acercado con su
familia a la casa de Naruto, donde Sai llevaba una cesta llena de comida, y sus
tres hijos buscaron rápidamente a los niños que vivían en la casa para jugar ya
que se quedarían junto a Itachi, Sasuke, Kushina mientras que ellos tres, -Gaara,
Minato y Naruto-, irían en busca de aquellas personas que predicaban el abuso
del monarca antes de cometer actos vandálicos que quedaban muy lejos de una
memorable hazaña.
Minato
y Naruto llevaban capuchas para que no los reconocieran con tanta facilidad los
guardas de la ciudad u otras personas que caminaban cerca de ellos.
Gaara
condujo a los dos hombres hacia el Este, donde los edificios se aglomeraban
pareciendo que cada edificio hubiera sido puesto a la fuerza y los colores
oscuros de sus sucias paredes provocaban el desagrado de la persona que lo
observaba, haciéndolo un lugar sombrío.
Las
calles de esa zona de la ciudad de La Hoja eran estrechas y los altos edificios
proporcionaban sombra y oscuridad que beneficiaban a los malhechores que se
ocultaban en aquel sitio. Impidiendo que los rayos del sol tocasen el maltrecho
suelo adoquinado al mediodía, justo cuando el sol alcanzaba la cúspide de la
bóveda celeste.
Un
perro viejo y enfermo apareció frente a los tres hombres y al verlos aulló
desganado antes de terminar de cruzar la callejuela con el rabo entre las patas,
tan deprisa como la cojera que sufría el animal en una de sus patas traseras le
permitió.
– No
parece que en este lugar haya más que animales y mendigos. ¿Estás seguro qué
aquí se encuentra uno de los líderes de un grupo?. – Inquirió Minato mirando el
lugar por el que el perro se había marchado.
– No
dudes de mi palabra, yo soy alguien honesto. – Escupió Gaara mordazmente a
Minato. – El hombre al que buscamos por estas calles se llama Hidan, tiene un
gran número de seguidores y por lo que escuché, el hombre viste como un monje.
Si convencemos a Hidan, convenceremos a todas esas personas que lo siguen.
–
¿Cómo sabes tanto de ese hombre?. – Preguntó Naruto ante los datos que le
ofrecía su amigo.
– No
sé todo sobre ese hombre, solo conozco lo que la guardia habla sobre él. Al
parecer, ha dado muchos problemas en la ciudad y si entras en cualquier taberna,
escucharas a los guardias discutir molestos por los disturbios que ha cometido
las personas que lo siguen. De igual manera, escucharas otras personas que lo
alaban como si fuese un rey. – Respondió Gaara de no muy buena gana.
–
Entiendo, ese hombre se ha vuelto importante. – Farfulló Minato.
– Así
es, si logramos convencerlo será más sencillo para nosotros el que otros
hombres y grupos se unan. – Repuso Gaara.
Los
tres hombres continuaron caminando por las calles de la ciudad hasta que
escucharon improperios gritados a pleno pulmón que denigraban la función que
ejercía la guardia y la forma en que gobernaba Orochimaru.
Naruto,
Gaara y Minato se dirigieron al lugar de donde procedían aquellos gritos para
encontrarse a un hombre de pelo blanco subido sobre una caja de madera y
vestido de monje, el cual era quien daba aquellos aullidos en su discurso para
el grupo de personas que los estaban escuchando con expectación.
Debido
a la gran cantidad de personas que parecían hipnotizadas por el discurso
grosero del orador, Minato, Naruto y Gaara tuvieron que esperar a que
terminaran para poder acercarse al hombre y poder hablar con él.
Sin
embargo, tampoco le fue fácil a los tres hombres el acercarse al desconocido,
muchas de las personas se le acercaron para hablarle, elogiarle su discurso recién
dado o entregarles alimentos que no dudó en aceptar.
