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miércoles, 17 de abril de 2019

Y esa fue la primera vez que...

» Los personajes no me pertenecen y no hay intenciones de lucro al escribir esta corta historia.«
Manga/Anime:Naruto/Naruto shippuden
Para mayores de 14 años.
Clasificado: Yaoi
Pareja: Hashirama Senju /Madara Uchiha
Género: Romance, terror.
Aclaración: Escribí esta pequeña historia después de leer el manga donde explicaban la historia de como se conocieron Hashirama y Madara, tambien a como consecuencia de una charla con Kallenparms, una gran amiga y autora de algunos fanfic en la que nos retamos para escribir sobre estos dos personajes.  Ella también escribió sobre ellos como una continuación o adosamiento  de esta historia. Anteriormente, lo había publicado en Amor Yaoi.



Las estaciones pasaban deliberadamente para cualquier persona de aquella época en la que las guerras y el terror de morir ante el filo de una espada de algún samurái o los shuriken lanzados por ninjas en mitad de sus asombrosos combates era el pan de cada día con lo que cualquier campesino o comerciante que vivía en aquellas tierras tenía que acostumbrarse.

Sin embargo, para los shinobis eran prácticamente desapercibidos el cambio de estaciones o el tipo de frutas o vegetales que comían en cada temporada del año. Ellos habían nacido como guerreros, habían sido criados para ser asesinos en nombre de la venganza, el honor al clan al que pertenecían y obedecer las órdenes del líder regente.

En el mundo ninja no había distinción entre niños, adolescentes o adultos para convertirse en un miembro útil que pudiese acabar con el enemigo sin importar el tipo de sentimientos que poseía esa persona en lo más profundo de su corazón porque solo se había convencido a sí mismos de tener que obedecer y cumplir las órdenes dadas, esa era su prioridad.

El haber nacido dentro del mundo shinobi con un destino incierto y duro en el que sentir esa sensación agridulce en la boca después de haber puesto en práctica lo enseñado frente a tu rival, teniendo como consecuencia el derramamiento de sangre  ya lo conocía muy bien Hashirama.

Tan solo contaba con trece años pero juzgaba que su padre detallaba en su discurso, como si fuese un hecho bien sabido y un aliciente para todos los que lo escuchaban en ese instante, no tenía ningún sentido para él porque no comprendía cómo podía haber gloria al ver como un niño moría, como podía un hombre sentirse orgulloso de haber acabado con la existencia de un crío solo por tener entre sus manos un kunai que automáticamente lo definía como su enemigo y es que esa era la horrible vida que tenía que soportar día tras día. Un mundo que más de ser justo, era monstruoso.

Su hermano Itama había sido una víctima más de las fauces que poseía el mundo shinobi en ese día y un el agudo dolor que punzaba en su pecho no ayudaba en saber que su hermano era miembro de un clan ninja, que había tendido que enfrentarse a desconocidos que lo creyeron peligroso por tener un cuchillo entre sus manos, a pesar de que no cumpliría los ocho años hasta dentro de dos meses, Itama era para el mundo un enemigo, un shinobi que no dudaría en derramar la sangre de sus atacantes, olvidando que se trataba tan solo de un niño cuyas habilidades aún eran insignificantes.

La pequeña caja en la que el menor de los hermanos de Hashirama se encontraba para descansar eternamente, se terminó de sepultar y nada de lo que había estado escuchando decir a su padre, mientras la tierra se amontonaba para cubrir el recipiente en el que estaba el cuerpo de Itama, le hacía sentir mejor. Nada de lo que murmuraban las gentes de su clan sobre el orgullo de un ninja tenía sentido para Hashirama y eso, solo lo enfurecía un poco más.

Cansado de tener que comportarse como le decía su familia, Hashirama decidió desaparecer sigilosamente del lugar en busca de un momento de calma en el que pudiese expresar su dolor como él deseaba y no como su padre le indicaba que tenía que comportarse un shinobi del clan Senju porque necesitaba ser él. Necesitaba mostrar que era humano y en su interior alberga infinidad de sentimientos más allá que la venganza o la satisfacción de haber actuado como debía.

