-Solos.-
Después de la extraña visita de Naruto, Gaara no podía dejar de sentirse preocupado por la actitud que había tenido su amigo. Naruto no era de un hombre que se carcomía la cabeza con pensamientos fugaces hasta el punto de tomarlo con seriedad.
Sin embargo, Gaara a pesar de querer acercarse a la casa de Naruto lo más pronto posible, no le fue posible ir en ese día y tampoco al siguiente porque había muchos pedido en la herrería y salía demasiado tarde, también debido al avanzado estado de embarazo de Sai, Gaara había decidido que su esposo se quedara el día en la posada de sus padres ya que con el embarazo, Sai, había dejado de ir a la orfebrería, aunque Gaara fuera lo suficiente capaz de sostener a su consorte, este no había querido dejar de ir a trabajar, puesto que a Sai le gustaba su trabajo y le había suplicado a su esposo el continuar ejerciendo de orfebre para que después de muchos ruegos, Gaara aceptara que Sai volviese junto a su maestro a fabricar joyas.
Esa mañana Gaara había decidido ir a casa de Naruto, sin querer que pase más tiempo, para pedirle la verdadera razón por la que se había acercado a su casa con aquel extraño comportamiento aunque no llegara a la hora en que su primo Sasori abría la herrería y tuviese que escuchar un regaño acerca de la puntualidad por parte de su maestro, no le importaría tener que soportar si con ello podía ayudar a su amigo al mismo tiempo que esa preocupación que lo inmolaba desaparecía.
Sai había terminado de fregar los enceres con los que desayunaron y el doncel había preparado el desayuno. Luego, cuando había recogido todo salió al pequeño patio donde Gaara lo esperaba para ayudarlo a subir a la carreta para llevarlo a los negocios de sus suegros donde se quedaba ayudando en la recepción de la posada ya que no le permitían hacer más trabajo que quedarse detrás del mostrador para atender a los huéspedes debido a que se trataba del primer nieto para los señores Sabaku y por ello, no quería que Sai se sobreesforzara provocando algún tipo de daño a su futuro nieto o nieta, pues aún tenía muy presente lo que había ocurrido con Deidara a causa de la testarudez del esposo de Sasori y las consecuencias que tuvo, haciendo que Hiroshi naciera prematuro y se tratase de un bebé débil que requería tener una constante atención para que el pequeño doncelito no pereciera ante su fragilidad.
Tal y como Sai esperaba, su marido lo ayudó a subir al vehículo antes de salir de la casa, cerrando la puerta para después, Gaara también abordar el vehículo.
Sin embargo, cuando Gaara iba a cerrar la puerta que daba acceso y salida de su casa a la calle, se percató de algo que estaba en el suelo y el viento parecía estar jugando con ello de un lado para otro. Gaara se agacho para poder recoger el papel sucio a causa del viento y, fue entonces, que se percató de que se trataba de una carta sellada con la cera de una vela, además, de estar su nombre escrito en tinta negra por una de las caras del papel.
Sin que el aprendiz de herrero se parase a pensar en quien podría haberle escrito aquella carta la abrió y comenzó a leer pero grande fue la sorpresa de Gaara al percatarse de quien le había escrito esa carta era su amigo Naruto, donde le pedía disculpas y hacía mención su conversación de días atrás para pedirle que se hiciera responsable de Sasuke ya que debido a lo que haría, Naruto terminaría en una mala situación o podría ser su final y por consecuencia, no poder hacerse responsable de Sasuke.
Gaara arrugó la carta antes de meterla dentro de uno de sus bolsillos del pantalón y blandió las riendas al mismo tiempo que gritó para hacer que su caballo comenzara a moverse para dirigirse a la casa de Naruto.
Sai observó como el rostro de su marido había cambiado cuando subió a la carreta guió al equino hacia la casa donde vivía Sasuke y al llegar, Gaara detuvo al caballo para bajar de un salto del vehículo y coger el cordón que estaba pegado al muro que cerraban el patio de la casa para comenzar a tirar de él con fuerza mientras que con su otra mano, comenzó a aporrear la puerta como si quisiera derribarla.
