-¿Qué hacer?.-
…Calles de Konoha…
Naruto
corría con Sasuke en su espalda siendo seguido de Moegi, que iba llorando y
pidiendo perdón entre los sollozos.
Giraron
a la izquierda al abandonar el templo del Fuego y atravesaron un pequeño puente
de madera saliendo a una de las vías donde el rubio se detuvo y buscó con sus
azules ojos un taxi hasta que finalmente divisó uno.
Se
adelantó unos pasos para poder detenerlo sintiendo como la de cabello naranja
se sujetaba de su camisa.
Cuando,
finalmente consiguió detener el vehículo, se adentraron en el asiento trasero.
El interior del taxi olía a tabaco y cuero, haciendo que la adolescente
arrugara un poco la nariz con desagrado al captar el fuerte olor.
– ¡Buenos
días, jóvenes!, ¿a dónde os llevo?. – Preguntó el chofer con una sonrisa
mostrando todos sus amarillos dientes.
El
taxista era un anciano con un espeso bigote blanco que desentonaba con su pelo
negro y varios kilos de más.
–
Moegi, dile al señor por donde queda la casa de la mujer de cabello rosa. – Le
pidió Naruto abrazando a su novio que había quitado de su espalda para
acomodarlo en el asiento del automóvil.
–
Pe... pero yo… no recuerdo…el nombre de la calle. – Confesó sin mostrarle sus
ojos. – Solo sé que quedaba cerca del parque Binju. – Dijo calmando su llanto y
limpiando la humedad de su cara.
–
Llévenos al parque Binju. – Ordenó al anciano que asintió con su cabeza un poco
dudoso por sus actuales clientes mirando por el retrovisor interior al chico
desmayado con preocupación.
– ¿No
sería mejor acercarlos a un hospital?. – Opinó el taxista observando al moreno
desmayado. – Su amigo no parece estar bien.
– No,
no se preocupe. Solo llévenos al parque Binju. – Insistió el Uzumaki, un
hospital era tan peligroso como regresar al templo del que acababan de huir.
El
anciano no volvió a decir nada y se dirigió al destino que le marcó el de ojos
azules.
…En el local con aspecto abandonado ~
Konoha…
Haku
se encontraba sentado en un taburete junto a la cama en la que Zabusa reposaba.
El de cabello largo miraba el rostro apacible de Momochi que descansaba para
poder recuperarse.
Acarició
el cabello oscuro notando aun la elevada temperatura, por suerte ya no era tan
alta como en la noche.
Luego,
dirigió sus castaños ojos a las vendas que cubrían sus heridas que ya habían
dejado de sangrar.
Haku
apretó sus labios ante la imagen que presentaba uno de los mejores rastreadores
de la organización Raíz para después suspirar con fuerza debido al cansancio de
estar cuidando del mayor en esa especie de refugio que tenia la organización,
conocido por los rastreadores como la base 5.
– Ha-Haku…–
Llamó Momochi entre sueños.
–
Tranquilo Zabusa, estoy aquí. Contigo. – Susurró en el oído del mayor cogiendo
una de las manos de Zabusa entre las suyas para hacerle saber que estaba a su
lado.
Haku
se levantó del taburete para inclinarse y poder besar los labios de Zabusa en
un ligero roce sin deshacer el agarre de su mano con la de su compañero.
…Sótano del casino Tres Lunas ~ Konoha…
En la
sala solo se encontraban algunos de miembros del grupo.
–
¿Vosotros que pensáis de todo este asunto?. – Preguntó Kisame recostado sobre
un sofá mirando a los presentes.
– A mí
no me gusta nada. – Habló Deidara que peinaba su largo cabello rubio. – Es
cierto que me encantaría darle una buena patada en el culo a Raíz pero no creo
que ese chico sea tan importante, hum… – Añadió sin dejar de peinarse.
– Yo
opino igual, con lo respecto de joder a Raíz. – Comentó Hidan. – Pero no sé si
creer en que nos ayudará ese suero a nosotros. Es muy poco probable que tenga
en su poder esa jodida muestra.
– Al
menos con el suero sabríamos que ha sido lo que ha estado tramando Raíz en
todos estos años y si son ciertos todos esos rumores infundidos, sin la
necesidad de entrar en CING. – Irrumpió Sasori jugueteando en el suelo con una
pequeña marioneta de madera a la que hacía bailar.
– Bueno,
los de las mutaciones es cierto. Se han dado demasiados casos y lo hemos
comprobado en más de una ocasión. – Comentó Kisame mirando al chico apoyado en
la pared con la cabeza baja y los ojos cerrados en actitud de estar meditando. –
¿Y tú qué piensas Itachi?. – Le preguntó
al hombre que parecía no querer aportar sus pensamientos al tema que estaban
charlando.
– Da
igual lo que yo piense o deje de pensar cuando la decisión ya está tomada. –
Habló sin siquiera mirarlos para abandonar el lugar.
…Calles de Konoha…
Era la
tercera ves que escuchaba sus huesos crujir debido a que Sai la había pasado
durmiendo en ese callejón y a para colmo, aún le dolía el trasero recordándole
lo sufrido en la noche.
+_+_+_Flash back +_+_+_
– Y
yo, que quería verte. – Murmuró Sai para él.
–
Gracias encanto, yo también deseaba encontrarte. – Habló un hombre más alto que
él, pegando su cuerpo al moreno.
Sai
sintió la erección apretada en su espalda haciendo aparecer todas sus alarmas.
– ¡APÁRTATE!.
– Gritó pero una risotada del desconocido lo hizo estremecer de pánico e
intentó girar su rostro para ver a su agresor pero sólo consiguió ver unos
mechones de pelo azul claro porque una mano lo estampó contra la pared
impidiendo que viera el rostro de aquel hombre.
–
Tranquilito, guapo. – Susurró en su oído. – Estoy seguro que te va a gusta y
acabaras pidiendo más. – Terminó mordiendo el lóbulo de la oreja de Sai e
introdujo una mano para tocar su entrepierna con brusquedad.
Sai
estaba nervioso y asustado, ya que no podía usar su poder porque su don se
volvía inútil al no poder hacer contacto visual con los ojos contrarios.
El
moreno comenzaba a sentir la humedad excesiva en sus retinas, indicándole que
pronto esta escaparían por sus mejillas en forma de lágrimas, y un fuerte nudo
en la garganta al ser apresado sin opción de defenderse porque era consciente
de que si pedía ayuda podría haber algún rastreador cerca para llevarlo de
nuevo al centro de Raíz, situado en aquella maldita isla de la logró escapar
tras años de encierro.
– ¡DÉJAME!.
– Aulló Sai lastimeramente mientras forcejeaba para poder huir del desconocido.
– ¿Por
qué debería hacerlo?. Si te esta gustando. – Comentó antes de darle un pequeño
mordisco en el blanco cuello sin dejar de estimular el semierecto pene que a
disgusto de su dueño reaccionaba a las agresivas caricias.
Un
sollozo ahogado combinado con gemidos que escapaban de la boca de Sai fue lo
que estaba provocando los nervios y el miedo en su cuerpo.
Sai no
dejaba de sentir como su agresor movía su mano en su miembro y apretaba su
ingle en él, mostrándole su ansiedad.
–
Pareces que ya estas listo. – Dijo sintiendo la humedad en la mano con la que
masajeaba con violencia el sexo de su presa.
– No… lo hagas… por favor…– Pidió llorando el confusor.
Sin
embargo, el desconocido hizo caso omiso quitándole los pantalones e impidiendo
verle a la cara porque seguía oprimiendo su cabeza en la pared de aquel oscuro
y solitario callejón en el que se encontraba.
Sai gritó
desgarradoramente, al sentir el violento ultraje a su cuerpo y excitando más a
la persona que estaba abusando de él, hundiéndose en su cuerpo y dañándolo.
Los
jadeos del individuo que eran acompañados de palabras obscenas y groseras, solo
provocaban nauseas en Sai, quien estaba sangrando y siendo herido a cada
embestida.
Sai se
sentía morir con cada envestida y cuando su agresor llegó al clímax mojando su
interior no pudo evitar desmayarse por el fuerte dolor y agotamiento.
Cuando
despertó era de día y estaba desnudo con las piernas abiertas. Tenía la piel de
sus muslos cubiertos de sangre y semen reseco en medio de aquel callejón, sin
hacer mención a todas aquellas marcas que cubrían su blanca piel y no eran causadas
por los golpes de los rastreadores que lo tuvieron cautivo.
