- Desfogue.-
Itachi
se despertó al escuchar el canto de los gallos que anunciaban el comienzo del
nuevo día y con parsimonia se levantó de la cama para comenzar a frotar con las
manos sus ojos para desperezar a sus párpados somnolientos.
El doncel
miró a su alrededor pero en aquella habitación, como había pasado en todas esos
días desde que llegó, se encontraba solo.
Itachi
flexionó sus piernas para abrazarla con fuerza mientras apoyaba su frente en
sus rodillas para, por primera vez desde que estaba en la casa, empezar a
llorar con frustración porque se encontraba dolido ya que el hombre del que
estaba enamorado parecía haber perdido el interés por él.
En
todo ese tiempo Itachi había intentado que Kurama se mostrara cariñoso con él
pero no lo había conseguido por mucho esfuerzo que le había puesto en arrancar
unas palabras amorosas o una dulce caricia, solo había obtenido gruñidos y
regaños, haciéndole creer que jamás volvería a tener el encanto que captara la
mirada del hombre por el que latía brioso su corazón.
Después
de que Itachi sollozara su amargura, se limpió el rastro húmedo que dejaron sus
lágrimas mientras se regañarse a sí mismo por pensar en que Kurama no lo quería
y con sus esperanzas renovadas terminó de levantarse de su cama pensando en
alguna forma de poder obtener un simple abrazo acompañado de un casto beso
porque con eso, se contentaría.
Itachi
asomó su cabeza para comprobar si Jin continuaba en la casa pero al no verlo,
el doncel se alegro, pues desde que lo había acusado de ladrón y embustero no
deseaba tener que dirigirle la palabra aunque sabía que no podría evitar el
verlo porque se trataba del amigo de Kurama y otro de las personas que
convivían en esa casa.
El
doncel continuó mirando por toda la habitación en busca de la figura de Kurama,
al cual localizó aún durmiendo sobre el incómodo sofá en el que se había
instalado porque no quería dormir en la misma habitación que él, por respeto a
su amigo y ese acto de caballerosidad de Kurama hacia Jin, provocaba que Itachi
se sintiese celoso por la camarería de los dos hombres. Aunque no estaba de
acuerdo con Kurama en tenerle respeto a Jin, este desaparecía de la casa
durante todo el día y debido a eso Kurama se mostraba preocupado y nervioso por
su amigo porque era un sentimiento que Itachi podía ver reflejado en los ojos
del hombre que ocupaba su corazón con absoluta claridad, por lo que aumentaba
el desagrado hacia Jin al provocar aquel estado en Kurama y a quien Itachi
culpaba de que Kurama no le prestase atención.
Con
una sonrisa en los labios, Itachi abandonó la habitación y caminó de puntillas
hasta el hombre que dormía profundamente en el sofá.
Cuando
el doncel llegó hasta el mueblo se quedó observando el apacible rostro y con
cuidado de no despertar a Kurama, Itachi acarició el largo pelo rojo del hombre
que ser removió ante su contacto y gruñó un poco para con el mismo cuidado,
Itachi retiró su mano del cabello de Kurama.
Itachi
dejó escapar un suspiro antes de dirigirse a la cocina de la casa y al abrir el
armario donde guardaban los alimentos para percatarse de que no había sido
abastecido nuevamente, ya solo quedaba harina de avena y una bolsa con un
puñado de judías.
El
doncel cogió los ingredientes suficientes para hacer pan y luego, añadió madera
al fuego en el que cocinaban. Una vez, Itachi creyó haber puesto los leños
suficiente lavó sus manos antes de coger la masa redonda de pan que había
creado para ponerla dentro de aquel horno de piedra en espera de que se
cocinase. También, puso a hervir la leche que todas las mañanas traía el
lechero y Kurama le compraba pero en esta ocasión, Kurama se había vuelto a
dormir después de comprar la leche.
Cuando
el pan terminó de hornearse, Itachi lo sacó del rustico horno de piedra para
comenzar a rebanarlo y al acabar tomó una rebanada de pan que comió con la
leche.