Sasuke no había podido dormir bien, cada instante que había entrado en el mundo de Morfeo había sido despertado a causa de las pesadillas. Por ello, Sasuke se encontraba dando vueltas en la cama buscando inconscientemente el calor de su marido, ese calor al que se había acostumbrado sin darse cuenta pero en el lecho que compartía con Naruto, solo quedaba el recuerdo de su olor y sin querer sus ojos negros habían comenzado a desprender gruesas lágrimas mientras recordaba las palabras de despedida que Naruto le había dedicado en la carta que tenía apresada en una de sus manos y el dolor que aplastaba su pecho.
Sin embargo, cuando los ojos de Sasuke estaban volviéndose a cerrar para sumergirse en el sueño, comenzó a escuchar el repiqueteó de la campana de la entrada, así que a regañadientes se levantó de la cama y se puso su albornoz* para salir de su alcoba, bajar la escalera, salir de la casa y cruzar el patio hasta llegar a la puerta principal de su morada.
A medida que Sasuke se acercaba más al pórtico, no solo escuchaba la campana siendo tocada sino, también, fuertes e insistentes golpes en la puerta por lo que sintió miedo el ir a abrir hasta que escuchó la voz del marido de Sai llamar a Naruto con insistencia y maldecir por la tardanza de no ser recibido.
Sai estaba sonrojado ante la vergüenza que estaba pasando a causa de su marido, todos los vecinos ante los gritos de Gaara habían salido a la calle o a las ventanas para ver lo que ocurría y si el que estuvieran mirando ya intimidaban al embarazado doncel, los mormullos que comenzaba a escuchar no ayudaron. Sai comenzó a sentir ganas de llorar a causa de la vergüenza ya que no entendía el por qué Gaara estaba actuando de esa manera que le provocaba miedo.
Gaara se detuvo cuando se percató de que la puerta que golpeaba con insistencia se abría y poco le importaba las miradas de los curiosos o sus chismorreos porque estaba apretando sus puños con la intención de golpear a su amigo pero se detuvo cuando vio que quién abrió la puerta fue Sasuke y no Naruto.
– ¡Buen día!. – Saludó Sasuke con cansancio e intentando no mostrar su asombro ante el rostro de furia de Gaara.
– ¡Buen día!, ¿dónde está Naruto?. – Preguntó Gaara de muy mala manera debido a que estaba molesto.
– Él… no está. – Respondió Sasuke apartando la mirada.
– Se que tú debes de saber donde se encuentra Naruto, Sasuke. Tienes que decirme, no puedes dejar que el hombre que te ama… – Pero Gaara fue interrumpido.
– Gaara, será mejor que hables con Sasuke en donde no tengas público. – Indicó Sai que se había bajado del vehículo con esfuerzo para advertir de los curiosos que se habían acercado.
– Por favor, pasad. Os prepararé una taza de té. – Invitó Sasuke abriendo más la puerta para que el matrimonio pudiese entrar.
Sai se adelantó a asentir con la cabeza y cruzar primero la puerta mientras acariciaba su vientre por instinto a causa de haberse puesto nervioso y como queriendo tranquilizar más a la vida que portaba en su vientre que a él mismo.
Gaara antes de entrar, aseguró a su caballo en una las argollas que había en la pared de piedra que amurallaba el patio de la casa donde vivían Naruto y Sasuke.
Itachi se había despertado ante tanto alboroto y cuando salió de la habitación, vio a su hermano encaminarse a la entrada de la casa y sin más, lo siguió.
Itachi iba a acercarse pero entonces, el sutil llanto de Minako lo hizo volver sobre sus pasos para tranquilizar, cambiar el pañal y alimentar a la pequeña. Por ello, cuando el doncel terminó de atender a la niña ya los gritos y golpes había cesado y salió de la alcoba para bajar a la cocina donde se imaginaba que se encontraba Sasuke pero al llegar, se encontró con un panorama muy particular.
En la mesa de la cocina estaban sentados con una taza de alguna infusión, el benjamín de los hijos de los Sabaku con cara malhumorada y a su lado estaba Sai, quien tenía la cara algo más redonda en la que reflejaba incomodidad. Además, Itachi se percato que Sai estaba algo más llenito de lo acostumbrado y sentado frente a la pareja, estaba su hermano. Sasuke lucía en su rostro unas marcadas ojeras, por no mencionar la hinchazón de sus ojos que resaltaban con su blanca piel, haciéndolo ver como si se tratase de un fantasma.
