-¿Era él?.-
…Base 5 ~ Konoha…
Haku
se había dormido sobre la silla, cuando la puerta fue abierta dando un fuerte
golpe al chocar en la pared que consiguió despertar al de cabello largo de un
sobresalto.
El de
ojos castaños dirigió su mirada a la entrada donde se encontraba el causante de
su mal despertar. Descubriendo una curvada silueta que sin lugar a dudas,
pertenecía a una mujer que se adentró a la habitación cerrando la puerta tras
de sí.
– ¡Hola!,
me llamo Amaru. – Se presentó la recién llegada, era una pelirroja de ojos
azules con un lunar bajo su ojo derecho, que tendría aproximadamente su misma
edad. – Soy una sanadora de la organización y Raíz me ha encargado la
recuperación de tu compañero. – Reveló al sentir el escrutinio de Haku. – No te
preocupes soy una profesional y tu amigo estará persiguiendo a los escurridizos
ratoncitos en un abrir y cerrar de ojos. – Comentó divertida.
– No
estoy preocupado. – Respondió poniéndose de pie a un lado de la cama sin dejar
de observar a la pelirroja con recelo.
La
pelirroja ignoró al bajo hombre de cabello largo y se acercó al lecho. Acarició
el brazo de Zabusa antes de dedicarle una maliciosa sonrisa a Haku y subirse
velozmente sobre la cama.
Amaru
se posicionó sobre el cuerpo del herido. Sentándose sobre la ingle de Zabusa
con sus piernas a cada lado del cuerpo del Momochi ante la atenta mirada de
Haku y besar los labios gruesos del mayor que no estaban ocultos por las vendas
que usualmente cubrían el rostro del rastreador.
La
pelirroja volvió a erguirse detrás del beso sin apartar la pícara sonrisa de
sus labios y se movió de manera descarada sobre la entrepierna del herido con
la intención de despertar la excitación del hombre bajo ella.
Gemidos
desvergonzados escaparon de la pelirroja por su impúdica frotación sobre la
entrepierna del hombre mayor, sin importarle el estar siendo observada con
desagrado por el compañero del rastreador bajo su dominio.
–
¿Solo has venido para follar? O… ¿vas
hacer tu trabajo en algún momento?. – Inquirió Haku completamente enfadado y
con ansias asesinas de matar a esa mujer que parecía una farsante.
La
pelirroja dejó de moverse sobre el miembro en el que había conseguido crear una
pequeña erección.
– Que
mal carácter tienes, chico. – Habló para comenzar a desnudarse sin pudor alguno
frente al hombre de cabello largo. – Pero necesito hacerlo para poder utilizar
mi poder. Si eres un rastreador, debes saber que no todos exteriorizamos el
poder de la misma manera y especialmente los que poseen un don como el mío.
El hombre
de ojos castaños apretó sus puños dejando blanco sus nudillos ante las palabras
de la mujer por la que se sintió ofendido ya que era algo que sabía con creces
pero no podía evitar sentir celos de aquella escena.
– Soy
muy buena en mi trabajo pero solo puedo transferir mi poder de sanar mientras
lo hago ya que todo mi don se concentra aquí. – Reveló la mujer señalando su
vientre como si tal cosa mientras retiraba lo suficiente los pantalones y el
bóxer de Zabusa para dejar libre su pene semi-erecto. – Antes de que lo
sugieras, te aclaro que si que estoy sana y uso anticonceptivoz pero no puedo
usar preservativoz porque al utilizar un condón hace como una barrera entre la
persona que debo curar y mi don, lo que significa que no podría curar las
heridas de tu compañero. – Contó cogiendo el sexo del Momochi y auto penetrarse
frente a la vista del chico de cabello largo, sin poder evitar soltar un gemido
por la auto-intromisión a su cuerpo. – No estoy interesada en tu amigo… pero si
te molesta… puedes unirte… aunque eso me llevará… más tiempo cerrar sus
heridas… – Habló divertida Amaru sin dejar de cabalgar sobre Zabusa.
Haku
ante aquella proposición indecente, simplemente, abandonó la habitación dando
un fuerte portazo que hizo temblar las paredes en un intento de desprenderse de
la furia que lo estaba devorando por dentro.
–
¡Qué… carácter! – Comentó Amaru sin dejar su labor.
…Casa de Sakura ~ Konoha…
Moegi
se había acercado con sigilo a un lado de la mujer de cabello rosa mirando con
curiosidad a aquel hombre de pelo negro y piel clara, que intuía debía ser
excesivamente blanca, repleta de cardenales y rasguños. Incluso, la adolescente
pudo apreciar restos de sangre seca en las ropas del desconocido.
Era
casi imposible reconocer al moreno por la hinchazón en su rostro, por lo que la
muchacha de cabello naranja no dejaba de preguntarse cómo era que Naruto lo
había reconocido en ese estado.
…~…
Sakura
se arrodilló en el suelo y cerró sus ojos cuando el rubio desapareció de la
sala. La mujer de pelo rosa estiró sus brazos hasta tocar el pecho del extraño
que gimió de dolor ante el sutil contacto pero la dueña de la casa lo ignoró.
Después, Sakura se concentró y comenzó a acumular su poder en sus manos para
comenzar a transferirlo en el cuerpo de Sai.
Poco a
poco las heridas del cuerpo del hombre convaleciente se fueron cerrando y la
hinchazón de su rostro comenzó a desaparecer, así como las oscuras tonalidades
que tenían los cardenales en su cuerpo.
…~…
Moegi
se llevó las manos a la boca con sorpresa cuando reconoció el rostro del
desconocido al que Sakura estaba sanando pero su atención fue captada al
escuchar las voces de la pareja entrando a la cocina.
La
adolescente corrió hacía allí, a pesar de que sabía que ese no era el momento
oportuno para hablar de sus visiones pero tenía que contárselo porque no estaba
segura de cuanto más tiempo de calma tenían disponible.
…~…
Sasuke
ya se había sentado junto al rubio, ambos con un plato del estofado de cordero
que había preparado la dueña de la casa. Iban a llevarse el primer bocado a la
boca cuando una Moegi asustada se abalanzó en un abrazo a Naruto.
Uchiha
frunció el ceño ante la acción de la adolescente de cabello naranja.
– ¿No
ves qué estamos comiendo como para aguantar tus niñerías, mocosa?. – Masculló
el elemental con enfado.
–
Moegi, ¿me puedes soltar?. – Pidió con amabilidad el chico de marquitas en las
mejillas girándose en medio del agarre para mirar a la cara a la nieta de
Tsunade.
–
Tengo que deciros algo importante. – Habló apretando su abrazo y escondiendo su
cabeza en el cuerpo del Uzumaki.
–
¿Importante?. – Repitió el rubio patidifuso viendo como la pequeña vidente
asentía con la cabeza que había escondido en su pecho.
– ¿Y a
qué esperas?. – Gruñó Sasuke aún más molesto por la escena y con la esperanza
de que la cría dejase de toquetear al padre del hijo que esperaba.
– Ese
chico que has traído, es él. – Afirmó si soltarse del Uzumaki. – Es el chico de
mis visiones, el chico que todos buscan. – La pareja se sorprendió ante las
palabras de la muchacha.
–
¿Estás segura?. – Preguntó el hombre de ojos azules con algo de temor en su voz
para luego rápidamente mirar a Sasuke con preocupación.
– Sí.
– Confirmó la adolescente una vez más.
–
¿Chico?. – Preguntó el Uchiha sin entender mirando a su novio una vez que se le
pasó el shock y analizar lo dicho por la adolescente. – ¿Qué chico, Naruto?. –
Quiso saber.
– Un
antiguo conocido que encontré en la calle cuando venía de regreso, estaba en un
mal estado y no podía dejarlo así, por eso lo traje conmigo. – Reveló mirando a
su compañero. –Recordé que Sakura era una sanadora y podría ayudarlo con sus
heridas pero no sabía que era la persona de la que hablaba Moegi. – Le explicó
al Uchiha.
– ¿¡QUÉ!?.
– Pronunció estupefacto ante la respuesta del Uzumaki. – ¿Cómo te atreves a
traer a un desconocido a la casa de mi amiga?. Ella tiene familia, ¿sabes?. ¡No
puedes traer a cualquiera aquí!. – Se pasó con frustración una mano por el
cabello oscuro ante la idiotez de su novio.
– Lo
sé pero que querías que hiciese ¿qué lo dejase tirado en ese lugar?. – Le
preguntó frunciendo su entrecejo sin dejar de mirar a su pareja sabiendo que
había cometido un error pero no podía evitar el sentirse en una encrucijada ya
que tampoco podía dejar al otro hombre en aquel mal estado en el lugar que lo
encontró.
–
Haberlo llevado a un hospital y que ahí se encargasen de él. – Elevó su voz
mientras se levantaba de la silla.
Naruto
bajó la cabeza mirando sus manos que cerró y apretó sus puños con furia porque
en cierta forma, Sasuke tenía razón pero también se equivocaba.
Naruto
sabía que era el causante de que Sai estuviera en esa casa sin preocuparse en
la seguridad de la familia que lo habitaba porque la verdad, era que no había
visto al moreno desde hacía cinco años y no sabía en qué cosas estaba metido.
Realmente, para él, Sai era un completo desconocido, también.
– Yo…
lo siento. No pensé en esa posibilidad porque cuando lo vi solo me apareció en
la cabeza tu amiga y que él es portador de un don. Parece que lo único que hago
es meter la pata. – Comentó soltándose del abrazo de Moegi para levantarse y
dirigirse a la salida. – No te preocupes solo saldré un momento, necesito tomar
el aire. – Aclaró para no estresar a su amante más de lo que ya estaba y
sabiendo lo peligroso que era el estrés para personas embarazadas.
Sasuke
no dijo nada, ni siquiera intentó evitar la salida del rubio, solo se dejó caer
en la silla de madera mirando la comida en el plato, ya sin apetito.
–
Sasuke yo… lo siento, sabía que este no era el momento perfecto para deciros
pero…– Intentaba excusarse la adolescente no muy segura de sus palabras o de
cómo disculparse apropiadamente para el misterioso novio de Naruto.
– Da
igual. – Dijo sin mirar a la chica de ojos carbón. – Solo… puedes dejarme solo,
necesito un poco de espacio en este momento. – Pidió removiendo la comida del
plato frente a él.
– Sí…
claro. – Asintió con la cabeza Moegi al mismo tiempo para abandonar la cocina.
Sasuke
se acarició el vientre mientras intentaba apaciguar sus nervios por la
acalorada conversación.
– Perdónanos
y, sobretodo, perdona a tu padre por ser un idiota. – Le murmuró a su vientre
antes de llevarse el primer bocado sin hambre alguna para degustar los
alimentos cocinado y comenzando a comer.
…Isla Luna…
Un
hombre alto, cuyo cabello blanco llegaba hasta sus hombros y ojos negros que
tendría una edad aproximada de cuarenta y seis años, se adentró en una de las
habitaciones sin tocar la puerta para cerrarla una vez entró al cuarto.
Una
sonrisa apareció en el rostro del hombre antes de rodear entre sus brezos a la
persona que estaba mirando por la ventana de ese cuarto.
– No
deberías ser tan evidente pequeña espía. – Le susurró besando su cuello y acariciándole
la piel de la zona con su nariz.
– ¿No
crees que estás ocupando mis palabras, Mizuki?. Recuerdo que te descubrí tu
segundo trabajo para Hebi antes de saber que yo desempeñaba un trabajo similar
pero para otro organismo. – Habló la mujer.
–
Siempre tan sincera Shizune, eso es lo que me gusta de ti. – Confesó mientras
retiraba la fina bata de seda que tenía la morena dejándola desnuda para
contemplarla con lujuria la bonita figura femenina de piel blanca. – Pero
supongo que acabas de enviar información a los Hyuuga. – Terminó para masajear uno
de las mamas y besar los finos labios de la morena de manera demandante.
Cuando
el besó terminó ambos respiraba agitadamente sabiendo lo que el otro deseaba.
– ¿Y
tú no acabas de hacer lo mismo?. – Habló acariciando con su dedo índice la
mejilla derecha del hombre de pelo blanco, oyendo como reía a sus palabras.
–
¿Tengo qué responder a eso?. – Inquirió juguetonamente para coger a la morena entre
sus brazos y llevarla hacia la cama.
–
Solo… si quieres hacerlo. – Sugirió recostada sobre el blando colchón viendo
como Mizuki se desnudaba a toda velocidad para posicionarse sobre ella.
–
Prefiero hacer otras cosas. – Afirmó para abalanzarse sobre Shizune y devorar
su boca, comenzando a hacer lo que le había llevado a esa habitación.
…Casa de Sakura ~ Konoha…
Naruto
volvió a entrar a la casa para encontrarse a la mujer de cabello rosa que
abrigaba con una manta a Sai, quién dormía sobre el sofá.
Sakura
al ver al rubio se dirigió con el
entrecejo fruncido hacia el Uzumaki y lo abofeteó con fuerza en el rostro,
logrando ladear la cara del rubio.
– Esto
es por haber alterado a Sasuke, otra vez, después de haberte advertido. ¿¡No sé
en qué demonios piensas!? Recuerda que puede estar embarazado y todas sus
emociones afectan a la criatura. Solo piensa, que podría perderlo si continua
angustiándose, él solo necesita descanso y tranquilidad. – Reprochó Sakura. –
Tampoco, sé exactamente cómo funciona un embarazo masculino pero estoy segura
de que debe ser más arriesgado que en una mujer. ¿Es qué acaso intentas eso?,
¿quieres que Sasuke aborte?. – Le acusó la mujer.
– ¡Por
supuesto que no!. – Exclamó apresurado el rubio. – Es mi hijo, también, y lo
menos que quiero en este momento es que Sasuke esté en peligro o sufra algún
daño. ¡Yo lo amo! Y preferiría morir primero antes de hacerle sufrir. – Confesó
Naruto sin ningún atisbo de duda en sus palabras.
– Pues
no lo parece. Lo poco que he visto, es que a cada momento lo terminas dañado de
alguna manera, ya sea física o emocionalmente, cuando está contigo. En mi
opinión, deberías apartarte de él, por lo menos, hasta que nazca el bebé porque
presiento, que si continua a tu lado solo acabara siendo la víctima y el daño
que le puedas causar sea irreparable en él. – Argumentó Sakura. – Sasuke ya ha
sufrido mucho, no quiero ver como puede ser destruido por alguien que,
posiblemente, no lo merezca ni sabe cuidarlo.
Naruto
sintió cada palabra dicha de la boca de la mujer como puñales clavandose en su
corazón porque de alguna manera, era cierto lo que decía Sakura y recuerdo del
templo o las discusiones que habían tenido en ese día lo convencieron de lo
expuesto que estaba Sasuke al peligro por estar a su lado.
Naruto
cerró los ojos con fuerza cuando en medio de sus pensamientos apareció las
palabras de Moegi contándole sus predicciones ocasionando que se expandieran en
su interior como un eco y entonces, la duda de que su amor fuera suficiente
para cuidar de su novio se hizo presente.
–
Tienes razón. – Habló con dificultad debido al nudo que se había instalado en
su garganta. – Será mejor que me vaya de aquí. Solo prométeme una cosa. – Miró
a los ojos verdes de la mujer mientras escuchaba como algo dentro de él estaba
resquebrajándose como un cristal por lo que iba a decir. – Cuida de Sasuke y de
mi hijo o hija. – Pidió Naruto escuchando un crujido en el fondo de su cabeza
que le hizo picar los ojos.
– Muy
bien, no tienes porque preocuparte de nada. Yo me ocuparé de que Sasuke esté
bien y se alimente correctamente porque aquí estará en una atmosfera adecuada
para el tiempo en que dure el embarazo. También, si Sasuke desea pasar aquí los
primeros años de vida del bebé. – Aseguró la mujer de cabello rosa viendo como
el rubio asentía para, luego, Sakura subir las escaleras y desaparecer al
adentrarse en el pequeño pasillo de la planta superior.
Naruto
suspiró y se adentró a la pequeña sala donde Sai dormía plácidamente, ya que
había permanecido en el diminuto recibidor de la casa, para sentarse en uno de
los dos sillones estampados de flores que allí había.
Uzumaki
se desplomó sobre el mueble sintiéndose pesado como una roca y un gran dolor en
su corazón que no dejaba de atormentarlo, gritándole que estaba cometiendo un
error mientras que otra parte de él le daba ánimos diciéndole que era lo mejor
para Sasuke y el bebé.
Naruto
intentaba no derramar lágrimas por la decisión tomada porque comprendía que
estaba haciendo lo correcto o estaba forzándose a creerlo así. Al menos, Sasuke
no sufriría su mismo destino y habría una pequeña parte del amor que se
profesaban creciendo en el vientre del Uchiha, a no ser que toda fuera una
falsa alarma pero aún en este caso, se contentaba si Sasuke seguiría estando en
un lugar seguro.
Una
sonrisa pequeña se mostró en su rostro cuando pensó en cómo sería el aspecto
del bebé que esperaba Uchiha, el cómo criaría Sasuke a ese niño o niña y estaba
seguro que su pareja sería un gran “drame”. El atisvo de querer reír a
carcajadas le hizo soltar una especie de silvido contenido, antes de que los
pensamientos de la posible ausencia se viera reflejado en su mente porque él no
estaría ahí para ver crecer a esa personita, disfrutar de esas pequeñas cosas y
momentos que podría ofrecerle. Sencillamente, esperaba que Sasuke le hablara de
él y lo mucho que lo quería, si es que el moreno llegaba a perdonarlo algún día
por lo que iba a hacer. El rubio suspiró pesadamente sintiendo el vacío de
nuevo y la tristeza lo inundó mientras sus ojos comenzaron a viajar a su
alrededor.
Naruto
registró con sus ojos la pequeña y acogedora sala con sus azules ojos, captando
sobre la pequeña mesa de café algunas hojas de papel y lápices de colores.
Cogió
una de las hojas de papel que no estaba garabateada y un lápiz de color verde
oscuro antes de dirigirse a la cocina para no despertar al moreno que dormía en
el sofá.
Encendió
la luz y comenzó a escribir en el papel mientras algunas de sus lágrimas
cayeron humedeciendo la hoja. Cuando terminó de escribir la dobló en tres
partes iguales y garabateó el nombre de Sasuke en letra mayúscula y clara.
El
rubio subió la escalera hasta la habitación que sabía estaba el Uchiha
descansando y allí lo vio acostado sobre el lecho. Se sintió agradecido de que
no lo hubiera estado esperando despierto pero al mismo tiempo triste porque
eso, solo indicaba que sus últimos momentos al lado de Sasuke había sido
tormentoso por discusiones. Naruto suspiró, antes de dejar el papel y luego
dirigirse al bulto que había en el suelo, en un saco de dormir, solo podía
presuponer que se trataba de Moegi. Al menos así facilitaría el tener que
buscarla por las otras habitaciones.
Naruto
acarició la cabellera oscura con cariño y depositó un casto beso en la cabeza
respirando el delicioso aroma del Uchiha, deseando no hacer lo que estaba a
punto de hacer.
–
Adiós Sasuke y cuidaos mucho. Espero algún día me puedas perdonar. – Se
despidió en voz baja pero antes de alejarse del moreno, se quitó el anillo que
llevaba en su dedo anular y lo dejó sobre el papel.
El
hombre de ojos azules fue hasta el bulto en el suelo y movió un poco a la
chica.
–
Moegi… Moegi, despierta. – Llamó en voz baja para no despertar a Sasuke.
–
¿Naruto…? ¿Qué pasa?. – Preguntó con voz adormecida la adolescente mientras se
frotaba los ojos con sus puños.
– No
hables tan alto. – Pidió el de marquitas en las mejillas. – Nos vamos de aquí,
así que levanta y no hagas ruido. –
La
adolescente asintió con la cabeza desperezándose y levantándose del saco de
dormir que Sakura le había dejado para descansar.
– ¿Y
Sasuke?. – Preguntó la chica de ojos negros al darse cuenta que el Uchiha
continuaba durmiendo en la cama.
– Es
mejor que se quede aquí, sería peligroso para él acompañarnos. – Respondió el
Uzumaki.
La
vidente asintió terminando de ponerse sus botas y logrando peinar su pelo en
sus característicos moños en medio de la oscuridad. Después, ambos bajaron y
caminaron hasta la sala para ir donde estaba Sai durmiendo.
Naruto
apartó y dobló la manta que cubría a Sai, dejándola sobre el sillón en el que
estuvo sentado, para después cargar a Sai,
que aun continuaba en el mundo de Morfeo, sobre su espalda, abandonando
en el sigilo de la noche la casa de Sakura y a Sasuke.
– ¿Por
qué no lo despiertas?. – Le preguntó la vidente al rubio.
–
Porque si lo despierto puede que ellos acaben también afectados y no quiero que
tengan el mismo destino que nosotros. – Contestó el Uzumaki refiriéndose a
“ellos” como a Sasuke y la familia propietaria de la casa que dejaban atrás.
Moegi
asintió al comprendiendo, cuando de repente la muchacha de cabello naranja se
detuvo y sus ojos se tornaron plateados durante un minuto exacto ante la atenta
mirada del mayor.
– ¿Qué
has visto?. – Le preguntó Naruto a la chica retomando el camino.
– Los
rastreadores van a moverse de nuevo pero también, lo harán los Hyuuga y Hebi.
Luego, vi que nosotros tres estábamos junto a un grupo de hombres pero no
parecían peligrosos y uno de ellos se parecía mucho a Sasuke, salvo porque
parecía más viejo. – Comenzó a contar la chica siguiendo al Uzumaki. – ¡Espera
un momento! ¿¡Cómo sabes que tenía una visión!?. – Preguntó de lo más intrigada
la pequeña vidente.
–
Simplemente lo supuse, cuando me percaté de que tus ojos cambiaron de color. –
Le dijo con una sonrisa haciendo sonrojar a la menor. – ¿No viste nada más?. –
Quiso saber Naruto esperando escuchar algo diferente y que no estuviera
acompañado de la palabra “peligro” o “precaución”.
– No
mucho, el resto estaba borroso, así que solo vi algún que otro objeto. –
Confesó la muchacha de cabello naranja. – Nada importante.
–
Bien, pues debemos darnos prisa. Si todas esas alimañas vienen tras nuestro
pellejo, no podemos quedarnos aquí. – Indicó Naruto apresurando su andar.
– ¿A
dónde vamos?. – Cuestionó la muchacha, al percatarse de que el rubio no le
había dicho hacia si iban a un lugar concreto o estarían caminando al azar.
–
Primero al Templo del Fuego, necesito una ducha y cambiar mi ropa ya que deje
mi mochila allí porque tuvimos que salir apresuradamente en la madrugada.
Después buscaremos a Akatsuki. – Habló el de ojos azules.
–
¿Akatsuki?. – Repitió sin entender Moegi.
– Si,
la verdad, es que no sé donde se encuentran o por donde comenzar a buscarlos
pero son los únicos, que creo, puede ayudarnos con esta situación. – Explicó
sin detener sus pasos. – Ellos son una organización que ayuda y protege a
personas como nosotros aunque para Raíz tan solo son rebeldes y una molestia ya
que son capaces de enfrentarse a los rastreadores. Se dice que hay un grupo de
estos en cada ciudad importante del mundo pero eso es como una especie de mito
para muchos y bueno… no nos queda otra que pensar que ese mito es cierto. El
grupo que está en esta ciudad se llama así, Akatsuki, y si no te has percatado,
hay muchos grafitis de ellos por toda la ciudad aunque son un misterio pero
ahora, nosotros tenemos que confiar que ese misterio sea real. – Confió Naruto
sin siquiera él poder estar seguro de que dicha organización de opositores
existiera y en el caso de que fueran real, les ayudase. – Así que será mejor
comenzar de una vez antes de que tus predicciones sobre nuestras muertes se
hagan realidad.
La
chica asintió sin detenerse mientras se mordía el labio inferior sin querer
arruinar aquel atisbo de esperanza aunque una pequeña parte de ella, sentía que
mientras siguieran en esa ciudad con Sai la muerte era un final seguro para
todos ellos.
…Base 5 ~ Konoha…
Zabusa
despertó sintiéndose cansado y con algo pesado sobre su cuerpo. Cuando
consiguió abrir los ojos se encontró a una pelirroja abrazada a él, para nada
fea, respirando agotada sobre su pecho y preguntandose que había ocurrido.
…Almacén en la zona industrial ~ Konoha…
Karin
estaba durmiendo en su cama y un pequeño hilillo de babas caía de su boca,
cuando se despertó. La mujer de pelo escarlata se sentó sobre el colchón
repentinamente y acto seguido, cayó desmayada sobre la misma cama en la que
estaba.
Al
cabo de unos minutos, Karin recobró el conocimiento y no pudo evitar reírse a
grandes carcajadas por un instante antes de prender la luz para encontrar sus
gafas y limpió sus babas del rostro con la tela de su camisón de tela de raso
para salir a toda velocidad al cuarto de sus padres para contarle la visión que
acababa de tener.
Cuando
llegó abrió la puerta de sopetón sorprendiendo a los ocupantes del cuarto.
–
¡Dadá!. He tenido una visión y el rubio ya se ha encontrado con el fugitivo de
Raíz…– Contaba la pelirroja abriendo la puerta hasta que se dio cuenta de la
escena frente a ella.
La
pelirroja se puso completamente colorada al descubrir a sus padres en medio de
una sesión de sexo y cerró la puerta con tanta rapidez que posiblemente, sus
padres ni se dieron cuenta de que los había visto en ese comprometido momento.
–
¡AH…! – Gritó la de gafas para salir corriendo hacia su cuarto completamente
enfurecida. – ¿Por qué no cerráis la puerta con seguro?. – Se quejaba Karin frotando su cara en busca de borrar lo
que sus ojos vieron.
…Isla Luna…
Tsunade
tenía su miraba en el techo en penumbras, buscando una solución para poder
evitar esa odiosa droga de la que era presa todos los días y que la
inmovilizaba dejándola como un muñeco a merced de su captor.
La
sola idea de huir era tentadora porque podría ver a su adorada nieta, la cual
había criado como una hija cuando Danzou asesinó a su hijo, después de que su
nuera hubiera fallecido en el parto prematuro, pero al menos, ella había podido
escapar con la niña porque en ese entonces, Moegi, era una linda bebé de
catorce meses.
Debido
a los recuerdos entrañables junto a su nieta, Tsunade dejó que una solitaria
lágrima rodase por su mejilla mientras se preguntaba si estaría en un lugar
seguro y de que ya debía de ser toda una señorita alegre y dicharachera, rasgos
que esperaba no perdiera ya que esa cualidad también la conservaba su difunto
hijo y padre de Moegi.
–
Moegi… no sabes cuánto te extraño, espero y me perdones por dejarme capturar
pero no quería que tú acabaras en este espantoso lugar. Tú no mereces que te
destrocen el alma por mi culpa. – Susurraba para sí misma la rubia sin dejar de
derramar lágrimas, en su recordatorio del por qué estaba en CING.
La
mujer se limpió los ojos para sentir como en ese momento su poder la arrancaba
de la realidad en la que estaba para mostrarle diferentes imágenes y una
sonrisa afloró en sus labios cuando en medio de toda aquella visión pudo ver a
su nieta.
– Me
alegro que estés con buenas personas, Moegi. – Felicitó la mujer volviendo a
derramar gotitas saladas que inundaban sus ojos caramelos pero, nuevamente,
retornó a quedar absorta en sus visiones que la bombardeaban sin descanso en
ese lugar.
…Calles de Konoha…
– ¿A
dónde vamos?. – Preguntó Hanabi con aburrimiento.
– A la
casa de Guren. – Respondió Neji con la felicidad y tranquilidad tatuada en su
cara, producto de haber desahogado su frustración en la noche.
–
¡OTRA VEZ! ¿Es qué no hay otro lugar y persona a la que acudir?. – Inquirió con
cansancio la adolescente.
– Es
el único individuo fiable y que no está relacionado con algún otro grupo o
Raíz. – Reveló Neji de forma razonable.
– No
me gusta ese niño. – Comentó Hanabi frunciendo el ceño.
– Pero
si tiene tu misma edad, hermana. – Recordó Hinata.
Hanabi
no respondió, simplemente, se dedicó a mirar por la ventana mientras
refunfuñaba palabra inentendibles para los mayores.
…Templo del Fuego ~ Konoha…
Sai
comenzaba a despertarse sobre algo que pronto, dedujo era la espalda de
alguien. Aún no había abierto los ojos pero la fragancia que desprendía ese
cuerpo la conocía y a pesar de querer seguir sintiendo la calidez y aroma que
desprendía el cuerpo que lo llevaba, sus ojos se abrieron descubriendo las
hebras doradas que cubre la cabeza de la persona que lo estaba cargando.
– Ya
te has despertado. – Afirmó la persona que lo llevaba reconociendo esa voz, a
pesar de los años, aún recordaba esa voz sin necesidad de ver el rostro de su
propietario.
Sai
miró a la persona que habló mientras abandonaba la ancha espalda del rubio pero
no reconoció ese físico, a pesar de estar seguro de que conocía esa voz, de que
conocía ese aroma pero aquel rostro estaba demasiado cambiado para reconocerlo,
así como el cuerpo del individuo frente a él.
–
¿Estás seguro de que os conocéis?. – Preguntó esta vez una niña de pelo naranja
mirando al hombre frente a él con cara de reproche.
– Por
supuesto. – Aseguró el de ojos azules. – ¿No te acuerdas de mí, Sai?. – Le preguntó
el rubio buscando la confirmación del moreno.
Entonces,
la imagen de un chico de diecinueve años que estaba llorando en el umbral de
una puerta apareció en su mente como un flash de luz.
–
¿Naruto?. – Dudó al pronunciar el nombre porque no estaba seguro ya que estaba
muy cambiado al Naruto de sus recuerdos.
–
¡Vaya! Al fin has hecho memoria. – Dijo molesto el Uzumaki. – Pero dime ¿qué
haces en Konoha?.
Moegi miró al moreno, que comenzaba derramar lágrimas, con curiosidad y recelo.
Sai
pareció no oír las preguntas de Naruto porque se abrazó a él y comenzó a llorar
en su regazo, donde Moegi pudo apreciar la incomodidad del Uzumaki ante la
repentina reacción del otro hombre, recordando la adolescente y sin poder
evitarlo, que de alguna manera Sasuke y Sai se parecían un poco.
Sasuke
era un poco más alto que Sai pero el cuerpo del confusor, era la descripción
viva de un gestador por su extrema delgadez y aquellas caderas no tan estrechas
que le permitirían traer vida al mundo, al igual que lo haría una mujer aunque,
la chica de cabello naranja no podía certificar con seguridad sus pensamientos
acerca de Sai.
– No
sabes cómo te he extrañado. – Confesó Sai. – Cuando ocurrió aquello, me di
cuenta que había cometido el error más grande del mundo.
Naruto
separó al hombre paliducho de él con disgusto, lo que había sucedido en el
pasado no era un tema que quisiera retomar en ese momento.
– Eso
ya da un poco igual, ¿no?. – Comentó Naruto quitándole importancia. – Pero
quiero saber una cosa. – Uzumaki habló serio. – ¿Por qué motivo los
rastreadores te están buscando?.
–
Porque conseguí escaparme del CING, supongo. – Fue la respuesta del chico de
ojos negros secando sus lágrimas.
– No
sé pero no puedo creer que esa sea la verdadera razón. – Reveló el de ojos
azules entrecerrando los ojos, buscando aquella información que Sai no
revelaba. – Hay mucha gente que ha conseguido huir de ese lugar pero muy rara
vez, van en busca de los fugitivos y aunque tu don sea uno de los que está en
lo alto de la clasificación de Raíz, existen muchos con el mismo poder que el
tuyo. Sin mencionar, que hay poderes especiales y altamente valorados para Raíz
que son muy poco frecuentes entre los nuestros, como los oráculos. – Argumentó
Naruto recordando a Tsunade y ocasionando que Moegi diera un leve saltito.
Moegi
estaba sorprendida ante la deducción del Uzumaki. Al parecer era mucho más
inteligente de lo que parecía cuando lo escuchó expresarse de esa forma, no
pudo evitar el imaginarse a Naruto como a uno de esos detectives de televisión
que resolvían casos de lo más complicado.
–
Tienes razón. – Bajó la cabeza Sai. – Pero no puedo decirte, es un tema que no
puede hablarse en cualquier lugar o contarse a cualquiera. – Confesó
juguetonamente como si sus intrigantes palabras y todo lo que había sucedido no
fuera nada importante.
–
Bien. – Aceptó Naruto para acercarse a la adolescente. – Gracias por cargar mi
mochila, Moegi. – Agradeció retirando la mochila de la vidente que seguía
sumida en sus pensamientos y poniéndosela él en su espalda para comenzar a
bajar la larga escalera del templo. – Vamos. – Dictaminó el rubio.
–
¡ESPERA, NARUTO!. ¿¡NO ME DEJARÁS AQUÍ!?. – Gritó el confusor siguiendo al rubio
apresuradamente.
– He
dicho vamos y esa palabra. También,
iba dirigida a ti. – Declaró sin detener sus pasos el chico de ojos zafiros.
–
¿Hacia dónde nos dirigimos?. – Preguntó intentando agarrar la mano de Naruto
pero este evitó el contacto.
–
Buscaremos el lugar en el que está escondido Akatsuki. – Le informó Naruto para
continuar su marcha.
Sai se
detuvo y sus compañeros también lo hicieron para mirarlo cuidadosamente.
– Yo
sé…, como podemos encontrarlo. – Declaró
el confusor con recelo.
– ¿¡De
verdad!?. – Preguntó sorprendida Moegi, viendo como el chico paliducho asentía
con la cabeza.
–
Bien, pues andando. – Ordenó nuevamente el de ojos azules. – Debemos darnos
prisa antes de que aparezca por aquí alguna persona no grata. – Terminó el
rubio para volver a retomar el camino mientras Sai les explicaba cómo debían
hacer para contactar con Akatsuki.
Aclaración de los términos:
]Con
respecto a cómo transfiere Amaru su poder de sanar, la cual es muy diferente a
como lo hace Sakura, solo os diré que a pesar de poseer la misma “habilidad” o
“don” no significa que también lo utilicen de la misma forma.
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