Hashirama no tardó en llegar frente al río y miró a su alrededor para comprobar que estaba solo, sintiéndose mejor al confirmar de que no había nadie que pudiera reñirlo o sorprenderlo para poder dejar caer sus silenciosas lágrimas mientras miraba el curso del agua del río sin percatarse de que era observado por unos ojos negros ocultos detrás de unos arbusto.

Madara había estado esperando a Hashirama para sorprenderlo y darle un susto, como uno de sus tantos juegos pero decidió permanecer oculto al comprobar que su amigo no estaba comportándose con normalidad porque parecía desesperado.

Madara decidió salir de su escondrijo cuando se percató de que el cuerpo de Hashirama había dejado de convulsionarse por culpa del llanto, del que estaba seguro haber escuchado un leve sollozo, e intentar animar al chico que poco a poco se estaba ganando un espacio en su corazón.

– ¡Ey! Hace mucho que no venías. – Dijo con voz entusiasta Madara aunque era consciente de que en ese momento, Hashirama debió de haberse percatado de su presencia desde hacía rato y no lo había hecho salir del lugar en el que se ocultaba. – ¿A ocurrido algo?. – Preguntó con preocupación al otro chico que parecía no querer hablar sobre lo que lo tenía tan deprimido en esos momentos.

– No, nada. – Había contestado Hashirama con tristeza, pues no deseaba hablar de lo ocurrido.

Sin embargo, el diálogo entre los jóvenes no tardó en iniciarse gracias a la insistencia de Madara para que Hashirama confesara lo que lo tenía de aquel humor, lo cual logró y aunque los chicos comenzaron hablando de lo doloroso que era el perder a un familiar por culpa de una hostilidad que no comprendían, mucho menos, el  motivo del por qué debían de implicar a niños, terminaron cambiando sus palabras para hablar sobre su sueño de construir un lugar en el que los niños no tuviesen que ir a las guerra o morir en batallas, podrían sonreír despreocupadamente sin peligros.

Cuando el sol comenzó a ocultarse, los dos muchachos se despidieron para verse al siguiente día en ese lugar que se había convertido en su campo de entrenamiento,  donde practicaban su puntería en medio del juego de lanzar pequeñas rocas con la intención de alcanzar la orilla del otro lado mientras la piedra revota sobre la superficie del río y reían pensando en lo hermoso que sería cumplir su sueño de formar una aldea para proteger a los niños de un destino tan cruel.

Ambos adolescentes habían convertido el día a día de ir hasta aquella parte del río en una necesidad de ver al contrario y donde sus lazos comenzaron a fortalecerse poco a poco a cada día que pasaba, sin que ellos mismos se diesen cuenta de lo que estaba brotando en sus corazones.

Sin embargo, ninguno de los dos chicos se percató de que habían sido seguidos y espiados por alguien de sus propios clanes y para cuando se percataron de ello, ya era tarde.

Sus progenitores le dieron, no solo la orden de sacarle información al contrario con la escusa de ayudar a su clan, sino también de acabar con la vida del otro pero ninguno de los adultos se percató del error que habían cometido al ordenar eso a su respectivo hijo.

Hashirama y Madara se dirigieron al lugar en el que se reunían con preocupación porque no sabían el por qué le hacía daño el pensar que el otro dejara de existir pero eran conscientes que su única oportunidad de salvar a su amigo estaba en ese momento en sus manos y en las habilidades de cada uno.

Hashirama vio como Madara aparecía frente a él en la orilla contraria del río y sonrió un poco inseguro antes de sacar de entre sus ropas la piedra con el mensaje oculto. De igual manera, Madara sostenía entre sus manos su propia piedra en la que, también, había escrito en la roca con ayuda de un kunai la palabra “Corre” para poner en sobre aviso a su compañero de que le habían seguido ninjas de su propio clan.

Se miraron a los ojos e intercambiaron algunas palabras con algo de nerviosismo antes de lanzar sus piedras como acostumbraban a hacer en señal de saludo y cada piedrecilla revotó sobre el agua del río que los separaba hasta llegar a las manos del contrario.