–
¡Buen día!. – Saludó Gaara sin mostrar ninguna floritura, como habían hecho el
resto de personas que se habían aproximado al orador, lo que provocó que el
desconocido cerrase sus párpados dejando una fina línea en sus ojos para
escrutarlos rigurosamente, sin molestarse a devolverles el saludo. – ¿Queríamos
conocer si erais Hidan?.
–
¿Tengo obligación de responderos, señores?. – Inquirió con recelo el
desconocido. – No os he visto en mi vida y vuestras altaneras formas de hablar,
me es molesta.
–
Estamos buscando a Hidan, tenemos asuntos importantes que deseamos tratar con
él. – Intervino Minato amablemente en un intento de mostrar que no eran personas
peligrosas.
– ¿Y
de qué se trata de esos asuntos?. – Inquirió el orador.
– Como
he dicho, son asuntos importantes que solo podemos tratar con el señor Hidan en
un lugar apropiado, no deseamos que alguien mal avenido moleste o escuche lo
que tenemos que tratar. Así que compréndanos, señor, que no podemos revelarle
nada a nadie si no se trata del señor Hidan. – Repuso inmediatamente Minato.
– Está
bien. – Respondió el desconocido. – Vayamos a otro lugar y por cierto, me
estáis buscando a mí, yo soy Hidan pero os advierto que como se trate de una
trampa o un desdén a mi persona lo pagareis con creces. – Advirtió Hidan antes
de llamar a un mozuelo para indicarle que cogiera y guardase toda la comida que
le habían regalado sus seguidores antes de llevar a Minato, Gaara y Naruto a un
lugar en el que podrían hablar con tranquilidad y sin preocuparse de que
hubiese alguien escuchándolos.
Hidan
encendió tres velas que puso sobre la mesa en la que se sentó y estaba en el
interior de un oscuro sótano de una de las casas de aquella zona de la ciudad.
El
aire cargado, indicaban la escasa ventilación que había en el sótano que no
parecía tener más utilidad que para secretas reuniones debido a la enorme mesa
de madera de sauce que imperaba en el centro de la habitación.
– Ya
podéis empezar a decirme a que habéis venido y que son esos asuntos importantes
que deseáis tratar conmigo. No tengo mucho tiempo para ofreceros porque pronto
deberé orar a Dios y continuar con mi predicado para ayudar a las gentes del
reino. – Ordenó impaciente Hidan.
– No
pretendemos hacerle perder el tiempo, señor, solo nos gustaría tener vuestro
apoyo a lo que vamos a proponerle aunque no habría motivos para que usted
rechazase nuestras palabras. – Indicó Minato con modestia.
– Pues
comenzad de una vez, no soy un hombre paciente. – Demandó con curiosidad el
orador.
–
Sabemos que usted está intentando hacerle conocer al pueblo de que está
sufriendo abusos por parte del rey Orochimaru y, al mismo tiempo, ha intentado
llamar la atención del monarca del reino con diversos actos que solo han
provocado la opresión de los guardas de la ciudad con las pobres gentes. –
Comenzó a contar Naruto.
– Es
cierto, no niego que he intentado por diferentes medios hacerle ver a rey la
opresión que está ejerciendo sobre sus propios súbditos. Intento consolar a los
desesperados hombres con mis palabras y darles esperanzas, cada vez les pido
que manifiesten su descontento para que logren la ayuda a sus suplicas. El rey
tiene que responsabilizarse de sus súbditos y no mostrar el despotismo con el
que está matando a las pobres gentes de este reino. – Repuso Hidan golpeando
con ira la mesa y escupiendo cada palabra como si le estuviera quemando la
boca.
– Por
la liberación del dominio abusivo que está sufriendo las gentes del reino,
queremos su ayuda y apoyo, señor Hidan. –
Dijo Gaara con seriedad.
– Si
se trata de salvar a los humildes hombres de este reino, no tendré objeción. –
Afirmó Hidan sin signos de dudas en su voz. – Soy un monje del monasterio de
Las Calmas, mi obligación es con Dios y mi encomiendo es ayudar a los hombres
que han caído en su miseria. – Confesó con orgullo en su voz.