+_+_+_End flash back +_+_+_
–
Seguro ese maldito se divirtió conmigo hasta el cansancio. – Farfullaba Sai
sintiendo que iba nuevamente a llorar mientras que apresuraba sus pasos con dolor.
…Mansión Hyuuga ~ Konoha…
–
Hiashi. – Llamó. – Estoy preocupado por lo que le encomendaste a mi hijo y mis
sobrinas. – Comentó alejándose de su hermano.
– No
te preocupes, Hizashi. Bien sabes que son los mejores del clan a pesar de su
juventud. – Habló abrazando a su hermano por la espalda. – Este trabajito solo será como un sencillo juego para
ellos que le ayudará en su crecimiento como líderes del clan. – Argumentó su
decisión de mandar a los jóvenes para que cumplieran el trabajo.
– Pero
eso no le quita el riesgo. Recuerda que estamos hablando de Raíz. Esos malditos
que solo piensan en nosotros como objetos de investigación. – Reveló
deshaciendo el abrazo y apartándose del otro hombre.
Hiashi
iba a responder cuando el teléfono comenzó a sonar. Con desagrado se dirigió al
molesto aparato.
– ¡Diga!.
– Habló sin mirar el número que aparecía en la pantalla del teléfono. – ¿Neji?.
Hizashi
al escuchar el nombre de su único hijo, se acercó para intentar oir la charla
teléfonica.
– ¿Qué
ocurre?. – Hubo un silencio en lo que el líder del clan Hyuuga frunció el
entrecejo. – ¿¡Los Hebi!?. No es raro que se hayan enterado, ha de interesarle
también. – Otra pausa. – Entiendo y ¿cómo estáis vosotros?. – Otro silencio desesperante
donde Neji le respondía al líder de los Hyuuga. – Está bien. – Terminó colgando
el aparato con fuerza.
–
Hermano, ¿qué sucede?. – Inquirió Hizashi pero su gemelo no le respondió, tan
solo se marchó y lo dejó solo en el interior del enorme despacho.
…Calles de Konoha…
Sai
caminaba pegado a la pared porque sabía que si se despegaba del muro se
tambalearía y acabaría cayendo al suelo ya que su cuerpo se encontraba débil.
El
confusor estaba en sus límites, no podía aguantar más el dolor de su cuerpo que
le hacía desfallecer. Además, estaba seguro que sentía humedad en su trasero,
probablemente su propia sangre, porque no dudaba que aun estuviese sangrando a
causa del brutal abuso. Esto le causaba una arcada de asco cada vez que
recordaba lo sucedido.
Él
solo quería un baño y limpiar con un buen cepillo todo su cuerpo aunque las
cerdas del propio cepillo le causase arañazos y lastimara sus heridas pero el
sentirse sucio al ser tocado por ese asqueroso desconocido lo repugnaba, siendo
una tortura.
Sai se
acercó con dificultad a la escalera de un edificio donde tomó asiento.
Necesitaba descansar un momento. Necesitaba dormir y al despertar saber que
todo había sido una pesadilla cruel de su subconsciente.
…Isla Luna…
Shizune
tocó tres veces la puerta hasta que la masculina voz del interior de la
habitación le permitió la entrada.
Los
ojos de la morena se dirigieron al bulto de la cama que no permía ver qué o
quien se había bajo las mantas antes de hacer la rápida reverencia.
– ¿Me
ha llamado, señor?.
– Si,
cura sus heridas y ayúdala a que se dé un baño. – Ordenó Danzou terminando de
arreglarse. – También vístela y tráele algo de comer, es muy preciada como para
dejarla morir. – Terminó abandonando la alcoba.
A
Shizune no le dio tiempo de responder porque el anciano ya había abandonado el
cuarto cerrando la puerta al salir.
La
morena se acercó con cautela a aquel cuerpo y con lentitud retiró las mantas.
Shizune se llevó las manos a la boca horrorizada frente a lo que sus ojos
presenciaban.
…Calles de Konoha…
Sasuke
comenzaba a recobrar el conocimiento descubriendo que se encontraba en el
interior de un automóvil.
El
moreno parpadeó varias veces adaptando sus ojos a la luz y captando con su
nariz el asqueroso olor a tabaco mezclado con cuero. Sasuke sintió como su
estómago se removió y las náuseas lo invadieron, por lo que se llevó una mano a
la boca en el intento de reprimir el vómito que anunciaba por escapar y sentía
estar subiendo a su garganta.
