-Noches.-
Gaara
por fin había encontrado una buena casa y aunque no era tan grande como la de
Naruto, era lo suficiente grande para poder formar su familia en ella y que a
Sai le iba a gustar.
Antes
de comenzar con la reforma de su futura morada, Gaara había llamado a Naruto
para que le ayudara a valorar el estado del edificio y se alegró cuando su
amigo le comunicó que las columnas y las vigas de madera de la casa no estaban
podridas ni con termitas pero que debía apresurarse en arreglar el tejado.
Aunque,
por supuesto, Gaara le había rogado a Naruto para que le ayudase a reconstruir
su casa ya que era muy hábil con la madera.
Naruto
aceptó como una forma de devolverle el favor a Gaara por ayudarlo a convencer a
su familia para que se hicieran cargo de Sasuke aunque le fuera un suplicio el
estar trabajado de más porque no podría visitar a su amado y no lo vería hasta
el día de la boda.
El
tejado le fue muy duro de reparar y es que casi todas las tejas de madera
estaban podridas y Gaara tuvo que comprarlas nuevas para hacer el tejado aunque
gracias a Naruto pudo adquirirlas tejas a un precio más bajo.
Poco a
poco la casa iba terminándose y la boda de los mozos se acercaba pero Naruto
era quien estaba sufriendo las consecuencias de estar ayudando a Gaara, hacía
semanas que no veía a Sasuke, a pesar de estar deseando el dirigirse hacia los
negocios de los Sabaku y ver como estaba ya que sabía que como había pasado en
todo su cortejo, no podría hablar con él pero al menos podría verlo.
Cuando
por fin ya estuvieron a unos días para la boda, Naruto le había entregado una
bolsita con dinero a Gaara para que se lo diese a su madre por los gastos de
Sasuke y que, también, para los gasto
que requería la iglesia y la comida de la celebración.
–
Naruto, discúlpame. – Dijo Gaara guardando la bolsa que su amigo le había
entregado. – Sé que por mi culpa no has podido ir a ver a Sasuke en todo este
tiempo y dentro de unos días estarás contrayendo nupcias con él.
– No
te inquietes. Además, quiero agradecerte de esta forma el que tu familia y tú
os hayáis hecho cargo de Sasuke mientras yo no estaba en esta ciudad. – Le
respondió Naruto con una sonrisa a su amigo mientras se secaba el sudor de su
frente. – También, eres mi amigo y no me es ninguna molestia el estar ayudándote,
tú también me ayudaste a mí a terminar mi casa.
– Sí
pero no fue tanto como la ayuda que tú me has brindado.
– Deja
de decir sandeces, Gaara. – Reprochó Naruto antes de marcharse y dejar solo a
su amigo que estaba barriendo la habitación que ese día habían terminado
reparar y amueblar.
Cuando
Gaara llegó a la posada se encontró con su madre en el mostrador, así que
rebuscó en su ropa hasta encontrar la bolsita con dinero que Naruto le había
entregado.
–
¡Buena noche, Gaara!.
–
¡Buena noche, madre!. Esto me lo dio Naruto para pagar los gastos que os ha
ocasionado Sasuke. – Dijo Gaara dejando la bolsita sobre el mostrador que su
madre se apresuró a abrir.
El
aprendiz de herrero observó como su madre comenzaba a sacar las monedas y a
contarlas.
– Naruto
os ha entregado más de lo que habéis gastado usted con Sasuke y si le aunamos
la gran ayuda que ha sido el doncel para estos negocios, está claro que ese
dinero es mucha más de lo que se requiere para pagar los gastos de Sasuke. –
Habló el mozo un poco molesto por la actitud de su madre. – Sé que le habéis
entregado la mano de Sasuke porque pensáis que han pecado carnalmente pero no
ha sido ha así.