Después
de haber desayunado, el doncel empezó a calentar agua para poderse asear y una
vez, el líquido alcanzó la temperatura adecuada, Itachi comenzó a limpiar su
cuerpo con ayuda de un trozo de jabón y una pequeña tela con la que frotaba su
piel.
Al
terminar de asearse, Itachi secó su cuerpo y cogió el pequeño corsé que debía
ceñir a su cintura para estrecharla un poco más pero justo, había acabado de
atar el cordón del corsé tropezó con una taza de arcilla cocida que estaba
sobre una pequeña mesa y al colisionar con el suelo hizo un estridente sonido
al romperse que consiguió despertar a Kurama.
Minato
se había despertado sobresaltado después de escuchar un fuerte ruido y es que
después de saber que Fugaku había estado en el territorio del Duque de Cerezos
hacía un mes atrás, le había causado muy malas noches en la que se había
despertado constantemente al más mínimo sonido. Sin mencionar, que su amigo se
desaparecía todo el día y regresaba muy entrada la noche, teniendo él la
obligación de quedarse con Itachi porque no podían arriesgarse a que el doncel
decidiese salir a dar un paseo por la ciudad y, sin que fuese consciente,
hablara de más con alguien que no debía. Si bien, eso no le agradaba lo que más
le frustraba a Minato era la falta de sexo, ya que él era un hombre
acostumbrado a tener una vida sexual muy activa y Minato se había visto
obligado a autosatisfacerse, no solo por la necesidad de tener sexo sino por el
asedio que tenía Itachi con él. El doncel no dejaba de aprovechar cada
oportunidad para besarlo, tocarlo o pavonearse ante él con escasas prendas e
incluso, había tenido la osadía de lavar su cuerpo frente a sus ojos que
acababan repercutiendo en su cuerpo.
– Lo
siento, no era mi intención despertarte. – Se disculpó Itachi mientras recogía
los trozos de barro cocido que hasta hace un momento era una taza.
Minato
gruño antes de bostezar sonoramente, al mismo tiempo que estiraba sus
extremidades hasta sentir como crujieron sus huesos sin siquiera mirar al doncel.
El
hombre se levantó y caminó hasta la cocina donde había un barril lleno de agua
en la que sumergió sus manos para lavar su rostro y poder desperezarse.
Cuando
terminó, Minato se quedó mirando su reflejo en el agua donde se percató de que
la coloración que había utilizado para teñir su cabello estaba comenzando a
desaparecer de su pelo para volver a mostrar el verdadero color de su melena.
Por ello, hizo una mueca de irritación y golpeó con fuerza el borde del barril
con la palma de su mano causando que el agua formara ondas en el interior del
tonel.
Itachi
había dado un pequeño salto al escuchar el sonido del golpe y con preocupación
corrió hasta el hombre.
–
¿Ocurre algo?. – Preguntó Itachi mientras abrazaba uno de los brazos de su
compañero.
El descarado
contacto del doncel fue lo que provocó que Minato lo mirase esa mañana y el
hombre no pudo hacer otra cosa que apretar sus manos al borde del barril,
Itachi solo vestía el corsé que estaba anudado en la cintura.
– ¿Por
qué estas así?. – Preguntó Minato con esfuerzo al sentir como Itachi estaba
recargando su cuerpo en él y su lívido despertaba.
– Es
que acabo de asearme y estaba vistiéndome cuando se me ha caído la taza que había
sobre la mesa mientras ataba el cordón de mi corsé. – Explicó Itachi. – ¿Te
encuentras bien, Kurama?. No tienes buen aspecto y estas comenzando a ponerte
rojos y… – El doncel puso ingenuamente una de sus manos sobre la frente del
hombre. – ¡Santo Dios!, no parece que tengas calentura pero estás sudando. – Suspiró
Itachi sin saber que eran sus actos lo que estaban causando aquellos síntomas a
Kurama que había comenzado a agitarse la respiración.