– ¡Buen día!. – Saludó Itachi ya que había bajado, no quería ser un maleducado en la casa de su hermano y con sus invitados escuchando conversaciones a escondidas.
Gaara miró al doncel que acababa de interrumpir en la cocina y no pudo evitar el fruncir el entrecejo con irritación mientras gruñía descontento porque sabía, gracias a Sai, que Itachi se había marchado despreocupadamente junto a un hombre y aunque a Naruto no le contó nada porque pensaba que ya Sasuke le hablaría de su hermano pero no podía dejar de sentirse sorprendido, a la vez que más enfadado, pues no tenía conocimiento que Itachi también se encontrase a cargo de Naruto y viviendo en su casa. Por alguna razón, Gaara estaba intuyendo de que la vuelta de Itachi era lo que había provocado que su amigo le escribiera la carta tan preocupante.
–¿¡Itachi!?. – Nombró al recién llegado con sorpresa en su voz Sai dando un pequeño saltito en su asiento por la aparición del doncel que se había marchado de una manera tan bohemia y no comprendía que hacía ahí porque él no había escuchado a Gaara contarle acerca de la vuelta de Itachi.
– Pensé que aún estabas descansando pero ya que estas aquí, ¿quieres un poco de té, hermano?. – Preguntó Sasuke levantándose de la silla para servirle la infusión a su hermano.
– Sí. – Contestó Itachi sin atreverse a sentar hasta que recibió la taza con la caliente infusión en sus manos.
– ¿Cuándo regresasteis, Itachi?, pensé que no volvería a verte por aquí. – Habló Sai sin percatarse de lo inoportuna que fueron sus palabras para todos los presentes. – Me alegra ver con mis propios ojos que estas bien y que hayas vuelto.
– Yo… – Intentó decir Itachi cuando fue abruptamente interrumpido.
– Un desconsiderado como tú, no debería de haber regresado. – Interrumpió Gaara golpeando la mesa con el puño.
– ¡Gaara!. – Gritó Sai ante la dura acusación de su marido.
– No te atrevas a contradecirme, sabes que tengo razón. Un doncel que se va con hombres sin razón, lo hace solo por cuestiones deshonestas. – Gaara miró con dureza a Itachi. – Estoy seguro, que antes de que se marchara dejó de ser puro, olvidando el buen hacer para poder pecar sin remordimientos de conciencia. – Masculló con veneno.
Itachi apretó con fuerza la taza de barro cocido en la que su hermano le había servido la infusión al escuchar aquellas acusaciones, que le eran dolorosas debido a ser verdad porque él había pecado con un hombre, solo por haberse enamorado y a pesar de saber que no estaba bien la forma en que había nacido Minako, la forma en la que era feliz sin tener la aprobación de Dios, Itachi se había dejado llevar por sus sentimientos impuros y olvidado la tan meticulosa educación que había recibido de sus padres e institutrices*.
– Por favor, no hable así de mi hermano. Sé que Itachi no hizo lo correcto y es consciente de ello. Él no está aquí para escuchar como lo juzga por actos de los cuales, él es el único que conoce y sabe de sus errores. – Intervino Sasuke levantándose nuevamente de la silla para enfrentar a Gaara y defender la dignidad de Itachi. – Usted no ha venido aquí para hablar de los pormenores de mi hermano, así que absténgase a insultarlo en mi presencia.
Itachi miró a su hermano con sus ojos muy abierto ante el carácter férreo que mostró frente al hombre y sintiéndose agradecido por tener el apoyo de Sasuke.
Gaara se levantó también de su asiento para caminar hasta estar enfrente del doncel y sintiéndose herido en su orgullo de hombre, cogió a Sasuke del cuello de sus ropas y lo levantó sin ninguna contemplación mientras acercaba su cara a la del doncel.
Sasuke sintió como sus pies dejaron de tocar el suelo mientras con sus manos intentaba hacer que Gaara lo soltara de sus ropas.