–
Nosotros pretendemos ir al castillo para contarle al rey Orochimaru su injusto
comportamiento para sus súbditos pero debido a la hostilidad de los guardias
reales, se nos hará imposible el poder presentarnos ante su majestad para
hacerle saber del sufrimiento de su pueblo. – Intervino Minato con elocuencia.
– Necesitamos su ayuda para reunir los suficientes hombres que nos permita entrar
al castillo para encontrarnos con el rey Orochimaru.
–
Sería una tarea difícil para tres hombres el pedir una audiencia con su
majestad, puesto que la guardia real no permite el ingreso al castillo a nadie
que no sea noble. – Añadió Gaara.
– Os
comprendo y os ayudaré. Si es esa vuestra intención, estoy en acuerdo, quiero que el rey conozca que está haciendo con sus súbditos a como dé lugar si está
siendo desconocedor de la situación de su reino. – Aseguró Hidan con una
sonrisa. – Hoy contaré a los hombres, mujeres y donceles sobre vosotros y
vuestra idea. También hablaré con otras personas que me ayudan a hacerle
entender a las gentes de esta ciudad sobre las injusticias que están padeciendo
pero debido a que mis deberes como monje me impiden ayudaros más de lo que
quisiera, debéis de ser vosotros los que habléis con Hayate. Lo encontrareis en
la Plaza Del Granjero. Decidle qué vais de mi parte y contarle todo lo que me habéis
contado a mí, no dudará en unirse a vuestra propuesta. – Les indicó Hidan.
Después
de que los tres hombres tuvieran el apoyo del monje, fueron en busca del hombre
que les había indicado para encontrarlo predicando a un pequeño grupo de
personas en medio de la gente que se había acercado a comprar alimentos o
utensilios.
El día
transcurrió rápido para Naruto, Gaara y Minato en el que recorrieron gran parte
de la ciudad convenciendo a varios predicadores de que se les unieran y así,
poder formar su ejército con el que entrar al castillo real.
Gaara
se quedó a cenar antes de marcharse con su familia a su casa, despidiéndose de
su amigo y prometiendo que al día siguiente volvería para continuar ayudándoles
a convencer a los líderes de los grupos que aún le faltaban por convencer y
cuyos nombres le habían sido otorgados.
Naruto
había terminado de asearse y entró a la alcoba donde se encontró a Sasuke
cociendo una camisa en la mecedora.
Sin
embargo, antes de que Naruto pudiese acercarse para darle un beso en la frente
a Sasuke, este levantó la mirada paralizando al hombre.
–
¿Ocurrió algo, Sasuke?, puedo ver la preocupación en tus ojos. – Habló Naruto.
–
Estoy así por los niños. – Respondió afligido el doncel.
– ¿Los
niños?. – Repitió mientras se sentaba en la cama.
– Ayer
en la noche cuando le contaste la verdad, estaban tan afectados que pensé que
hoy iban a comportarse recelosos con Minako o conmigo pero no ha sido así. Me
preocupa su comportamiento. – Confesó Sasuke. – Además, Minako le preguntó a
Itachi si tenía dos padres.
–
Pienso que estás agravando la situación y no deberías de preocuparte tanto. Ya
suponía que se lo dirían a la niña, es normal que los niños se lo hayan dicho a
Minako y esta corriera a preguntarle a su madre. – Opinó Naruto. – Pero si
quieres, puedo hablar con ellos a solas, puede que como yo fui quien les contó
la verdad, sería preferible para ellos hablar conmigo.
– No,
no. Yo ya hablé con ellos, le pedí que me dijeran si había algo que no
comprendían o le molestase.
– ¿Y
qué te dijeron?. – Quiso saber Naruto.
– Me
dijeron que se lo habían dicho a Minako y que si tú, ahora, no podías seguir
siendo su padre porque no querían otro padre que no fueras tú. Creo que piensas
que te vas a marchar aunque les aclaré que no ibas a irte y que siempre serías
su padre. – Dijo Sasuke. – Naruto, ¿hicimos mal en contarles la verdad a nuestros
hijos?.