–
¡Ya…!¡No puedo soportarlo más, Itachi!. – Murmuró Minato antes de abrir los
ojos y coger al doncel por el brazo para besarlo demandantemente. – Lo has
conseguido porque esto es lo que querías, ¿cierto?. Todo este tiempo te has estado exhibiendo
frente a mí, torturándome hasta llegar a esta situación en la que no puedo
contenerme más, Itachi.– Habló Minato cuando cortó el beso para llevar una de
las manos de Itachi a sus genitales donde su pene estaba despierto y listo para
sentir placer. – No seré complaciente contigo pero eso no debe de importarte,
ya no eres virgen y lo sentirás mejor que esa vez. – Afirmó Minato para desatar
el corsé, al mismo tiempo, volvía a besar fogosamente a Itachi que solo se
dejaba hacer estupefacto por las sensaciones que recorrían su cuerpo al sentir
que era tocado por el hombre al que amaba.
Minato
tras quitarle el corsé a Itachi metió una de sus manos en el agua del barril
para empaparla y rápidamente llevarla al trasero del doncel que se estremeció
debido a la temperatura del agua pero eso, no le importó a Minato que seguía
besando al joven mientras que con su mano buscaba aquel hueco escondido entre
las nalgas y que no tardó en encontrar para comenzar a ingresar sus dedos.
Itachi
solo podía gemir ahogadamente debido al beso en el que Kurama no dejaba de
invadir su boca haciéndole tragar su saliva hasta que sintió como su corsé fue
arrancado de su cuerpo y de repente la mano fría y empapada de Kurama tocó su
trasero. El contactó provocó escalofríos en Itachi e instintivamente levantó
una de sus piernas que enredó en el cuerpo de Kurama para permitirle que
pudiese adentrar los dedos en su trasero.
Los
dedos de Minato fueron introduciéndose uno a uno en el angosto lugar mientras
no dejaban de moverse en el reducido espacio, al mismo tiempo que el beso
comenzaba a llegar a su final, el ano de Itachi era dilatado.
–
Ponte frente a la pared. – Ordenó Minato sintiendo su pene erecto.
Itachi
asintió con la cabeza y el rostro sonrojado antes de ponerse frente a la pared
y cuando el hombre se apoyó en él pudo sentir el calor que desprendía el cuerpo
de Kurama a su espalda.
– Abre
las piernas. – Susurró Minato en el oído de Itachi antes de chupetearle el
lóbulo de la oreja al doncel, el cual tembló mientras un suspiró abandonó los
labios de Itachi a causa del placer que le provocaba.
Itachi
gimió, no solo por la agradable sensación que le había provocado la succión en
su oreja sino el cómo Kurama se había adentrado con fuerza y rapidez en su
interior para salir del mismo modo y continuar movimiento desesperadamente
mientras sus manos eran abrigadas por las manos grandes de Kurama.
Minato
no dejaba de moverse de un modo enloquecedor, saliendo y entrando del doncel,
solo podía sentir las oleadas de placer que le recorrían y le anunciaban un
deleitoso final que llegó en un intenso orgasmo haciéndole liberar parte de su
frustración en aquel vulgar acto.
Itachi
no tardó en llegar al clímax ante los continuos golpeteos de Kurama en un punto
de su interior que lo hacían estremecerse de placer y su pene, que estaba
siendo aprisionado entre la pared y su cuerpo, fuese acariciado tan bruscamente
mientras que Kurama continuaba moviéndose hasta que por fin explosionó en su
interior proporcionándole aquella sensación tan cálida que le hacía arquear su
espalda y apoyarse más sobre el cuerpo de aquel hombre.
Minato
jadeaba en un intento de recuperar fuerzas y deseando querer repetirlo, ese fue
el motivo de que al salir del interior de Itachi lo cogiera en sus brazos para
besarlo fogosamente y con una maliciosa sonrisa lo llevase a la habitación que
ocupaba el doncel donde continuaría teniendo sexo con él hasta culminar toda
esa pasión que se había resguardado en su alma y que a cada día aumentaba por
no haberla podido desfogar.