– ¡Gaara! – Gritó Sai al ver lo que estaba haciendo su marido con un doncel y sin pensarlo se levantó y corrió hasta estar al lado del aprendiz de herrero para cogerlo de uno de los brazos para comenzar a tirar de él e intentar conseguir que soltase a Sasuke. – ¡Déjalo, Gaara!.
Itachi salió de su estado de admiración para sujetar el otro brazo del hombre pelirrojo e intentar que soltase a su hermano.
– ¿Con quién crees que hablas, doncel?, puede que Naruto sea complaciente y hasta demasiado bueno para que creas que puedes faltarle el respeto a un hombre cada vez que te apetezca pero cuida esa lengua tuya si no quieres que te muestre tu lugar, Sasuke. – Advirtió Gaara indicándole al doncel que no estaba de buen humor mientras volvía a dejarlo en el suelo. – He venido por esto y te aconsejo que me cuentes la verdad porque si Naruto no regresa, seré yo quien se haga responsable de ti ya que soy hombre de palabra y pienso cumplir la promesa que le hice a mi amigo. – Explicó sacando la carta de su bolsillo y poniéndola sobre la mesa.
Cuando Gaara soltó a Sasuke, este calló sobre la silla donde tosió un poco por el susto que le había propinado el mozo y los dos donceles habían soltado los grandes brazos de Gaara.
Sai que ante el miedo sufrido, había entrado en tensión para hacer que su marido soltara a Sasuke y una vez, Gaara había soltado al otro doncel, toda esa tensión salió en forma de llantos pero rápidamente, fue abrigado por los brazos de su marido y Sai se dejó hacer, acurrucándose en el regazo de Gaara que lo acunaba.
Itachi se puso detrás de Sasuke, aún con su corazón palpitando fuertemente por lo ocurrido y mirar con curiosidad y asombro como Gaara trataba cuidadosamente a Sai para calmarlo después de crear tanta angustia.
Sasuke una vez se recuperó, comenzó a leer la carta y sin duda era la letra de su marido aunque a Sasuke no le hizo falta leer toda la carta para saber que en el papel no decía lo que haría o a donde iría.
– Es mi culpa. – Soltó Sasuke rompiendo el silenció una vez se había instalado en la cocina. – Yo le pedí que fuera y el no se negó. ¡Es mi culpa que Naruto pueda estar muerto, en este momento!. – Terminó gritando desgarradoramente mientras traicioneras lágrimas salieron de sus ojos mientras el llanto de Minako comenzó a escucharse desde la otra planta de la casa, hacía donde Gaara y Sai dirigieron sus miradas, por el sorprendente hecho de escuchar lloros de un bebé.
– Sasuke… – Susurró Itachi sintiéndose culpable por haberle pedido ayuda a su hermano y pensando por primera vez, en el error que había cometido al ir a buscarlo para que, egoístamente, Kurama volviese a su lado y ahora, ambos estaban en la más mísera incertidumbre por no saber qué había ocurrido con sus parejas.
– ¿A dónde le pediste que fuera y a hacer qué?. – Exigió Gaara apaciguando su temperamento al observar la fragilidad de Sasuke ya que había apartado sus ojos de la escalera que daba al piso superior de la casa.
– Sasuke, la culpa no es tuya. El verdadero culpable soy yo de inmiscuiros, de pedirte que me ayudaras. Fui un egoísta, no debí pedírtelo y ahora, me doy cuenta de ello. Perdóname, hermano. – Pidió Itachi cogiendo una de las manos de Sasuke y comenzando a derramar lágrimas porque tal vez, no solo Jin y Kurama murieron sino también, Naruto, el cual no debería de haber muerto para ayudar a alguien que no conocía y romper la familia de su hermano. – Soy una mala persona y soy yo el que vino a ti para suplicarte una solución a mis miedos.
Gaara suspiró por la escena donde Sai comenzó nuevamente a llorar debido a que se había contagiado de la tristeza de los gemelos. Por ello, el aprendiz de herrero llevó a su consorte hasta la silla en la que él había estado sentado para que tomara asiento mientras él intentaba calmarlo y esperaba que los hermanos dejaran también de sollozar.
Cuando todo terminó, Gaara volvió a pedir una respuesta su pregunta y esta llegó de parte de Sasuke, ya que Itachi se había marchado de la cocina para atender a Minako, que luego, fue presentada al matrimonio. A pesar de que la información que le dio Sasuke a Gaara no revelaba mucho, cuando el aprendiz de herrero abandonó la casa, se dedicó el día a escuchar los rumores que circulaban por la ciudad junto a su esposo y desestimando su trabajo, al cual no fue ese día pero estaba seguro, su primo excusaría al embarazo de Sai.
Gaara volvió junto a Sai a la casa de su amigo para informarle a Sasuke de lo que se había enterado.
Sasuke estaba llorando después de escuchar las palabras de Gaara.
– Eso… no puede ser… – Gimoteaba Sasuke.
– Lo sé, Naruto no es capaz de asesinar a nadie pero hay una orden de captura contra los dos hombres que entraron al castillo real y asesinaron al rey, a la princesa del Reino de las Nieves y a los marqueses de Sharingan. – Gaara no dejaba de caminar de un lado a otro con impaciencia. – Lo peor de todo, es que no sabemos si Naruto es uno de esos hombres que consiguió escapar del castillo o es el que pereció bajo la espada del duque Orochimaru.
Itachi que había entrado en estado de shock ante la noticia de que uno de los tres hombres infiltrados en el castillo había muerto, no emitía sonido alguno y estaba totalmente ausente a la conversación que su hermano y Gaara mantenían.
Después de dar la noticia, Gaara había vuelto a su casa con un nudo en el pecho porque al igual que Sasuke, él sabía que existía la posibilidad de que fuera Naruto uno de los hombres que consiguió escapar o que fuera el que yacía en la otra vida. Por eso, al día siguiente se apresuró en ir a los negocios de sus padres para hablar con su madre, esta al trabajar en el castillo tendría una mejor información que otros ciudadanos pero sus esperanzas se derrumbaron cuando su madre le contó que no sabía más que otras personas que murmuraron del incidente y que nadie del servicio había visto los cuerpos, salvo el del rey, la princesa y los marqueses de Sharingan.
– Madre, tened cuidado en el castillo. – Pidió preocupado Gaara por las pequeñas revueltas que se llevaban debido al perecimiento del monarca.
– Lo sé, hijo, pero creo que hoy se calmará todo ya que he escuchado que el duque Orochimaru será el que resida el trono de este reino. El rey Danzou no dejó hijos y no tuvo familiares, por lo visto el duque tiene más títulos nobiliarios, así que es muy probable que sea nuestro nuevo rey. – Aseguró Karura. – Pero… sé que no es de mi incumbencia pero escuché, de la boca de la Varonesa de la Jalea que hablaba con su doncella de compañía, que la marquesa Sakura fue herida en la espalda y que no era una herida muy grave como para causarle la muerte pero que su aspecto se parecía al de la princesa del Reino de las Nieves porque su cuerpo estaba hinchado y es algo incomprensible porque la princesa fue envenenada y la marquesa fue herida, ¿no lo crees, Gaara?. – Comentó su madre antes de marcharse al castillo.
Gaara decidió guardarse esa información y tal como le prometió a su amigo, comenzó a cuidar de Sasuke y también, de Itachi aunque este no le agradaba en absoluto mientras que como todo las personas del Reino del Fuego especulaba, al igual que era el deseo del Duque de Cerezos, Orochimaru fue coronado como el nuevo rey.
Había pasado dos meses y no habían tenido noticias de los prófugos del castillo que atentaron contra las vidas de los nobles y asesinado al rey Danzou.
Ese día, Sai se encontraba en la casa de Sasuke, meciendo a la pequeña Minako ante la atenta atención de Itachi que sonreía y Sasuke preparaba la comida.
– Minako se parece mucho a ti, incluso sus ojos son tan negros como los tuyos, Itachi. – Mencionó Sai devolviéndole la niña a su madre.
– ¿Tú también lo piensas?, pero su nariz es la de su papá. – Mencionó Itachi con una sonrisa.
– Yo solo he dicho lo que veo y no conozco a Kurama. Me pregunto si mi hijito se parecerá a su padre o a mí. – Inquirió Sai acariciando su vientre que estaba más abultado.
– También, podría ser una niña o un doncel, Sai. – Indicó Itachi con gracia.
– Yo quiero que sea un doncel aunque a Gaara le gustaría que fuera un hombre. – Afirmó Sai sentándose en una de las sillas de la mesa. – Karura dice que todos los hombres quieren que su primer hijo sea varón puro. – Rió un poco recordando como su suegra siempre le comentaba lo mismo.
Itachi iba a responderle a Sai cuando escucharon un fuerte golpe y al levantar la vista se encontraron con la olla en la que Sasuke estaba preparando el guiso en el suelo con toda la comida desparramada en el mismo piso mientras Sasuke tenía una de sus manos en la cabeza y con la otra, se sujetaba del fregadero mientras que su rostro estaba más pálido de lo usual.
Inevitablemente, Minako se asusto por el inesperado ruido y comenzó a llorar en brazos de su madre mientras que Sai se levantó para ir a ayudar a Sasuke que parecía necesitar un poco de aire, así que comenzó a mover su mano frente al rostro del doncel para proporcionarle aire a Sasuke.
– ¡Sasuke!. – Exclamó Itachi levantándose con su hija en brazos y acercarse a su hermano. – ¿Qué te ocurre?. – Inquirió preocupado.
– Nada, solo f… – Pero Sasuke no pudo continuar hablando al llegar a su nariz un extraño olor y comenzó a vomitar lo poco que tenía su estómago dentro del fregadero que por suerte, estaba vacío porque había fregado los enceres que había utilizado para preparar la comida que, ahora, estaba en el suelo.
Tanto Sai como Itachi, se preocuparon de que Sasuke se hubiese enfermado y le obligaron a que fuera a su habitación a descansar y cuando Gaara llegó a la casa de Sasuke, Sai le explicó la posibilidad de que Sasuke estuviese enfermo, por lo que Gaara fue en busca de un boticario que tratase al doncel.
Gaara había sido el único que había entrado en el cuarto con el boticario mientras que Sai e Itachi esperaban en la mesa de la cocina con preocupación y cuando el boticario se marchó, los dos donceles se abalanzaron sobre el mozo.
– ¿Qué es lo que le ocurre a Sasuke?. – Preguntó Sai.
– ¿Mi hermano está muy enfermo?. – Inquirió Itachi.
– No es nada de eso, Sasuke está en perfecta forma. Él no está enfermo, así que dejen de preocuparse tanto. – Aseguró Gaara para ver como los dos donceles respiraban aliviados de que no tuviese nada malo.
– Entonces… ¿por qué a vomitado esta tarde?. – Preguntó velozmente Itachi una vez se repuso de saber que su hermano no estaba enfermo.
– Sasuke está esperando. – Se limitó a decir para ir hasta donde estaba el frutero y coger una naranja que comenzó a pelar con tranquilidad. – “Serás padre Naruto, si estás vivo tienes que volver de donde quieras que estés, ahora que tendrás un hijo.” – Pensó con una sonrisa Gaara mientras imaginaba el rostro de su amigo ante la noticia.
Itachi y Sai subieron a la alcoba donde estaba Sasuke llorando ante la feliz noticia para felicitarlo y esa noche, Sasuke soñó que Naruto regresaba y lo amaba con tanto desespero y ansiedad que ambos terminaron llorando de felicidad para después contarle a su marido que estaba embarazado.
Aclaración de los términos:
* Albornoz: También se le puede conocer de otros nombres como bata de levantar y demás pero es esa prenda sobrepuesta, es decir que se pone sobre ropa en este caso, los pijamas o en su defecto, la desnudez de la persona que la porte antes de ir a la cama o cuando nos levantamos. Por si alguien necesita una imagen
* Institutriz: Es una maestra, profesora, niñera, educadora, nanas, etc. esta persona (en lo general eran mujeres) se encargaban del cuidado y la enseñanza de los hijos de familias adineradas. En el pasado, solo se ocupaban de los hijos de nobles y burgueses que estudiaban en sus casas y estas personas se ocupaban la mayor parte del tiempo en educarlos, atenderlos y guiarlos.
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