– No
hicimos mal, fue lo correcto pero no deja de ser una verdad cruel y dura. –
Contestó Naruto. – Ellos son fuertes, sé que pronto se acostumbrarán, solo hay
que darles tiempo.
–
Naruto, gracias. – Agradeció Sasuke sintiéndose mejor al escuchar las palabras
de su marido.
– No
me agradezcas, es la verdad pero Sasuke… – Llamó a su esposo para mirarlo a los
ojos. – Ya sabes que lo de contar con nuestros propio ejército está en proceso
y… y yo quiero que ni tú, ni madre y mucho menos Asahi y Haruto estén en esta
ciudad porque todo podría empeorar ese día que vayamos al castillo para
enfrentarnos a ese miserable.
–
Naruto, no me pidas que me marche de esta ciudad porque no tengo a donde ir y ¿que
podríamos hacer nosotros sin ti?, ¿si tú no vuelves?. – Repuso el doncel
levantándose de la mecedora para ir a ponerse frente a su marido.
– Ni
siquiera lo pienses. Volveré, debes de estar seguro, yo regresaré a buscaros. –
Se apresuró a afirmar el hombre. – Quiero que vayas con madre y los niños hasta
las ruinas del lugar en el que vivías y ahí, me esperes para partir. También
esperarán ahí tu hermano, con Minako y Sai, con sus hijos a que todos volvamos.
–
Ahora, ahora no quiero que hagas esto por mí, prefiero que te quedes a nuestro
lado a que arriesgues tu vida intentando cumplir una venganza que no te
pertenece. – Murmuró Sasuke. – Yo ya no quiero vengarme, no quiero volver a
sentirme solo y culpable de haberte inmiscuido en problemas como he estado
sintiendo estos siete años y medio. – Confesó para sentir como su rostro era
cogido por las cálidas manos de Naruto antes de que los labios de su marido se
unía a los suyos con dulzura.
– Ya
es muy tarde para pronunciar esas palabras. – Susurró Naruto para volver a
besar a Sasuke. – Muy tarde. – Repitió para darle un besó más intenso a su
consorte.
Naruto
se levantó lentamente del mueble en el que estaba sentado para poder besar
mejor a Sasuke mientras que sus manos descendieron en una suave caricia por el
cuerpo del doncel a medida que los tímidos labios de Sasuke recordaban el
olvidado contacto.
Sasuke
no pudo resistirse a tomar con sus manos la camisa que llevaba puesta Naruto, a
medida que viejas sensaciones recorrían su cuerpo con aquel beso que cada vez
parecía quemarle más sus labios y su corazón aceleraba sus latidos.
Naruto
se separó cortando el gentil beso para mirar a su consorte que mostraba un
sonrojo en su rostro acompañado de la respiración agitada por la sencilla
caricia.
– Hace
tanto tiempo… – Murmuró Naruto sobre los labios de Sasuke, dejando que el vapor
de su aliento golpeara los labios contrarios.
–
Naruto… – Fue lo único capaz de decir Sasuke antes de recostar su cabeza sobre
uno de los hombros de su cónyuge para cerrar los ojos con fuerza ante las
placenteras sensaciones que le había hecho sentir Naruto y aún le cosquilleaban
sobre sus labios.
Naruto
inhaló el aroma que desprendía su esposo, cerrando sus ojos y dejar que sus
sentimientos e instintos actuasen.
Poco a
poco, Naruto descendió hasta llegar a la blanca piel del cuello de Sasuke en la
que comenzó a repartir un millar de castos besos al igual que sus manos se
movían con cuidado, recordando aquellas líneas que formaban el cuerpo del doncel
y suaves suspiros escaparon de la boca de Sasuke.
El
doncel solo disfrutaba de aquellos gentiles y castos cariños que Naruto le
ofrecía pero que le hacía sentir pequeñas descargas eléctricas que viajaban por
el interior de su cuerpo indicándole lo confortable que eran aquellos arrumacos.