Ya la
noche había reclamado su trono y Minato gimió con fuerza al ser presa por otro
intenso orgasmo que liberó en el interior del doncel. Itachi apretaba las
mantas de la cama y soltaba un jadeo apagado debido al cansancio que en ese día
le había proporcionado el hombre que no había dejado de someterlo tan
apasionadamente.
Minato
se apartó de Itachi cuando su respiración se normalizó y comenzar a recoger sus
ropas.
– Kurama…
– Llamó somnolientamente Itachi.
–
Duerme, te hará bien. – Dijo para mirar al doncel que continuaba tumbado sobre
la cama con sus piernas flexionadas y abiertas, tal y como lo había dejado.
– ¿Por
qué no duermes conmigo… esta noche?. – Preguntó Itachi sintiendo como el hombre
le cogía de los tobillos para estirar de sus piernas y cerrárselas antes de
taparle con una manta que sacó del pequeño armario que había en ese cuarto.
– No
está bien, nada de lo que ha ocurrido hoy. Yo no debí haberme dejado llevar por
tus insinuaciones y mis instintos. Le he faltado el respeto a Jin y no quiero
continuar ofendiendo su honor quedándome a dormir a tu lado. – Respondió Minato
antes de dirigirse a la pequeña ventana y abrirla del todo para que el viento
se llevase el olor que inundaba la alcoba.
– Tu
amigo es más importante que yo. – Afirmó Itachi con tristeza sintiendo como la
angustia comenzaba a instalarse en su pecho y subía hasta sus ojos para brotar
como cálidas y pequeñas lágrimas cristalinas.
Minato
no respondió pero al escuchar el sollozo se acercó a la cama y acarició el
pálido rostro de Itachi para limpiarle las lágrimas que derramaba con tanta
desolación.
– ¿Por
qué… me haces sentir todo esto… Kurama? Yo… te amo.
– Lo
sé. – Se limitó a contestar Minato antes de besar a Itachi y adentrarse en la
cama donde abrazó al doncel.
Cuando
el beso concluyó Itachi se acorrucó entre los brazos y el cuerpo del hombre
hasta que, finalmente, se durmió pero el doncel no fue el único en marchar al
mundo de los sueños porque sin quererlo, Kurama también había caído rendido en
aquel lecho donde abrazaba a Itachi protectoramente.
El día
siguiente, la mañana trajo consecuencias contradictorias para Minato e Itachi,
pues el doncel estaba feliz porque pensaba que por fin Kurama volvía a ser
aquel caballero atento y galante que él había conocido. Mientras que Minato se
comenzaba a preguntar que le había hecho comportarse de esa manera y actuar de
una forma tan extraña en él, finalmente lo achacó a su frustración de estar
encerrado en la casa con Itachi sin poder continuar su vida de burlador.
Sin
embargo, ese día Minato no solo volvió a mantener sexo con Itachi sino que
volvió a quedarse a dormir en junto a él.
Los
días iban pasando y Minato había comenzado a preocuparse por Itachi y rezaba
todas las mañanas porque el doncel no fuera a quedar embarazado, pues todos los
días mantenían sexo y un embarazo solo sería un problema para él y para Fugaku.
Aunque en un comienzo, Minato lo justificaba el estar acostándose con el doncel
como a la única liberación a su encierro pero no había estimado las
consecuencias, ahora no podía justificar su comportamiento a este mientras que
Itachi estaba muy feliz ante tantas atenciones.
–
Itachi, tengo que salir. – Informó Minato poniéndose la capa y el sombrero de
plumas. – No salgas de la casa, llegaré pronto.
– ¿Y
no puedo acompañarte?. Me gustaría salir e ir a…
– No,
no puedes y si Jin regresa, dirás que he salido un momento en atención a unos
asuntos que requieren mi presencia. – Interrumpió Minato cogiendo el pequeño
saquito en el que guardaba el dinero y el cual, ya no tenía muchas monedas,
había tenido que gastar el dinero en la comida, la coloración para su cabello,
el alquiler de la casa y los genins que Fugaku se llevaba consigo y los gastaba
en las calles siendo esa la única forma de Minato para saber que su amigo
estaba bien y vivo porque hacía días que no lo había visto entrar o abandonar
la casa.