A pesar de su asombro de encontrarse con un mensaje similar al escrito, leyeron los grabados en la piedra que sostenían en sus manos con inquietud, ninguno de los dos jóvenes lo mostró en su rostro y manteniendo la calma ambos dieron una disculpa demasiado simple para marcharse del lugar.

Tanto Madara como Hashirama, emprendieron una carrera de huida por el mismo sendero que habían ido hasta llegar a ese río sin saber que en el río habían dejado frente a frente a sus padres junto a sus hermanos pequeños.

Madara había corrido tanto como sus piernas y chakra le permitían hasta llegar a la cima del acantilado en la que terminaba hablando con Hashirama sobre sus anhelos de un mundo sin muertes y camarería entre shinobis ya que no le apetecía volver hasta donde se encontraba su clan.

– ¡Hashirama!. – Gritó el nombre de su amigo al verlo salir de unos arbustos frente a él antes de formar una sonrisa a pesar de que estaba agotado.

– ¡Madara!. – También gritó Hashirama agradecido de ver a Madara vivo.

Los dos chicos ampliaban poco a poco su sonrisa antes de terminar carcajeándose al comprobar que el contrario estaba perfectamente.

– Lo siento, no sabía que me habían puesto un espía. – Se disculpó Hashirama.

– Yo tampoco, no creí que tuviésemos que terminar así. – Confesó Madara.

– ¿Crees que estarán bien?. – Preguntó Hashirama mientras se sentaba en el suelo pero su compañero no respondió. – Creo que no deberíamos continuar viéndonos, es peligroso. No quiero que por mi culpa te hieran. – Murmuró comenzando a deprimirse como ya le era costumbre mientras que Madara se acercaba a él.

– No tanto, ya deberías de estar acostumbrado. – Regañó Madara un poco sonrojado por lo que había dicho su compañero. – ¡Y deja de deprimirte!, ¡era de esperar que alguien terminara siguiéndonos!. – Exclamó la obviedad a la que se expusieron.

– Los siento, no puedo evitarlo. – Respondió rascándose la nuca mientras sonreía nerviosamente.

– Sin duda, tu punto débil es que te deprimes fácilmente. Me cuesta creer que seas un ninja del clan Senju. – Se mofó Madara antes de sentarse a un lado de Hashirama.

– No seas tan cruel, sabes que no lo puedo evitar. – Contestó Hashirama. – Al menos, yo no soy un Uchiha demasiado sensible que ni siquiera pueda mear cuando hay alguien a su espalda. ¿Estás seguro que eres un Uchiha?

– ¡Idiota, deja búrlate de mí!. – Gritó mientras se abalanzaba sobre Hashirama para comenzar un enfrentamiento.

Algunos saltos acompañados de patadas y puñetazos, gritos que solo emitían sonrisas y emoción en los jóvenes rostros de los chicos indicaban que habían olvidado lo que tan solo había ocurrido unos minutos atrás.

Ambos jóvenes terminaron su pelea recostados sobre el suelo, con una sonrisa en los labios y la respiración agitada debido al agotamiento.

– Ojalá ya fuéramos adultos y estuviera formado ese lugar. Nuestra aldea. – Murmuró Madara. – No quiero tener que enfrentarme a ti solo porque pertenezcas al clan Senju y yo al clan Uchiha, eres alguien importante para mí. – Confesó mientras las mejillas se le coloreaban de carmín.

– Yo tampoco quiero enfrentarme a ti. – Susurró Hashirama mirando a su compañero antes de levantar su espalda del suelo rocoso y quedar sentado. – No quiero seguir viendo como gente importante para mí sigue muriendo. No quiero ver como los niños mueren, no está bien que ocurra esto.

El silencio volvió a instalarse entre ellos, solo para sentir la suave brisa remover sus cabellos y ropas.

– Madara. – Llamó repentinamente Hashirama para ponerse de pie. – Hagamos una promesa.

– ¿¡Eh…!? ¿Qué tipo de promesa?. – Inquirió Madara confundido mientras también se levantaba del suelo para estar a la altura de su compañero.