–
Sasuke, por fin despiertas. – Susurró en la oreja del moreno Naruto que lo
miraba preocupado por la repentina palidez que tomó su rostro.
– Me
siento mal. Creo que voy a vomitar. – Le informó con dificultad el Uchiha.
– Ya
llegamos al parque Binju. – Anunció el conducto.
Sasuke
salió corriendo del automóvil en cuanto el taxi se detuvo para arrojar lo poco
que había en su estómago sobre el césped de uno de los jardines.
– Aquí
tiene, quédese con el cambio. – Dijo el Uzumaki dándole tres billetes
apresuradamente y salir tras su novio que seguía devolviendo todo su estómago.
Moegi
también abandono el vehículo acercándose a la pareja con nerviosismo.
…Almacén de la zona industrial ~ Konoha…
Orochimaru
entró a la habitación que había se había asignado su dormitorio principal y
decorado minuciosamente pero en la alcoba, no se encontraba la persona que
buscaba. Salió de la estancia cerrando la puerta y continuó con la búsqueda de
Jiraiya en las otras salas que había creado dentro de aquel almacén que había
adquirido hace muchos años atrás. Finalmente, llegó al laboratorio donde solo
estaba su hijo mayor, Kabuto, como siempre, haciendo algún experimento o
leyendo algún libro de ciencias o el estudio de algún científico.
–
Kabuto. – Llamó el moreno captando la atención del de gafas. – ¿Has visto a tu
padre?. – Preguntó llevando una de sus manos a la cintura.
– Hace
como media hora. Me dijo que iba a salir para despejarse un poco. – Respondió
Kabuto volviendo su atención hacia un frasco de color anaranjado que agitó.
– Ten
cuidado con eso. – Aconsejó Orochimaru dirigiéndose a la puerta de la sala con
el entrecejo fruncido ya que detestaba cada vez que Jiraiya se marchaba para
algún lugar sin decirle nada.
–
Dadá, antes de que te retires; Karin llamó bastante enfadada porque al parecer
los Hyuuga han decidido entrometerse. – Comunicó Kabuto revolviendo el
contenido de otro recipiente de cristal.
Tras
las palabras de su primogénito abandonó el cuarto apretando su mandíbula con
enfado, tanto por la escapada de su marido como por la noticia que le acababan
de comunicar.
…Calles de Konoha…
–
¡MALDITOS PERROS!. – Gritó Karin caminando junto a su hermano. – ¿Por qué nos
está pasando esto?. – Preguntó al aire la pelirroja con enfado. – Tuvieron que
aparecer esos malditos Hyuuga como si no tuviéramos suficiente con todos los
monjes que vinieron. Por su culpa escapó el rubio. – Gruñó apretando sus puños.
–
Cálmate hermana, estas llamando la atención de la gente. – Advirtió Kimimaru
con tranquilidad.
– ¿¡Y
qué más da!?. Solo son un puñado de curiosos. – Karin ladeó su cabeza para no
ver al de ojos verdes. – ¿Cómo puedes estar tan tranquilo?. – Habló en voz baja
la pelirroja de gafas.
– ¿Y de
qué me serviría alterarme?. – Respondió con otra pregunta a la de iris
escarlatas.
Karin
bufó apresurando sus pasos y adelantándose en el grupo.
…Casa de Sakura ~ Konoha…
La
mujer de pelo rosa estaba terminada de recoger la mesa mientras escuchaba a su
hija cantar la canción del programa infantil que estaba viendo en la
televisión.
Miró
el reloj de pared antes de suspirar, recordando que su esposo hoy no había
venido a almorzar. A pesar de ser sábado,
Juugo tuvo que ir a la fábrica en la que estaba trabajando.
Sakura
sacudió un poco su cabeza para despejar su mente y fue en busca de Aya pero
cuando ya había entrado en la sala el musical sonido del timbre le anunció que
había llegado alguien.
La de
ojos verdes desvió su camino dirigiéndose a la puerta principal de su casa para
al abrirla percatarse de que su amigo tenía el rostro más pálido de lo normal y
estaba recargado sobre el cuerpo de su novio, quien parecía ayudarlo a
permanecer en pie, junto a Moegi que tenía sus ojos hinchados, indicando que
había estado llorando.
–
¿Sa-Sasuke?. – Titubeó Sakura permitiendo la entrada a su casa a los
inesperados visitantes.
El
Uchiha emitió un débil gruñido como respuesta a la de cabello rosa.
–
Disculpa las molestias pero hemos tenido algunos problemas. – Habló Naruto
apresuradamente. – ¿Podrías usar tu poder en Sasuke?. – Pidió a la mujer que
parecía estar en shock.
– Está
enfermo desde antes de que nos encontraras en el callejón. – Aportó la
adolescente adentrándose en la casa y mirando como la dueña cerraba la puerta
después de que los tres se adentraran al interior del edificio.
–
Sígueme. – Le indicó al rubio que volvía a cargar al Uchiha. – Yo soy sanadora,
así que solo puedo curar sus heridas, no las enfermedades. Si está enfermo
deberías ir a un médico. – Le recordaba entrando en la habitación en la que
había estado Sasuke la vez anterior.
Naruto
recostó a su novio en la cama dejando que Sakura utilizara su poder pero las
heridas eran leves y por tanto, la mujer de cabello rosa no tardó mucho ayudar
al moreno aunque, eso no iba a retirar la enfermedad que estaba padeciendo
Sasuke.
–
Traeré algo para que comas. – Anunció la dueña de la casa antes de abandonar la
habitación. – Así te repondrás un poco pero debes de ir a un doctor si te
encuentras enfermo.
– Yo
voy contigo. – Habló Moegi saliendo junto a Sakura.
Naruto
se sentó en la cama y acercó su mano para acariciar el descolorido rostro de su
pareja.
– ¿Te
encuentras mejor?. – Preguntó el rubio.
Uchiha
asintió y retiró la mano que lo acariciaba para entrelazar sus dedos.
–
Naruto… creo saber lo que me ocurre. – Reveló el elemental observando el
contraste que hacía sus tonalidades de piel.
– ¿Lo
sabes?. – Naruto estaba sorprendido por esa respuesta viendo como su novio
apretaba su mano. – ¿Y por qué no me has dicho antes?. – El de ojos azules se
sentía molesto por la poca confianza que le tenía el moreno como para no
revelarle el que se encontraba mal antes de que su signos fueran preocupantes.
– Al
principio no estaba muy seguro… pero puede que…– Sasuke trago saliva con
dificultad, debido a que no sabía cómo iba a tomar sus palabras el rubio.
–
Sasuke, déjate de rodeos y confía en mí. Puedes contarme lo que sea. – Recordó
el Uzumaki cansado de tanto misterio y apretando la mano para darle seguridad.
–
Naruto, hay algo que no te he dicho pero no es porque no confíe en ti sino
porque la posibilidad de que pudiese ocurrirme es muy baja y cada vez que he
intentado o buscado el momento de hablarte sobre ello, no he podido decirte por
alguna interrupción o circunstancia imprevista. – Declaró devolviendo el
apretón. – Parece que soy un… gestador*. – Levantando la mirada para fijar sus
ojos en las contrarias.
Naruto
estaba sorprendido y estupefacto ante la noticia. Tal vez Sasuke estuviese
bromeando para animarlo y hacer que no se preocupara tanto porque el moreno no
tenía el aspecto de ser uno.
– ¿Es
una broma? Si se trata de eso no es nada divertido, Sasuke.
– Te
estoy diciendo la verdad, Naruto. Yo no bromeo con esto. – Habló molesto
mirando al rubio para luego suspirar, al comprender que la reacción del rubio
era normal ya que él mismo se había ocupado de no querer recordar el estigma
que podía generar en algunos miembros de su familia a causa de las mutaciones
producidas por los experimentos en personas con dones. – Mi abuelo, Madara,
estuvo capturado en los centros de investigación de Raíz hasta que consiguió escapar junto a dos
internos tras varios años de cautiverio. Yo simplemente soy el resultado de lo
que esa organización nos hace. – Confesó el moreno cerrando sus ojos al sentir
el escozor que indicaba que iba a llorar y por ello, giró su rostro en un
intento de que el rubio no lo viera así.
–
¡Deja esa mentira!. – Prácticamente le ordenó el de ojos azules deshaciendo el
agarre de su mano y levantándose de la cama. – ¿Por qué te empeñas en decirme
algo así?. – Suplicó con dolor en su voz. – Simplemente, mírate. No te has
comportado como gestador y me hubiera dado cuenta de eso… llevamos ya tiempo
conviviendo juntos como para no percatarme de las cualidades que presenta un
gestador.
–
¡Naruto, no estoy mintiendo!. – Exclamó apretando la tela de su pantalón aun
sin atreverse a mirar al rubio de nuevo.
– Por
favor Sasuke, deja de hablar así. – Pidió el de marquitas en los cachetes. –
Vivimos juntos desde hace dos años y tres meses y si fueses un gestador todos
los meses tendrías… bueno tu sabes, eso que también tienen las mujeres. –
Naruto comenzó a dar vueltas por el cuarto haciendo aspavientos con las manos.
– Y hemos tenido intimidad desde hace tres meses. – Recordó con frustración. –
Te he respetado y creo que también he demostrado que te amo de verdad para que
ahora salgas con esto. – El rubio se detuvo en medio de la alcoba y tomó una
gran bocanada de aire para soltarlo con fuerza. – Si lo que en realidad quieres
es que me largue y no volverme a ver en lo que te resta de vida o si es el caso
de que tengas miedo de acabar involucrado en el mismo destino que yo porque una
adolescente dice haber visto en sus predicciones la muerte. Mi muerte. – Apretó
con fuerza sus puños. – Podrías ser más honesto sin la necesidad de buscar una
excusa tan original como la de ser un gestador. – Argumentó con sus ojos
clavados en la figura del Uchiha.
– ¡ES
LA VERDAD!. – Gritó con desesperación sintiendo resbalar sus lágrimas de sus
ojos. – ¿Por qué no me crees?. Entiende de una vez que no te estoy mintiendo.
–
Porque eso no es verdad, porque no has dado señales de poseer ese tipo de
mutación en tu cuerpo aunque no pongo en duda la historia de tu abuelo. Mucha
gente que ha sido atrapada por Raiz ha generado cambios debidos a sus
experimentos. – Indicó sin apartar su mirada del moreno. – Solo te pido que
seas sincero y dejes todo esto de ser gestador. – Rogó a su pareja.
– Te
estoy diciendo que creo estar embarazado y no estoy mintiendo. – Levantó su
cabeza con sus ojos húmedos sintiéndose impotente ante esa confesión, que si
bien habían comenzado bien, ahora estaban discutiendo.
Naruto
miró aquellos ojos oscuros que mostraban dolor y rogaban el que creyera sus
palabras. Sin más que decir, Naruto se giró y abrió la puerta viendo a Sakura
paralizado tras esta con una bandeja en la mano.
La
mujer de ojos verdes traía algo de comida y Moegi estaba a su lado en el mismo
estado que la de cabello rosa.
Uzumaki
pasó al lado de las dos féminas sin siquiera prestarle atención alguna y
desapareció en el pasillo, en medió de aquel incómodo silencio que se rompió
con el portazo de la puerta principal, indicando que Naruto había abandonado la
casa.
…Calles de Konoha…
Neji
conducía con las manos apretadas en el volante. Su pálido rostro mostraba la
crispación que le provocó lo que hace unos instantes le ocurrió.
– No
te preocupes tanto primo, al menos ya sabemos quién es el zorro dorado. –
Comentó divertida Hanabi. – Lástima que estaban también esa escoria de los Hebi. – Dijo la adolescente con una mueca
divertida por todo lo que había ocurrido. – Aunque hay que admitir que todo se
puso muy entretenido cuando aparecieron los monjes del templo. – Emitió una
pequeña risita al recordar todo el alboroto sucedido.
Neji
entrecerró sus ojos con furia ante las palabras de la menor.
–
Hermana, mejor comentamos lo sucedido más tarde. – Pidió Hinata preocupada por
el comportamiento de su primo porque jamás le había visto tan enfadado como en
ese momento.
La
adolescente se encogió de hombros y concentró su atención a la ventanilla
cerrada del vehículo donde podía ver el exterior pero también su reflejo en el
cristal donde su sonrisa seguía en sus labios.
Aclaración de los términos:
*
Gestador/es: Se denomina con esta palabra a los hombre que sufren en sus genes
una mutación genética que le permite, al igual que la mujer, albergar una nueva
vida en su interior de sus vientres (concebir). También sufre la rutina
menstrual.
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