Itachi
bufó por la orden que el hombre le había dado y Minato salió de la casa para
dirigirse en primer lugar, en busca de donceles y mujeres que le proporcionaran
dinero y las cuales no tardaron en aparecer frente a él pero lo que Minato no
esperó, es que antes y durante el sexo con esas personas, solo pensara en
Itachi o el tener que imaginar la cara del doncel para alcanzar el orgasmo.
Minato
estaba preocupándose por todo lo que le estaba ocurriendo y con los genins y
jounins que había ganado se dirigió a uno de los boticario de la ciudad para
poder comprar algún tipo de medicina que le impidiera a Itachi quedar en estado
y en el caso de que lo estuviese, lo abortase. Ese no era momento para Minato
de que ocurriese algo así y tampoco para el doncel, quien era muy joven y si
tenía un hijo con quien no debía, le sería imposible el ser bien mirado en la
sociedad y el encontrar marido.
Sin
embargo, el boticario le dijo que no había un producto que funcionase de tal
manera e incluso, le recordó que los hijos son regalos divinos en los
matrimonios antes de insultarlo y echarlo de su establecimiento.
Después
del acontecimiento con el boticario, Minato se encaminó hacia donde únicamente
le quedaba ir, a la casa de una bruja, pues había escuchado que está mujer
estaba maldita y tenía pacto con seres de las tinieblas pero Minato sabía que
solo eran cuentos fantasiosos hacia las personas que conocían la utilidad de
las hierbas.
Cuando
Minato llegó al lugar en el que se suponía vivía la mujer de malas artes, se
encontró con una enorme cabaña en mitad de aquel bosque.
La
cabaña tenía las paredes de piedra y el tejado, que suponía debía tener una
estructura de madera, estaba formado con ramas y hojas dándole un aspecto de
deterioro donde habían cuervos posados y graznando junto a las pocas flores
azules y amarillas que estaban plantadas cerca a las puertas.
Minato
tragó saliva antes de encaminarse a la puerta y a cada paso que daba comenzaron
a aparecer gatos y algunos se acercaron a él para comenzarle a maullar
amenazadoramente o le bufaron como signo de una advertencia. Minato sintió como
un escalofrío cruzó su espalda y comenzando a creer las especulaciones de la
gente acerca de la persona que vivía en esa casa.
Cuando
Minato tocó la puerta, los cuervos huyeron asustados por el ruido, volando en
diferentes direcciones y dejando caer un millar de sus plumas negras como una
nube que reposaron alrededor de la casa.
La
puerta se abrió con lentitud y los gatos comenzaron a maullar escandalosamente
mientras se acercaban a la entrada de la casa y para sorpresa de Minato, por la
puerta salió una mujer joven y no una anciana de aspecto desagradable como
esperaba ver.
La
mujer llevaba en sus manos dos cuencos con una extraña masa de color rosa.
– ¡Oh!
¡Buen día!. – Saludó con una sonrisa la joven mientras los gatos se acariciaban
en sus piernas mimosamente.
–
¡Buen día! He venido hasta aquí porque he escuchado que podrían ayudarme. –
Repuso Minato de inmediato mientras la mujer dejaba los cuencos en el suelo
para que los gatos se comiesen aquel extraño mejunje.
– Sí,
eso dicen todos los que vienen hasta aquí porque no quieren decir la verdad. La
gente dice que aquí vive una bruja y vienen en busca de pócimas y conjuros. –
Habló tajantemente la mujer.
–
Siento el haberos importunaros, no era mi intención. Lo lamento mucho, señora.
– Se disculpó haciendo una floritura para girarse y comenzar a caminar hacia la
ciudad.
–
Esperad, no suele venir muchas personas a estos lares y puede que os ayude si
me contáis vuestro problema mientras tomamos un poco de té y no soy una señora,
aún no me he casado.
Minato
se giró y miró a aquella mujer a sus ojos negros antes de asentir y seguirla al
interior de la casa donde descubrió a una anciana que estaba bordando un
pañuelo, la mujer de avanzada edad tenía un extraño accesorio sobre su cabeza
que le hacía parecer que tuviese orejas de gato.