– Sé
que he sido dura con su cortejo, Gaara pero no ha sido ese el motivo de que accediera
a su petición. No seas tan duro conmigo, hijo porque me preocupe de Sasuke como
otro de mis hijos. – Confesó con afición Karura.
–
Naruto puede mantener a Sasuke. Él ama a ese doncel más que a su vida, lo puedo
ver porque yo siento lo mismo por Sai y es injusto que vuestros prejuicios lo
estén torturando de la manera que lo hacen. – Espetó Gaara.
– ¿Por
qué no puedes ser un poco más comprensivo con tu madre?. – Preguntó la mujer
con deseos de llorar por el trato que su hijo le estaba dando. – Intento ser amable
y compresiva con tu amigo.
– Yo…
lo siento, madre. No sé lo que últimamente me ocurre, estoy bastante nervioso
con todo y parece que no voy a terminar la casa a tiempo. – Se disculpó Gaara al
percatarse del rostro de su madre.
–
Hijo, todo saldrá bien y no te agites, puedo entender un poco tu
comportamiento. – Le respondió Karura limpiándose las pocas lágrimas que habían
escapado de sus ojos.
–
Gracias, madre y, sinceramente, lamento el estar descargando mi frustración en
usted. – Terminó de hablar Gaara para marcharse hacia la cocina mirando al
suelo mientras se sentía mal por haberle hablado de aquella manera a su madre.
Cuando
Gaara llegó a la cocina, solo se encontró con su padre porque Kankuro se había
ido a dormir ya que habían tenido que cerrar la taberna debido a la escasa
clientela.
–
Gaara. – Fue lo único que dijo el hombre al ver como había entrado su hijo a la
cocina y es que no necesitaba hacer la pregunta para saber que Gaara
comprendería.
–
Padre, creo que hoy no me siento bien como para cenar. Lo siento. – Habló para
marcharse a su habitación dejando a su progenitor preocupado.
Los
días que faltaban para la boda pasaron en un santiamén y para regocijo y
tranquilidad del menor de los Sabaku, Naruto y él habían conseguido terminar de
reconstruir la última habitación que faltaba y la cual era la más importante,
el dormitorio principal. Incluso, Gaara se apresuro en llevar sus ropas y
enceres como los de Sai a su casa horas antes de contraer matrimonio.
El
aprendiz de herrero no pudo evitar estar nervioso en espera de Sai y hasta se
llegó a quejar de la tardanza de su futuro esposo pero sus quejas terminaron
cuando por la gran puerta de la iglesia apareció Sai vistiendo ropas nuevas con
un sutil candor en su rostro.
Después
de haberse esposado con su amado, Gaara cogió de la mano a Sai para llevarlo
hasta la taberna y apenas le importó cuando al tropezar el doncel se abrazó a
él hasta llegar al edificio, pues Gaara estaba demasiado feliz de haberse
casado por fin con Sai que ni siquiera notó el estado tan dócil del doncel y,
mucho menos, de la extraña infusión que no dejaba de beber.
Cuando
por fin Gaara llegó a la que sería su casa a partir de ese momento y después de
despedirse de Naruto. El hombre recién casado ayudó a bajar a su esposado del
caballo pero Sai estaba demasiado obnubilado a causa de la infusión que había
tomado y al bajar del equino tiró a Gaara al suelo con él encima.
El
caballo ante el brusco movimiento de sus amos relinchó y se apartó de los
recién casados.
Cuando
Gaara iba levantarse, se percató que tenía a Sai abrazado a su torso y no
dejaba de moverse sobre su ingle y no fue hasta que el aprendiz de herrero
consiguió sentarse que se percató de la excitación de Sai cuando sintió como el
miembro del doncel chocar con su estómago.
– Sai…
tú… – Musitó tragando saliva Gaara pero como respuesta, sintió como su boca fue
besada fogosamente y entre gemidos departe del doncel.