Hashirama estiró su brazo derecho con el puño cerrado mientras formaba una sonrisa.

– Prometamos que haremos realidad nuestro sueño, que construiremos un lugar en el que los niños sean protegidos y no tengan que morir. – Aclaró Hashirama con seguridad.

Madara miró el puño de Hashirama y luego miró al chico para sonreír antes de estirar su brazo derecho y juntar su puño al de Hashirama.

– Prometido. – Sonrió con soberbia Madara.

– Y este será el lugar en el que cumpliremos nuestro sueño. – Indicó Hashirama mientras el contacto de su puño con el de Madara se deshacía. – Entonces, Senju y Uchiha seremos un mismo clan. – Dijo agrandando su sonrisa y mostrando su blanca dentadura.

Madara no pudo evitar sorprenderse y que su cuerpo en un acto involuntario diera un pequeño salto mientras se giraba con las mejillas coloradas ante las palabras que había pronunciado Hashirama.

– ¡Idiota!, no digas ese tipo de cosas tan repentinamente. – Regañó Madara mientras miraba el suelo y apretaba sus puños sintiendo como su rostro ardía y su corazón tamborileaba frenéticamente en el interior de su pecho.

– Pero es la verdad, no quiero combatir contigo. Quiero que estemos juntos, que siempre seamos amigos. – Farfulló deprimidamente Hashirama que se había acuclillado mientras se abrazaba las piernas con fuerza.

Madara giró su cabeza para encontrarse nuevamente a Hashirama en estado abatido, lo cual hizo que cambiara su rostro por uno de incredulidad ante el inesperado cambio de humor de su compañero.

– ¡Deja de deprimirte!. – Gritó Madara. – Ya te he dicho que es molesto ver como cambias tan rápido de ánimos. – Le recordó enfurecido. – Ese es tu punto débil, te deprimes por cualquier circunstancia. – Volvió a repetir.

– Lo siento, lo siento… no lo puedo evitar. – Contestó Hashirama mientras se volvía a poner de pie y mostraba una sonrisa nerviosa ante el enfado que mostraba su amigo.

– Siempre dices lo mismo y siempre acabas haciendo lo mismo, Hashirama.

– Ya te he dicho que no puedo evitarlo, Madara. – Se excusó mientras se llevaba una mano a su cabeza para comenzar a frotarse el pelo. – Lo hago sin darme cuenta. – Rió.

– No tienes remedio. – Suspiró Madara antes de sonreír también. – Si no dejas de deprimirte con facilidad, no podremos cumplir la promesa que acabamos de hacer y proteger a nuestros hermanos en el interior de la aldea que construyamos aquí.

Hashirama miró a su amigo con asombro y se sonrojó al ver como sonreía.

– Tienes razón, intentaré no deprimirme tanto. – Respondió Hashirama.

– Sí, será mejor que regrese. – Contestó.

– Sí. Yo también debo de regresar ya.

Sin embargo, ninguno de los dos chicos se movió del lugar como si esperarán que el contrario tuviera algo más que decirle mientras sus mejillas lucían sonrosadas.

– Será mejor que me marche ya. – Habló Hashirama para pasar apresuradamente a un lado de Madara mientras el corazón le latría fuerte y rápido sin saber el por qué.

– Hashirama, espera un momento. – Farfulló atropelladamente Madara.

Hashirama se detuvo pero no miró al otro chico y sintió como se acercaba a él.

– Hashirama, yo… – Intentó decirle algo Madara pero Hashirama lo interrumpió.


– No sé si mañana podré venir, es posible que sea castigado por lo ocurrido hoy. – Se apresuró a hablar. – He desobedecido la orden de mi clan y seré castigado pero no podía aceptar hacer esa orden.

– Sí… – Habló Madara dejando mostrar la decepción y el nerviosismo en su voz. – Seguramente, tampoco podré venir porque también me castigarán. – Rió con tristeza. – Yo tampoco podía cumplir la orden que me dieron. – Murmuró Madara.

– Adiós. – Se despidió Hashirama para emprender a correr, dirigiéndose a su casa porque no comprendía porque su cuerpo había actuado de una forma extraña junto a su amigo.

Esa fue la primera vez que Hashirama Senju sintió como su rostro le ardía tanto que estaba seguro de que se había sonrojado, que sus manos le sudaban intensamente y sin razón, que no podía detener su nerviosismo y su corazón intentaban salirse de su pecho a cada palabra que Madara pronunciaba porque su estómago parecía contraerse. Esa fue la primera vez que Hashirama Senju conoció lo que era el amor, un amor que iba más allá de la amistad o la fraternidad.

~Fin.~

¿No crees en lugares encantados?

» Los personajes no me pertenecen y no hay intenciones de lucro al escribir esta corta historia.«
Manga/Anime:Naruto/Naruto shippuden
Para mayores de 16 años.
Clasificado: Yaoi
Pareja: Hashirama Senju /Madara Uchiha
Género: Romance, terror.
Aclaración: Este One fue creado para un evento de un grupo de facebook sobre historias de terror y anteriormente, lo había publicado en Amor Yaoi.




No dejaba de mirar la luz titilante de aquella habitación de hospital mientras esperaba que algún familiar llegara a por él ya que su menudo cuerpo paralizado por el horror vivido le había quitado la vitalidad que poseía.

Aún seguía cubierto por las sábanas de la cama en la que se encontraba recostado después de despertar adolorido y descubriendo su menudo cuerpo cubierto de vendajes e incluso, le era imposible ver por uno de sus ojos ya que su rostro también estaba cubierta de vendas.

Sin embargo, los recuerdos volvían a su mente en cortas y veloces fracciones que lo atormentaban, inquietándolo en su lugar y que su pequeña mente procediera a preguntarse si él tenía mala suerte o si acaso era cierto lo que decían todos sus compañeros en el colegio al que asistía de que él siempre estaría solo, quizás todo se debiera a casualidades del destino o, sencillamente, no tenía derecho a vivir feliz con personas que le quisieran.

Sintió su ojo descubierto escocer para acto seguido algunas traicioneras lágrimas escurriera por su rostro empapando el vendaje de su cabeza.

— Otra vez, solo. — Murmuró en un hilo de voz cortada por el llanto que retenía en su garganta para que nadie lo escuchara sollozar.

— Es aquí, señor. — La voz de la enfermera se escuchó después de que un suave “clic” que indicaba el que se abría la puerta de aquella habitación interrumpiera el silencio de la que había en el lugar. — Le reconfortará saber que ha venido y está aquí, ha sido una experiencia dura por lo que ha pasado. — Dijo la enfermera con voz compareciente antes de escucharse nuevamente cerrar la puerta con otro “clic”.

— ¡Ey…! ¿Estás despierto?. — Interrumpió una voz severa el silencio en aquella habitación de hospital. - ¿Sabes lo que te ocurrió?. – Preguntó sin ningún tacto tomando asiento en una de las sillas que habían en la habitación y la cual crujió ante el peso del hombre.

— Sí. — Respondió en un hilo de voz apenas audible el chico sin querer ver la cara de la persona que le hablaba mientras los recuerdos de lo ocurrido volvían a llenar su mente.





— Apresúrate con eso Hashirama o llegaremos tarde. — Exigió el hombre de mirada indiferente mientras subía al automóvil, en el lugar del copiloto. — Deja de jugar con ese maldito aparato. — Regañó mirando al adolescente que estaba sentado en el asiento trasero del automóvil jugando a algún videojuego de aquella pequeña videoconsola. — Te dije que pasaras a cortarte ese cabello, lo llevas demasiado largo. – Reprendió mirando al chico que no dejaba de presionar lo botones de la máquina de juegos con velocidad.

— ¿¡Pero…!? — Iba a replicar cuando escuchó la voz de otro hombre proveniente desde el maletero del vehículo, en el que estaba terminando de acomodar el equipaje.

— Deja que juegue, el trayecto será largo y así irá entretenido durante el viaje. Además, nosotros también tenemos el cabello largo. – Increpó antes de cerrar el maletero escuchando un gruñido del hombre sentado en el asiento del copiloto y la risilla del adolescente. — Tobirama, perdona por pedirte otra vez que me hagas el favor de cuidar la casa pero sabes que eres el único en quien confió para esto.

— No debería de aceptar ya que es la tercera vez en este año que te vas con ese, dejándome a cargo de tus pertenecías. — Acotó con rudeza para mirar hacia donde se encontraba el hombre sentado en el asiento del copiloto. — No debiste dejar a Mito para irte junto a ese Uchiha.

— Tobirama, ya hemos hablado de eso y sabes perfectamente las razones de lo que pasó con Mito, sé que Madara y tú tenéis vuestras diferencias pero, al menos, intenta no ser tan evidente. — Se lamentó mientras se llevaba  una mano a la cabeza con aspecto agotado.

— ¡Hashirama!. — Llamó el hombre que se encontraba esperando ya dentro del vehículo captando la atención de los otros dos.

— ¡Ya voy Madara!. — Le respondió para luego mirar al hombre frente a él. — Bien, te encargo el cuidado de mi casa, hermano, ya sabes que regresaré en una semana. — Le recordó palmeando levemente uno de los hombros de Tobirama antes de dirigirse al vehículo y ocupar el asiento del piloto para arrancar el automóvil.

— ¡Adiós Tobirama!. — Se despidió con cierta burla Madara del albino mientras el automóvil retrocedía para emprender el viaje. – Cuida bien de la casa.

— ¡Muérete, Uchiha!. — Respondió Tobirama en un gruñido para ver como Madara le hacía un gesto obsceno con su mano.

— Cada vez tengo más ganas de romperle la cara al idiota de tu hermano. – Gruñó Madara cerrando el cristal de la puerta.

— Madara… podrías intentar llevarte bien con él. Al menos, por mí. Tobirama es mi hermano, el único que tengo ahora mismo y me gustaría que las personas que quiero se lleven bien entre ellas.  — Murmuró Hashirama mientras conducía el vehículo.

— Ya lo he intentado pero no hay quien pueda agradar a tu hermano, opino que ni el mismo es capaz de soportar su propio reflejo en un espejo. — Afirmó para mirar al asiento trasero. — ¡Obito, deja ya de jugar a esa maldita maquina!.

— Pero si no estoy molestando y Hashirama dijo que… — Se excusaba el adolescente que deseaba continuar jugando a su videojuego.

— Me da igual, te he dicho que ya apagues esa máquina. – Ordenó Madara levantando un poco la voz.

— Madara, cálmate. – Le pidió Hashirama que intentó coger la mano del moreno pero como respuesta tuvo un gruñido de disgusto junto a un manotazo de rechazo provocando que suspirara al saber que el Uchiha ya se había molestado con él.

— Eres demasiado benévolo con él, sabes tan bien como yo que no es bueno que pase jugando a esos juegos casi todo el día. — Recordó comenzando así una discusión en donde Madara reprendía y Hashirama intentaba excusar a Obito que se dedicó a mirar el paisaje por la ventana acostumbrado ya a las discusiones de sus padres adoptivos pero a los que agradecía de tenerlos.

La discusión de Hashriama y Madara duró hasta que se detuvieron en un pequeño restaurante a almorzar antes de continuar con el viaje.

— Ha anochecido. — Murmuró la voz adormilada de Madara que se había dormido unas horas atrás.

— Sí, la pequeña fila de automóviles en la que nos encontramos antes para entrar a la autopista de peaje nos retrasó lo suficiente para que haya anochecido. — Bufó un poco incomodo por estar conduciendo el automóvil por la carretera maltrecha y peligrosa que tenían que atravesar para llegar a su destino. — Es increíble que aún no hagan algo al respecto y tengamos que atravesar esta carretera. — Se quejó Hashirama intentando que el vehículo no se agitase demasiado debido a los socavones que tenía la carretera. — ¿Dormiste bien?.

— Sí. — Bostezó Madara para mirar al asiento trasero donde el adolescente también comenzaba a despertar debido al inevitable balanceo del automóvil.

— ¿Dónde estamos?. — Preguntó Obito un poco desorientado al despertar y solo ver oscuridad que era iluminada por las luces del vehículo que no dejaba de agitarse en su avance por aquella carretera.

— Estamos llegando a Konoha. — Le respondió Hashirama escuetamente. — Pero esta carretera está hecha un desastre, solo espero que no encontremos otro vehículo de frente porque será un problema para pasar ambos. — Suspiró para sentir la mano de Madara en su pierna.

— Si estás cansado puedo conducir yo. — Le recordó al castaño.

— No te preocupes ya estamos llegando solo quedan unos kilómetros y estaremos en Konoha. – Sonrió mientras giraba el volante del automóvil para tomar una curva muy pronunciada. — ¿¡Eh…!? ¿qué es eso?. ¿Un animal?. — Inquirió sorprendido cuando al terminar de girar en la curva las luces del automóvil alumbraron sobre algo que se movía de color blanco.

— Parece una persona. — Murmuró Madara que había entrecerrado sus parpados en un intento de agudizar su visión.

— ¡Es una mujer!. — Gritó Obito levantándose un poco del asiento trasero para señalar a la persona que estaba caminando por la carretera.

— ¡Obito, siéntate!. Te he dicho que es peligroso que hagas eso. – Reprendió Madara ante el acto del adolescente.

A medida que el automóvil se acercaba a la mujer vestida con un traje blanco que caminaba por aquella carretera, se detuvo al apreciar que el vehículo se acercaba a donde se encontraba ella, así que sonrió y sin más alargó su mano con el pulgar hacia arriba en petición de que la llevaran.

— Deberíamos llevarla, esta carretera es peligrosa y hay espacio en el automóvil. — Dijo Hashirama al ver la conocida señal que hacía la desconocida.

— No tenemos por qué y es una desconocida. — Contestó Madara mirando a la mujer con inconformidad.

— ¡Madara, es una mujer!. — Casi gritó como si eso bastara como suficiente. — Esta carretera es oscura y peligrosa, no estaríamos haciendo nada malo en ayudarla a llegar. — Aclaró deteniendo el vehículo Hashirama. — Y no te pongas celoso, sabes que yo solo te amo a ti. — Le susurró al moreno para darle un pequeño beso tomando como oportuno los minutos que tardaría la mujer en subir al automóvil.

— ¡Iught…! — Exclamó Obito al ver como los adultos se besaban levemente,  acostumbrado a hacer  ese sonido de desagrado cada vez que sus padres adoptivos mostraban alguna señal de cariño.

— Idiota. — Murmuró Madara girando su rostro hacia el cristal de la puerta.

— ¡Gracias por deteneros!, ¿podéis llevarme hasta Konoha?. — Preguntó la mujer que se había acercado a la puerta del conductor.

— Claro, nosotros también nos dirigimos hacia allá. — Respondió Hashirama con una sonrisa amable provocando que la desconocida también sonriera para acto seguido subirse al vehículo y ocupar asiento junto a Obito.

— ¿Cómo te llamas?. — Preguntó Obito una vez se subió la mujer que le provocó un leve sonrojo. — Yo soy Obito.

— Me llamo Kaguya Ōtsutsuki.

— Es un placer Kaguya, él es Madara Uchiha y yo soy Hashriama Senju. — Presentó Hashirama escuchando un suspiro de Madara  ante la presentación que provocó una sonrisa nerviosa en el castaño.

— Es un placer, señores.

— ¿Qué hacías caminando sola por esta carretera, Kaguya?. Es peligroso estar caminando por una carretera así en la oscuridad. – Preguntó Hashirama un tanto intrigado por el hecho de encontrar a la mujer caminando a oscuras por ese lugar.

— Pensé que podría llegar, aún caminando, pero anocheció antes de lo esperado. — Contestó la mujer. — Me alegro de haberme encontrado con personas tan amable que me hagan el favor de llevarme hasta Konoha.

— No es nada. — Contestó Madara antes de que lo hiciera Hashirama al que le envió una mirada fiera.

— Aún así os agradezco mucho ya que esta carretera dicen que contiene muchos misterios en ella. — Habló con voz misteriosa Kaguya provocando la intriga en el resto de los ocupantes del vehículo.

— ¿A qué se refiere, Kaguya?. — Preguntó Obito tragando saliva como si pudiera intuir alguna historia tenebrosa que estaba a punto de ser revelada.

— Se dice que esta carretera está encantada. — Sonrió la mujer a Obito que había comenzado a sentirse inquieto.

— Eso solo son fabulas y leyendas que cuentan para aterrar a los críos. Un montón de mentiras que solo los ingenuos creen. – Interrumpió Madara ante el ambiente que estaba creando la mujer y que no le agradaba nada el que estuviera mintiéndole con esos mitos a su hijo adoptivo.

— Perdona a mi esposo, Kaguya pero a Madara no le gusta el escuchar relatos fantasiosos. — Intervino Hashirama para reír un poco nervioso por la actitud recelosa que había adoptado el Uchiha mayor, el cual masculló algo en voz apenas audible para el resto.

— ¿No cree en lugares encantados?. — Preguntó la mujer.

— Por supuesto que no, los niños y las personas supersticiosas son los únicos en creer en magia y encantamientos. — Contestó Madara enojado por tan insulsa pregunta.

— Entonces… — Susurró la mujer con voz ronca que pareció provocar el cambio del ambiente en el interior del vehículo mientras se internaba en otra curva bastante pronunciada en su avance por la carretera. — Sabrá que en esta curva morí yo… — La voz de la mujer salió lúgubre y lastimera.

— ¡AH! — Gritó Obito al ver como la mujer al pronunciar aquellas palabras desaparecía.

— ¡AH…! – Fue el grito que se escuchó al aparecer frente al vehículo un ser espectral que se abalanzó de frente al vehículo.

— ¡HASHIRAMA...!— Gritó Madara  al ver como el castaño giró bruscamente el volante del automóvil mientras intentaba frenar, provocando que el vehículo perdiera el control y cayera por la ladera dando varias vueltas sobre sí mismo.

Hashirama miró asustado a Madara, que se encontraba igual de aterrado que él y en ese pequeño instante que no fueron más que milésimas de segundo se dijeron muchas cosas con sus miradas.

Obito desde donde se encontraba había cerrado los ojos cuando sintió que el vehículo se despegaba del pavimento ni siquiera escuchó nada pero sintió un fuerte golpe en la cabeza que le nubló la visión y el conocimiento, quedando en medio de un sopor oscuro.



El sonido de charlas junto a un incesante pitido intermitente mezclado con lo que parecía un sonido hueco de aire siendo sorbido, sed, frió y una intensa luz lo habían hecho despertar levemente.

Obito se encontraba desorientado, no sabía que era esa luz pero sentía su cuerpo demasiado pesado, como si estuviera soportando una gran carga que lo impedía moverse y apenas diferenciaba algunas palabras o frases que no dejaban de revolotear a su alrededor.



— ¡Rápido! ¡Se está despertando!. — Gritó alguien con voz masculina.



Los parpados del adolescente pesaban demasiado, intentó girar la cabeza para poder ver algo a su alrededor y que aquella intensa luz no le permitía.



— Doctor, las pulsaciones están descendiendo. – Apuró una voz femenina.




Sin embargo, Obito se encontraba demasiado agotado y no sabía que significaba esas palabras, como si de repente esas palabras formaran parte de un idioma que no conocía pero poco le importaba, pues solo tenía sueño, muchas ganas de dormir.



Obito despertó en aquella habitación de olor a antiséptico donde se encontraba solo, desorientado, confundido, adolorido, agotado pero que pronto descubrió se encontraba en un hospital y al intentar recordar el por qué se encontraba allí aquellos recuerdos aparecieron en su mente con tanta fuerza y crueldad que el adolescente no pudo evitar sentirse culpable al ser el único superviviente del accidente.




— Mañana vendré para poder terminar con los informes para proceder al cambio de hospital, ¿has entendido?. – Preguntó Tobirama levantándose de la silla después de haberle explicado algo a lo que el adolescente no había prestado ningún ápice de atención. – Ya debo irme, se ha terminado la hora de visita.

~ Fin.~