– Ella
es mi abuela, Madame Gato, es así como todo el mundo la conoce. – Presentó la
chica mientras se dirigía al fuego y sustituía la olla por una vieja tetera de
metal para que calentase el agua que tenía. – A mi me dicen Nekoko.
– ¡Buen
día, señora!.
– Has
tardado en venir, Rayo Amarillo. – Habló la anciana dejando de bordar para
mirar a quien le había saludado a la cara, causando asombro y un
estremecimiento a Minato, pues nadie lo llamaba así desde hacía años y podía
jurar que hasta ese instante, nadie lo había reconocido ante todas las
molestias que se había tomado para disfrazar su identidad.
– ¿Y a
cual era tu problema? – Intervino la muchacha mientras invitaba a sentarse en
una silla a Minato que parecía estar conmocionado.
–
Gracias.– Rápidamente tomó asiento para
recibir una taza de té rojo. – Bueno, yo quería saber de si hay algún remedio
para evitar el producirse un embarazo o en el caso de estarlo, pues la
gestación no cumpla pero ya el boticario me ha insultado lo suficiente, así que
si no existe tal remedio me marcharé. – Repuso Minato para darle un sorbo a su
té.
– Los
boticarios solo juzgan a los demás mientras ello someten a su pareja a sus
brebajes una vez tienen un hijo varón que siga sus pasos. – Repuso Madame Gato
para beber un poco de su té. – Mi difunto esposo, Gato, era boticario pero yo
era más astuta que él y no dejé que me engañara porque sabía que solo mi única
hija me daría una nieta que aliviara el dolor de mi alma. – Volvió a beber de
su té antes de continuar. – Uno de mis hijos varones murió al nacer, dos de mis
hijos varones murieron en la guerra contra el Reino del Rayo y el último de mis
hijos varones murió de tuberculosis sin dejarme ningún nieto en este mundo. Uno
de mis hijos donceles fue asesinado cerca del río cuando fue en busca de agua y
mi otro hijo doncel me abandonó a mí y a mi esposo para irse a trabajar a la
corte real donde él mismo enloqueció y la muerte fue su alivio. Mi hija fue la
única que se quedó a mi lado para regalarme a mi nieta antes de seguir a sus hermanos
al mundo de la muerte.
–
Puedo darte algunas hierbas pero no puedo asegurarte de que le impida a la dama
o el damisel el que no quede en cinta, solo reduce las probabilidades aunque si
está gestando no actuaran ya que esas hierbas solo son para reducir las
posibilidades de que quede preñado. – Fue Nekoko la que habló en esta ocasión.
– Aunque, puedo darte un preparado de otras hierbas que interrumpen el proceso
de incubación.
– ¿De
verdad, existe ese tipo de hierbas?. –Inquirió esperanzado Minato.
– Sí,
puedo hacerte los dos preparados que debes hacer que la mujer o doncel ingiera.
– Habló la joven para salir de la cabaña para ir a hacer los preparados de
hierbas.
– Sin embargo, ambos preparados conlleva un
riesgo para la persona que lo ingiera, Rayo Amarillo. – Advirtió la anciana dejando
a un lado su taza vacía. – Escucha bien, hombre. – Miró con profundidad los
ojos contrarios inclinándose un poco en la silla. – El primer resuelto es una
infusión y debes hacer que el doncel lo trague sin rechistar y tiene que tomar
una por la mañana y otra por la noche pero esta infusión provocará que tu
amante pierda el apetito sexual. La segunda infusión, es muy peligrosa para la
vida de ese joven, Rayo Amarillo. Si el joven realmente está embarazado,
sangrará durante cuatro días entre fiebres y delirios. Además, la bolsa se
lastimará y el doncel podrá quedar seco como un desierto, no traerá hijos a
este mundo. – Indicó antes de volver a apoyar su espalda al respaldo de su
asiento. – ¿Estás seguro de querer jugar con tu amante, Rayo Amarillo?. –
Preguntó desdeñosamente la anciana.