Sin
embargo, Gaara estaba siendo absorbido por sus deseos carnales y dejándose
llevar por sus bajos instinto, llevó sus manos hasta las nalgas de Sai para
comenzar a frotarlas deliberadamente como nunca había tenido ocasión de hacer
con un doncel pero si con multitudes de sus conquistas femeninas en mitad del
sexo.
Sai se
apartó un poco y emitió un grito de placer al aire sin dejar de moverse sobre
su marido mientras sentía aquellas briosas manos estrujando sus nalgas con
tanto descaro y habilidad.
Cuando
Sai se separó de la boca de Gaara, este aprovechó para reír maliciosamente
antes de rodar sus manos y meterlas bajo las telas y sin ningún cuidado,
introdujo un dedo en el interior de Sai asiendo que este saltara ante la
repentina intromisión pero sin permitirle volver a gritar porque había cazado
sus labios en otro beso.
– Sai…
tócame. – Pidió con voz ansiosa a su marido pero este parecía no entenderlo y
solo estar más preocupado por el placer que le estaba dando con su dedo
retorciéndose en el ano del doncel. – ¡Maldita sea, Sai! ¡Tócame de una vez o
te tomó como si fueras un doncel indecente!. – Gritó con enfado al escuchar
como Sai gimió con fuerza a causa de llegar a su primer orgasmo gracias a su
dedo mientras se agarraba de los hombros de Gaara con fuerza y estiraba su
cuello hacia atrás.
Sin
embargo, el que Sai no pareciera escuchara a Gaara, molestó de sobre manera al
aprendiz de herrero que olvidándose que estaba en el establo, sacó su dedo del
interior de Sai para arrancarle y romper la ropa de su esposo para sin ningún
remordimiento, liberar su apretujado pene que introdujo con un poco de esfuerzo
en el interior del doncel, debido a lo estrecho que era.
Lágrimas
comenzaron a salir del rostro de Sai sin poder detener su cuerpo a que
descendiese por todo el pene de Gaara hasta que estuvo en su interior por
completo.
–
Espera… – Rogó Sai mientras se miraba y tocaba con una de sus manos su vientre
mientras que con su otra mano se sujetaba del hombro de su cónyuge. – Lo
siento… – Balbuceó cerrando los ojos.
Gaara
se quedó observando al doncel porque no entendía sus reacciones hasta que ya no
lo soportó más y se levantó del suelo
con Sai abrazado a él y los pies del doncel enredados en su cuerpo para
llevarlo hasta la pared de madera del establo.
Cuando
Sai tuvo la espalda pegada a la rugosa madera de abeto, sintió como Gaara
comenzó a salir pero no del todo para arremeter con fuerza en él y antes de que
pudiera gritar un quejido debido a la rudeza de su esposo, su boca fue cazada y
por la del hombre con el que se había casado.
Gaara
no podía parar de moverse fuerte y frenéticamente en Sai aun y cuando el doncel
había alcanzado el orgasmo él continuó hasta que fue él mismo presa del clímax
y liberarlo en el interior de su esposo.
Ambos
jóvenes tenían la respiración agitada y sus ojos fijos en el contrario pero
Gaara no soltó a Sai, ni por un momento, cuando de repente sintió una de las
manos de su esposo rodar por su piel con tal suavidad que parecía una larga
pluma de una majestuosa ave. La mano del doncel
bajo más allá de lo que Gaara había imaginado y sintió como tocó la base
de su miembro humedecido por su semen, sudor y la sangre junto a los fluidos
del propio Sai para luego, volver a llevarla a su barriga.
–
Siento… aquí… – Susurró el doncel con una sonrisa antes de desmayarse en
aquella postura.
Gaara
ante el repentino desvanecimiento de su esposó, se asustó que incluso, su excitación
desapareció.
– Sai…
¡Sai!. – Terminó gritando el nombre de su amado para sacar su pene del doncel y
en ese instante, se percató de lo brusco que había sido con su esposo y lo irresponsable,
pues era consciente que Sai era puro y ese momento debía ser cuidadoso pero
había perdido el razonamiento para dejarse llevar por sus instintos.