Las
manos del hombre pronto quisieron sentir la piel de su esposo y con cuidado se
internaron bajo las ropas de Sasuke para sentir el calor de aquella blanca
piel.
–
Sasuke… – Llamó Naruto a su esposo. – Sasuke, mírame… por favor… – Pidió como
una súplica que logró concebir su deseo al sentir como el doncel abandonaba su
hombro para mirarlo y, en ese momento, poder estrellar sus labios en los
contrarios para comenzar un nuevo beso.
Sasuke
no opuso resistencia al beso y abrió un poco su boca para dejar salir su
lengua, la cual acarició con vergüenza los labios de Naruto que al sentir la
humedad de la lengua del damisel, también dejó salir su propia lengua para
lamer con parsimonia los labios de su esposo que se internó con cuidado en la
boca de Sasuke.
Las
dos lenguas no tardaron en comenzar el lento y cuidadoso baile que poco a poco
fue aumentando el ritmo, aumentando el gozo que podían sentir con el amoroso
beso, el cual parecía rozar la lujuria.
Las
manos de Naruto continuaban sus lentas caricias por el cuerpo de su amado hasta
que sintió como Sasuke se estremeció cuando sus pulgares acariciaron sus
pezones con un poco de fuerza aportándole más agradables sensaciones cuando
Naruto decidió dejar sus manos jugar en los rosas pezones cubiertos por las
telas que cubrían el cuerpo del doncel.
Sin
embargo, el besó terminó con la misma sutileza y lentitud con la que se había
iniciado en la que Naruto le mostraba a su esposo el respeto y el amor que
sentía hacia él.
–
Naruto… – Nombró Sasuke al sentir como las manos de su marido dejaban su torso
y sus pezones para viajar hasta su cintura donde se anclaron sin hacerle daño
alguno.
– Deja
que te ame, Sasuke. Deja que te muestre que mis sentimientos no han cambiado en
absoluto hacia ti. A pesar de los años transcurridos, sin haber estado
conviviendo en matrimonio, mi amor se ha hecho más grande a cada día que pasaba
sin verte, sin estar a tu lado. Solo deja que mi amor hable a través de mi
cuerpo. – Suplicó Naruto a su esposo antes de guiarlo hasta la cama donde sin
palabras y solo con su cristalina mirada le pedía a Sasuke que se sentara, lo
cual hizo sin poder cortar aquel contacto visual con el hombre.
Sasuke
soltó la camisa de su marido y llevó sus manos en una caricia a la cara de
Naruto tocando la aspereza que la corta barba rubia le hacía sentir en su mano
provocándole un agradable cosquilleo hasta llegar a la suavidad del cabello que
había añorado palpar. Sasuke sumergió sus manos en el espeso pelo dorado hasta
que encontró el fuerte y ancho cuello de su marido donde entrelazó sus dedos
sin despegar el contacto con la nuca que empujó para volver a sentir el
contacto de los labios de Naruto en un beso.
El
hombre siguió a los labios cuando sintió que el cuerpo del doncel se recostaba
sobre el lecho y no deseaba que el contacto se terminara porque cuando Sasuke
yacía sobre el colchón de la cama dejó que su boca se abriera, dejando que las
lenguas se volviesen a encontrar y nuevamente volvieran a danzar.
Los
brazos de Naruto reposaban a cada lado de la cabeza de su consorte sintiendo
como las manos en su nuca deshacían su unión para hundirse acariciar su cabeza
igual a un peine los dedos de Sasuke se hundían en el pelo de Naruto que, de
vez en cuando, dejaban caer la palma de la mano sobre la cabeza del hombre para
presionar un poco en un intento de que fundirse el uno con el otro.
Cuando
el beso terminó, Naruto acarició la sonrojada mejilla derecha de Sasuke
mientras que con su mirada le intentaba decir cuan era grande su amor hacía él.