– Yo… –
Minato estaba sudando y su rostro se había descolorido al pensar en dejar a
Itachi con esos síntomas. – “¿Acaso vale
la pena dejar a ese doncel así para que no engendré un vástago mío?. Yo no sé,
no puedo ser padre y ese damisel es demasiado joven para soportar el tener un
hijo pero es peor si llega a morir por darle esas hierbas. No puedo… no puedo
hacer que Itachi pase por todo eso, no soy tan cruel.” – Pensó Minato antes
de levantarse de su asiento dejando la taza de té sobre una pequeña mesa y
hacer una floritura. – ¡Que tenga un buen día, señora!. – Se despidió Minato
para salir de la casa apresuradamente y volver al lado de Itachi.
– Aquí
est… ¿y el hombre a donde se fue?. –Preguntó Nekoko mirando a su abuela que
volvía a estar bordando su pañuelo.
– Se
ha marchado, su destino no puede ser intervenido por nuestros conocimientos. –
Respondió a su nieta que se quedó mirando a su abuela con confusión.
Cuando
Minato llegó a la casa, se encontró a Itachi comiendo galletas en la cocina y
sin esperar le entregó una flor de color rosa pero antes de que el doncel
pudiese agradecer, Minato lo había besado y cargado llevándolo hasta la
habitación donde, por primera vez, sin que el propio Minato fuese del todo
consciente, hizo el amor con Itachi.
El
doncel se había dormido pero Minato no podía conciliar el sueño y cuando
escuchó la puerta principal de la casa abrirse, se puso rápido los pantalones y
salió a recibir a su amigo.
Fugaku
había estado bebiendo como hacía en los últimos días mientras se carcomía la
cabeza pensando en cómo tener un acercamiento con el doncel que era su hijo.
–
¿Fugaku, como vienes así?. No es propio de ti el que estés ahogándote en vino.
– Inquirió Minato ayudando a su amigo que a duras penas caminaba correctamente
y sentándolo en el sofá mientras cogía un vaso que llenó de agua para
entregarle a Fugaku.
–
¡Calla!. Es que tú no puedes comprenderlo y aún así, ¿dónde has estado no te he
visto en los últimos días durmiendo en la casa?. Saber que no deberías dejar
solo al doncel, nos podría causar problemas si sale de la casa. – Alegó Fugaku
antes de beber un poco de agua.
– No,
no puedo comprenderte y eres el que menos debes de reprocharme en estos
momentos, Fugaku. He estado muy preocupado por ti desde que nos fuimos de
aquella posada, has dejado de ser tú, amigo. – Contestó Minato para sentarse
también en el sofá.
Tras
las palabras del otro hombre Fugaku dejó el vaso sobre la mesa que había frente
a ellos y apretando los puños para comenzar a llorar su dolor frente a su
amigo.
–
¿Fugaku…?
– Es
que no es fácil, ¿cómo quieres que me sienta? ¿Cómo quieres que me comporte?.
Fui destituido de mi fortuna y mi título como Varón de la Llama, las personas
en quien confiaba me dieron la espalda como si fuese una escoria, estuve a
punto de morir en la horca, la mujer que amo está muerta por el mismo canalla
que ha jugado con mi vida y… no conocía el hecho que era padre hasta hace unas
pocas semanas. ¿Dime Minato si hay alguna forma de que mi corazón se abra sin temer
que mi alma termine de romperse?. – Explotó furioso Fugaku sin apartar la
mirada de su único camarada. – Es increíble que no me haya trastornado con todo
esto, Minato. – Murmuró.
– Sé
que tú vida no ha sido fácil pero me tienes a mí, sabes que te ayudaré porque
sé la verdad aunque ¿no entiendo de donde sacasteis eso de qué tienes hijos?.
– De
esto, amigo. – Afirmó Fugaku enseñándole el medallón de Itachi a Minato. –
Mirad, ella no haría esto en un medallón idéntico al mío. Igual al que le
obsequié, si no fuese porque existiera una unión. – Dijo Fugaku abriendo el
medallón frente a la cara de Minato. – Ese doncel, es mi hijo, Minato y tiene
un hermano que quizás esté muerto pero aún sabiendo esto, no sé cómo hacer para
conocerlo. – Reveló por fin Fugaku.