Gaara
llevó a Sai hasta el baño para dejarlo dentro de la bañera de piedra y madera
de roble antes de ir a la cocina para calentar agua que llevaría a la bañera.
El aprendiz
de herrero no dejaba de insultarse a sí mismo mientras limpiaba el cuerpo de
Sai para luego, llevarlo a la cama matrimonial y acostarlo mientras daba
vueltas a la habitación con temor de haberlo dañado mucho y para colmo de males,
no sabía porque el pene de Sai continuaba erguido.
Gaara
había pasado la noche despierto, reprendiéndose constantemente a sí mismo y
comprobando a cada momento el pulso de su esposo para comprobar que el doncel
seguía con vida.
–
Gaara… – La voz seca de Sai sonó en aquella habitación a pleno día y esto
alertó al hombre que corrió a su lado con lágrimas en los ojos.
– ¡Sai, Sai! Lo siento, Sai pensé
que te había perdido. ¡No vuelvas a dejar que te trate así y si necesitas
golpearme con algo, hazlo! ¡Dios, gracias por dejarlo a mi lado! ¡Sai!. –
Exclamaba y se disculpaba constantemente Gaara mientras las lágrimas rodaban
por su mejilla.
–
Gaara, me duele mucho… – Susurró el doncel de pronto haciendo una mueca de
dolor mientras se tocaba su abdomen con las manos y comenzaba a llorar. – Me
duele…
– Lo
siento, sé que es mi culpa. Fui un imprudente, era tu primera vez y debía ser
más atento contigo. – Se disculpaba Gaara.
– Me
arde, Gaara. – Comenzó a llorar Sai cuando repentinamente sintió como comenzaba
a tener arcadas e iba levantarse pero debido al repentino dolor de su
retaguardia volvió a caer sobre la cama y sin poder evitarlo, se vomitó encima,
provocando que el llanto del doncel se intensificara.
Completamente
asustado, el aprendiz de herrero cogió a su esposo en brazos y lo llevó
nuevamente en el baño, donde volvió a vomitar.
Sin
nadie que ayudase al matrimonio, Gaara se ocupó todo ese día de Sai, el cual a
penas comió porque con los vómitos se le había quitado el apetito.
Al día
siguiente, Sai se despertó de mejor estado aunque aún su trasero le causaba
molestias, su dolor de tripa lo había abandonado y eso lo reconfortaba.
Gaara
le había preparado el desayuno, el almuerzo y hasta la cena a Sai e incluso, le
dio de comer en la boca como si de un niño pequeño se tratase pero en ese
momento, que el hombre de pelo rojo estaba acostado a su lado abrazándolo, Sai
se sentía incómodo.
–
Gaara. – Llamó en voz baja a su marido que respondió con un gruñido. – ¿Qué es…
la prueba de fe?. – Preguntó sonrojado.
– ¿¡Qué!?
– Inquirió sin entender Gaara a que se refería su esposo.
– Tu
madre, antes de casarnos, nos dijo a Sasuke y a mí que los hombres piden a sus
consortes algo especial, que las mujeres y donceles debemos entregar, una
prueba que yo debo pasar para que sepas que soy puro pero antes de casarnos
nosotros ya habíamos pecado. Tú y yo nos hemos besados muchas beses, así que no
sé si he podido superar esa prueba de fe aunque tomé mucho de aquella agua
rosada. – Se explicó Sai sintiendo como el cuerpo de Gaara se tensaba a su
espalda.
Gaara
tenía los ojos cerrados con fuerza y su mandíbula apretada porque ahora
comprendía el estado de Sai y el por qué cuando despertó le dolía su barriga y
vomitaba.
–
¿Gaara?. – Llamó Sai con preocupación a su marido ya que no respondía.
– Sai,
no quiero que vuelvas beber ninguna agua de hierbas de color rojo, rosa o de
aspecto extraño porque fue por esa agua que ayer te pasaste todo el día
enfermo. – Ordenó Gaara al mismo tiempo que giraba al doncel. Aunque no podía
verle la cara podía sentí la respiración de su esposo colisionar contra su
rostro. – La prueba de fe de la que te habló mi madre, fue lo que ocurrió la
noche de hace dos días. Ella te hablaba de lo que hicimos en el establo y de lo
cual, me lamento por ser tan poco cuidadoso.
– ¿Por
qué es que fallé en eso? ¿y qué fue lo que sucedió?. – Preguntó inocentemente
un confundido Sai.
– ¿No
lo recuerdas?.
– No,
no recuerdo haber hecho esa prueba. Recuerdo la conversación de tu madre,
nuestra boda y cuando regresamos a comer en la taberna… pensé que me había
dormido y me trajiste aquí a nuestra casa. – Confesó el doncel.
– Sai,
cuando te traje aquí ambos terminamos de completar nuestro casamiento, es por
eso que te duele aquí. – Susurró descaradamente Gaara mientras adentraba una de
sus manos entre las ropas de Sai para palpar el pequeño orificio que se
contrajo ante el tacto. – Yo entré ahí, es por eso que estas muy sensible.
– ¿Y…
lo hice bien?. – Preguntó avergonzado Sai.
– Lo
hiciste perfecto pero yo no, no fui muy benévolo contigo. – Farfulló Gaara sin
dejar de acariciar sobre aquel lugar.
– ¿Y…
podemos volver hacerlo otra vez?. Así, lo harás bien. – Murmuró Sai antes de
besar a su esposo en los labios en medio de la oscuridad.
En
medio del beso Gaara sintió como Sai estaba excitándose, al igual que él, y su
esposo comenzaba a relajar los músculos de su trasero por lo que no se demoró
en introducir su digitó en aquel apretado lugar para moverlo.
Sai se
separó asustado ante lo que Gaara había acabado de hacer y aprisionó el dedo de
su esposo en su interior pero eso, no impedía que continuara moviéndose.
– No
te asustes, Sai. Deja que me ocupe, te prometo que seré gentil. – Susurró para
volver a capturar los labios del doncel.
Cuando
Gaara había terminado de ensanchar el ano de Sai, se introdujo en el lentamente
aunque al principio solo metía y sacaba el glande de su pene, Gaara iba
profundizado poco a poco su sexo en Sai hasta que consiguió estar completamente
dentro del doncel sin parar de envestir.
Sai
gemía ante aquel placer que no recordaba haber tenido en la noche del día que
se casó con el hombre que amaba.
Gaara
jadeaba mientras sonreía porque aquellos gemidos de Sai eran muy diferentes a
lo de la otra noche y queriendo escuchar a su esposo un poco más fuerte,
acompañó sus envestidas que le propinaba al doncel con una masturbación.
Sai no
tardó en alcanzar el orgasmo cuando su marido había comenzado a masturbarlo al
mismo ritmo que las penetraciones, apretando a Gaara que seguía moviéndose
hasta que finalmente, sintió como en su interior se llenaba de algo cálido al
mismo tiempo que su marido gemía.
Gaara
salió con cuidado de Sai y apartó aquella pierna del doncel que había subido en
uno de sus hombros para agarrar la manta y abrigarse junto a su consorte, al
cual abrazó posesivamente.
– ¿Te
ha gustado, Sai?. – Cuestionó Gaara.
– Sé
siente bien. – Contestó al hombre que lo abrazaba para llevar su mano hasta su
vientre. – Pero ahora no siento ese calor, me agradó mucho sentir aquel calor
que parecía llenar mi vientre de hace un instante. – Comentó con inocencia Sai.
–
Puede que ese calor nos traiga un hijo algún día y lo sentirás más veces, Sai.
– Musitó Gaara antes de bostezar y caer en el mundo de Morfeo junto a su
esposo.
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