Un
poco inseguro, Naruto abandonó la mejilla de su amado para llevarla hasta el
lateral externo de la pierna de Sasuke para acariciar el muslo con lentitud en
un rictus que hacía que el camisón que portaba el doncel comenzar a subir para
encontrar la ropa interior de su esposo.
Sasuke
no dijo nada al saber que pretendía hacer su marido porque él había vuelto a
capturar aquellos labios para gozar de otro beso mientras sentía como la mano
conseguía su objetivo y comenzaba a tironear de su ropa interior hasta que
consiguió que dejara su puesto cayendo por sus delgadas piernas.
El
hombre deshizo el beso sacando un jadeó del doncel que le hizo sonreír pero
Naruto tenía la intención de hacerle sentir un gozo a su esposo cuando se
retiró de sobre el cuerpo de Sasuke para descubrir el erguido pene del doncel
que no dudó en tragar.
Sasuke
no pudo reprimir lo jadeos ante la oleada de placer que su marido le
proporcionaba cada vez que ascendía y tragaba su sexo. Cada vez que la lengua
de Naruto rozaba su miembro y cada vez que los dientes de aquel hombre que lo
estaba sometiendo rozaban la sensible piel de su pene, que sin poder soportarlo
más el clímax lo abordó haciéndole que arquera su espalda sus manos apresaran
las mantas bajo su cuerpo y de sus labios solo aflorara un gemido con el nombre
de Naruto.
Naruto
se retiró con lentitud, casi como si no quisiera hacerlo después de haber
tragado los fluidos de Sasuke para lamer sus dedos antes de llevarlos con
cuidado a aquel hueco que se encontraba bajo el sexo de Sasuke.
El
doncel con la respiración agitada observaba al hombre que llevó su primer
digito al interior de aquel hueco haciéndole sentir la molestia que acontecía
el sentirse como lo hurgaban pero que
comenzó a olvidar cuando su marido volvió a acercarse a su rostro para besarlo.
Poco a
poco, Naruto sentía como Sasuke se relajaba su cuerpo gracias al bezo y como aquel estrecho agujero se ensanchaba
lo suficiente para introducir el segundo dedo y, finalmente, el tercero que
logró sacar gemidos del doncel que fueron ahogas en la garganta de Naruto.
El
hombre contó el beso para poder liberar su excitado pene de sus ropas, abrió lo
más posible las piernas de Sasuke antes de comenzar a hundirse en el doncel
lentamente y con cuidado mientras escuchaba como su esposo ahogó un grito al
mismo tiempo que su cuerpo volvía a erguirse mientras aquel pene lo invadía.
– ¿Estás
bien…? – Preguntó Naruto volviendo a ponerse sobre el cuerpo de Sasuke y
comenzar a darle besos sin poder detener la invasión en aquel cálido y estrecho
orificio.
– S-sí,
es que hace mucho… – Respondió Sasuke al sentir como su marido terminaba de
penetrarlo para detenerse.
Naruto
gruñó antes de llevar su boca a la contraria y dar comienzo a un beso nuevo
como si con ello, su esposo consiguiera calmar la molestia pero que si logró
que Sasuke se relajara y fue entonces cuando Naruto comenzó a salir de Sasuke
con la misma lentitud que lo había penetrado para volver a invadirlo.
El
hombre cortó el beso cuando el doncel había comenzado a removerse de placer y
soltar jadeos de su boca para poderlo oír mientras que sus envestidas cada vez
eran más rápidas y fuertes logrando que ambos llegaran al éxtasis y sus sexos
explotaran.
Con un
poco de torpeza y despacio Naruto salió del interior de Sasuke para colocar sus
ropas aunque se despojó de su manchada camisa y esconder su virilidad entre
ellas antes de ayudar a su esposo en ponerle la ropa interior que yacía en el
suelo y colocarle bien el camisón.
Luego,
Naruto ayudó a Sasuke a recostarse bien en la cama en la que dormían y
cobijarse con las mantas antes de apagar las velas con un soplido y abrazar a
su esposo para que los dos viajaran juntos al mundo de Morfeo.
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