–
Esto… esto… esto no puede ser. – Farfulló Minato pensando en todo lo que había
hecho y pensado hacer a Itachi. – “Yo no
sabía. He sido un inconsciente.” – Pensó Minato antes de mirar a Fugaku
para levantar sus brazos al aire cada uno a un lado. – Fugaku, por favor,
golpéame lo más fuerte que puedas y saca tu dolor en tus puños.
– ¿¡De
qué hablas!?. No voy a pegarte.
–
Hazlo, sabes lo que hice para quitarle el medallón a Itachi. – Exigió Minato.
– Lo
sé pero no puedo hacerlo cuando yo mismo he permitido que todo este tiempo
estuvieses haciendo ese tipo de actos. – Explicó Fugaku mirando a su amigo.
– Hazlo
por la amistad que tenemos, si alguien tiene que darme una paliza por mi
comportamiento quiero que seas tú. – Rogó Minato.
– ¡Basta
Minato!. No voy a golpearte por mucho que me lo pidas.
– Me
he vuelto a meter en la cama de Itachi, en estos días que no me has visto he
estado deshonrándolo y hoy lo dejé aquí solo para estar con otras mujeres y
donceles. Cuando volví, ¡nuevamente me metí en su cama!. ¡Lo deshonre!. –
Terminó gritando Minato dejando que un
incómodo y molesto silencio se instalara entre ellos.
–
¿Cómo has podido hacer eso a un doncel que lleva mi sangre?. – Peguntó muy
despacio Fugaku. – ¿¡CÓMO!?. – Gritó enfurecido Fugaku antes de comenzar a
darle puñetazos a Minato que no se defendía ni evadía los golpes sintiendo cada
uno de los puñetazos en su cuerpo.
– Sí…
soy un maldito… – Consiguió pronunciar Minato entre todo los golpes que estaba
recibiendo.
–
¡No!. – Rompió todo lo que en aquella habitación estaba ocurriendo aquel
aullido horrorizado de Itachi, quien se había despertado por los gritos y
vestido tan rápido como pudo para ver como Jin estaba golpeando a Kurama. –¡NO LO GOLPEE MÁS!. – Volvió a Gritar Itachi mientras se abrazaba al magullado
cuerpo de Kurama. – No sé lo que ha pasado pero no continúe golpeándole.
–
¡Cállate, Itachi! Esto es un asunto de Jin y yo. Un problema de hombres y un
doncel no tiene que meterse, así que aparta y déjanos solucionarlo a nuestra
manera. – Ordenó Minato.
– No
me importa, yo no quiero que esto continúe y no me apartaré de tu lado, no
quiero ver como sigue dándote puñetazos y no te defiendes. – Acotó con
desesperación abrazándose más a Kurama.
Fugaku
que estaba observando todo aquello, no pudo evitar ver los ojos brillantes de
Itachi y ver como Minato tenía una mirada diferente a otras ocasiones. Fugaku
estaba seguro que algo había cambiado en su amigo y una parte de él agradeció
que ese cambió de bien fuese causado por Itachi, así que Fugaku no podría
continuar golpeando a Minato, no después de ver lo que había entre ellos.
Fugaku
suspiró y se encaminó sin decir nada a su habitación, dejado a Minato e Itachi
confundidos.
– Espera,
Jin no hemos terminado de…
– Si
que hemos terminado, amigo, y váyanse a dormir. No quiero ver como el doncel se
preocupa por ti. – Respondió Fugaku dando su aprobación a que estuviera con
Itachi pero al mismo tiempo, advirtiéndole de que no hiciera sufrir al doncel.
Minato
estaba sorprendido porque con aquellas palabras Fugaku le estaba dando su
permiso para estar con Itachi y sin saber el por qué una parte de él se había
puesto muy alegre aunque Itachi no entendió lo que allí había ocurrido frente a
él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario