sábado, 10 de junio de 2017

Ocultando nuestra naturaleza ~ Cap. 8

-¿Era él?.-

…Base 5 ~ Konoha…

Haku se había dormido sobre la silla, cuando la puerta fue abierta dando un fuerte golpe al chocar en la pared que consiguió despertar al de cabello largo de un sobresalto.

El de ojos castaños dirigió su mirada a la entrada donde se encontraba el causante de su mal despertar. Descubriendo una curvada silueta que sin lugar a dudas, pertenecía a una mujer que se adentró a la habitación cerrando la puerta tras de sí.

– ¡Hola!, me llamo Amaru. – Se presentó la recién llegada, era una pelirroja de ojos azules con un lunar bajo su ojo derecho, que tendría aproximadamente su misma edad. – Soy una sanadora de la organización y Raíz me ha encargado la recuperación de tu compañero. – Reveló al sentir el escrutinio de Haku. – No te preocupes soy una profesional y tu amigo estará persiguiendo a los escurridizos ratoncitos en un abrir y cerrar de ojos. – Comentó divertida.

– No estoy preocupado. – Respondió poniéndose de pie a un lado de la cama sin dejar de observar a la pelirroja con recelo.

La pelirroja ignoró al bajo hombre de cabello largo y se acercó al lecho. Acarició el brazo de Zabusa antes de dedicarle una maliciosa sonrisa a Haku y subirse velozmente sobre la cama.

Amaru se posicionó sobre el cuerpo del herido. Sentándose sobre la ingle de Zabusa con sus piernas a cada lado del cuerpo del Momochi ante la atenta mirada de Haku y besar los labios gruesos del mayor que no estaban ocultos por las vendas que usualmente cubrían el rostro del rastreador.

La pelirroja volvió a erguirse detrás del beso sin apartar la pícara sonrisa de sus labios y se movió de manera descarada sobre la entrepierna del herido con la intención de despertar la excitación del hombre bajo ella.

Gemidos desvergonzados escaparon de la pelirroja por su impúdica frotación sobre la entrepierna del hombre mayor, sin importarle el estar siendo observada con desagrado por el compañero del rastreador bajo su dominio.

– ¿Solo has venido para follar? O… ¿vas hacer tu trabajo en algún momento?. – Inquirió Haku completamente enfadado y con ansias asesinas de matar a esa mujer que parecía una farsante.

La pelirroja dejó de moverse sobre el miembro en el que había conseguido crear una pequeña erección.

– Que mal carácter tienes, chico. – Habló para comenzar a desnudarse sin pudor alguno frente al hombre de cabello largo. – Pero necesito hacerlo para poder utilizar mi poder. Si eres un rastreador, debes saber que no todos exteriorizamos el poder de la misma manera y especialmente los que poseen un don como el mío.

El hombre de ojos castaños apretó sus puños dejando blanco sus nudillos ante las palabras de la mujer por la que se sintió ofendido ya que era algo que sabía con creces pero no podía evitar sentir celos de aquella escena.

– Soy muy buena en mi trabajo pero solo puedo transferir mi poder de sanar mientras lo hago ya que todo mi don se concentra aquí. – Reveló la mujer señalando su vientre como si tal cosa mientras retiraba lo suficiente los pantalones y el bóxer de Zabusa para dejar libre su pene semi-erecto. – Antes de que lo sugieras, te aclaro que si que estoy sana y uso anticonceptivoz pero no puedo usar preservativoz porque al utilizar un condón hace como una barrera entre la persona que debo curar y mi don, lo que significa que no podría curar las heridas de tu compañero. – Contó cogiendo el sexo del Momochi y auto penetrarse frente a la vista del chico de cabello largo, sin poder evitar soltar un gemido por la auto-intromisión a su cuerpo. – No estoy interesada en tu amigo… pero si te molesta… puedes unirte… aunque eso me llevará… más tiempo cerrar sus heridas… – Habló divertida Amaru sin dejar de cabalgar sobre Zabusa.

Haku ante aquella proposición indecente, simplemente, abandonó la habitación dando un fuerte portazo que hizo temblar las paredes en un intento de desprenderse de la furia que lo estaba devorando por dentro.

– ¡Qué… carácter! – Comentó Amaru sin dejar su labor.

…Casa de Sakura ~ Konoha…

Moegi se había acercado con sigilo a un lado de la mujer de cabello rosa mirando con curiosidad a aquel hombre de pelo negro y piel clara, que intuía debía ser excesivamente blanca, repleta de cardenales y rasguños. Incluso, la adolescente pudo apreciar restos de sangre seca en las ropas del desconocido.

Era casi imposible reconocer al moreno por la hinchazón en su rostro, por lo que la muchacha de cabello naranja no dejaba de preguntarse cómo era que Naruto lo había reconocido en ese estado.

…~…

Sakura se arrodilló en el suelo y cerró sus ojos cuando el rubio desapareció de la sala. La mujer de pelo rosa estiró sus brazos hasta tocar el pecho del extraño que gimió de dolor ante el sutil contacto pero la dueña de la casa lo ignoró. Después, Sakura se concentró y comenzó a acumular su poder en sus manos para comenzar a transferirlo en el cuerpo de Sai.

Poco a poco las heridas del cuerpo del hombre convaleciente se fueron cerrando y la hinchazón de su rostro comenzó a desaparecer, así como las oscuras tonalidades que tenían los cardenales en su cuerpo.

…~…

Moegi se llevó las manos a la boca con sorpresa cuando reconoció el rostro del desconocido al que Sakura estaba sanando pero su atención fue captada al escuchar las voces de la pareja entrando a la cocina.

La adolescente corrió hacía allí, a pesar de que sabía que ese no era el momento oportuno para hablar de sus visiones pero tenía que contárselo porque no estaba segura de cuanto más tiempo de calma tenían disponible.

…~…

Sasuke ya se había sentado junto al rubio, ambos con un plato del estofado de cordero que había preparado la dueña de la casa. Iban a llevarse el primer bocado a la boca cuando una Moegi asustada se abalanzó en un abrazo a Naruto.

Uchiha frunció el ceño ante la acción de la adolescente de cabello naranja.

– ¿No ves qué estamos comiendo como para aguantar tus niñerías, mocosa?. – Masculló el elemental con enfado.

– Moegi, ¿me puedes soltar?. – Pidió con amabilidad el chico de marquitas en las mejillas girándose en medio del agarre para mirar a la cara a la nieta de Tsunade.

– Tengo que deciros algo importante. – Habló apretando su abrazo y escondiendo su cabeza en el cuerpo del Uzumaki.

– ¿Importante?. – Repitió el rubio patidifuso viendo como la pequeña vidente asentía con la cabeza que había escondido en su pecho.

– ¿Y a qué esperas?. – Gruñó Sasuke aún más molesto por la escena y con la esperanza de que la cría dejase de toquetear al padre del hijo que esperaba.

– Ese chico que has traído, es él. – Afirmó si soltarse del Uzumaki. – Es el chico de mis visiones, el chico que todos buscan. – La pareja se sorprendió ante las palabras de la muchacha.

– ¿Estás segura?. – Preguntó el hombre de ojos azules con algo de temor en su voz para luego rápidamente mirar a Sasuke con preocupación.

– Sí. – Confirmó la adolescente una vez más.

– ¿Chico?. – Preguntó el Uchiha sin entender mirando a su novio una vez que se le pasó el shock y analizar lo dicho por la adolescente. – ¿Qué chico, Naruto?. – Quiso saber.

– Un antiguo conocido que encontré en la calle cuando venía de regreso, estaba en un mal estado y no podía dejarlo así, por eso lo traje conmigo. – Reveló mirando a su compañero. –Recordé que Sakura era una sanadora y podría ayudarlo con sus heridas pero no sabía que era la persona de la que hablaba Moegi. – Le explicó al Uchiha.

– ¿¡QUÉ!?. – Pronunció estupefacto ante la respuesta del Uzumaki. – ¿Cómo te atreves a traer a un desconocido a la casa de mi amiga?. Ella tiene familia, ¿sabes?. ¡No puedes traer a cualquiera aquí!. – Se pasó con frustración una mano por el cabello oscuro ante la idiotez de su novio.

– Lo sé pero que querías que hiciese ¿qué lo dejase tirado en ese lugar?. – Le preguntó frunciendo su entrecejo sin dejar de mirar a su pareja sabiendo que había cometido un error pero no podía evitar el sentirse en una encrucijada ya que tampoco podía dejar al otro hombre en aquel mal estado en el lugar que lo encontró.

– Haberlo llevado a un hospital y que ahí se encargasen de él. – Elevó su voz mientras se levantaba de la silla.

Naruto bajó la cabeza mirando sus manos que cerró y apretó sus puños con furia porque en cierta forma, Sasuke tenía razón pero también se equivocaba.

Naruto sabía que era el causante de que Sai estuviera en esa casa sin preocuparse en la seguridad de la familia que lo habitaba porque la verdad, era que no había visto al moreno desde hacía cinco años y no sabía en qué cosas estaba metido. Realmente, para él, Sai era un completo desconocido, también.

– Yo… lo siento. No pensé en esa posibilidad porque cuando lo vi solo me apareció en la cabeza tu amiga y que él es portador de un don. Parece que lo único que hago es meter la pata. – Comentó soltándose del abrazo de Moegi para levantarse y dirigirse a la salida. – No te preocupes solo saldré un momento, necesito tomar el aire. – Aclaró para no estresar a su amante más de lo que ya estaba y sabiendo lo peligroso que era el estrés para personas embarazadas.

Sasuke no dijo nada, ni siquiera intentó evitar la salida del rubio, solo se dejó caer en la silla de madera mirando la comida en el plato, ya sin apetito.

– Sasuke yo… lo siento, sabía que este no era el momento perfecto para deciros pero…– Intentaba excusarse la adolescente no muy segura de sus palabras o de cómo disculparse apropiadamente para el misterioso novio de Naruto.

– Da igual. – Dijo sin mirar a la chica de ojos carbón. – Solo… puedes dejarme solo, necesito un poco de espacio en este momento. – Pidió removiendo la comida del plato frente a él.

– Sí… claro. – Asintió con la cabeza Moegi al mismo tiempo para abandonar la cocina.

Sasuke se acarició el vientre mientras intentaba apaciguar sus nervios por la acalorada conversación.

– Perdónanos y, sobretodo, perdona a tu padre por ser un idiota. – Le murmuró a su vientre antes de llevarse el primer bocado sin hambre alguna para degustar los alimentos cocinado y comenzando a comer.

…Isla Luna…

Un hombre alto, cuyo cabello blanco llegaba hasta sus hombros y ojos negros que tendría una edad aproximada de cuarenta y seis años, se adentró en una de las habitaciones sin tocar la puerta para cerrarla una vez entró al cuarto.

Una sonrisa apareció en el rostro del hombre antes de rodear entre sus brezos a la persona que estaba mirando por la ventana de ese cuarto.

– No deberías ser tan evidente pequeña espía. – Le susurró besando su cuello y acariciándole la piel de la zona con su nariz.

– ¿No crees que estás ocupando mis palabras, Mizuki?. Recuerdo que te descubrí tu segundo trabajo para Hebi antes de saber que yo desempeñaba un trabajo similar pero para otro organismo. – Habló la mujer.

– Siempre tan sincera Shizune, eso es lo que me gusta de ti. – Confesó mientras retiraba la fina bata de seda que tenía la morena dejándola desnuda para contemplarla con lujuria la bonita figura femenina de piel blanca. – Pero supongo que acabas de enviar información a los Hyuuga. – Terminó para masajear uno de las mamas y besar los finos labios de la morena de manera demandante.

Cuando el besó terminó ambos respiraba agitadamente sabiendo lo que el otro deseaba.

– ¿Y tú no acabas de hacer lo mismo?. – Habló acariciando con su dedo índice la mejilla derecha del hombre de pelo blanco, oyendo como reía a sus palabras.

– ¿Tengo qué responder a eso?. – Inquirió juguetonamente para coger a la morena entre sus brazos y llevarla hacia la cama.

– Solo… si quieres hacerlo. – Sugirió recostada sobre el blando colchón viendo como Mizuki se desnudaba a toda velocidad para posicionarse sobre ella.

– Prefiero hacer otras cosas. – Afirmó para abalanzarse sobre Shizune y devorar su boca, comenzando a hacer lo que le había llevado a esa habitación.

…Casa de Sakura ~ Konoha…

Naruto volvió a entrar a la casa para encontrarse a la mujer de cabello rosa que abrigaba con una manta a Sai, quién dormía sobre el sofá.

Sakura al ver al rubio se dirigió  con el entrecejo fruncido hacia el Uzumaki y lo abofeteó con fuerza en el rostro, logrando ladear la cara del rubio.

– Esto es por haber alterado a Sasuke, otra vez, después de haberte advertido. ¿¡No sé en qué demonios piensas!? Recuerda que puede estar embarazado y todas sus emociones afectan a la criatura. Solo piensa, que podría perderlo si continua angustiándose, él solo necesita descanso y tranquilidad. – Reprochó Sakura. – Tampoco, sé exactamente cómo funciona un embarazo masculino pero estoy segura de que debe ser más arriesgado que en una mujer. ¿Es qué acaso intentas eso?, ¿quieres que Sasuke aborte?. – Le acusó la mujer.

– ¡Por supuesto que no!. – Exclamó apresurado el rubio. – Es mi hijo, también, y lo menos que quiero en este momento es que Sasuke esté en peligro o sufra algún daño. ¡Yo lo amo! Y preferiría morir primero antes de hacerle sufrir. – Confesó Naruto sin ningún atisbo de duda en sus palabras.

– Pues no lo parece. Lo poco que he visto, es que a cada momento lo terminas dañado de alguna manera, ya sea física o emocionalmente, cuando está contigo. En mi opinión, deberías apartarte de él, por lo menos, hasta que nazca el bebé porque presiento, que si continua a tu lado solo acabara siendo la víctima y el daño que le puedas causar sea irreparable en él. – Argumentó Sakura. – Sasuke ya ha sufrido mucho, no quiero ver como puede ser destruido por alguien que, posiblemente, no lo merezca ni sabe cuidarlo.

Naruto sintió cada palabra dicha de la boca de la mujer como puñales clavandose en su corazón porque de alguna manera, era cierto lo que decía Sakura y recuerdo del templo o las discusiones que habían tenido en ese día lo convencieron de lo expuesto que estaba Sasuke al peligro por estar a su lado.

Naruto cerró los ojos con fuerza cuando en medio de sus pensamientos apareció las palabras de Moegi contándole sus predicciones ocasionando que se expandieran en su interior como un eco y entonces, la duda de que su amor fuera suficiente para cuidar de su novio se hizo presente.

– Tienes razón. – Habló con dificultad debido al nudo que se había instalado en su garganta. – Será mejor que me vaya de aquí. Solo prométeme una cosa. – Miró a los ojos verdes de la mujer mientras escuchaba como algo dentro de él estaba resquebrajándose como un cristal por lo que iba a decir. – Cuida de Sasuke y de mi hijo o hija. – Pidió Naruto escuchando un crujido en el fondo de su cabeza que le hizo picar los ojos.

– Muy bien, no tienes porque preocuparte de nada. Yo me ocuparé de que Sasuke esté bien y se alimente correctamente porque aquí estará en una atmosfera adecuada para el tiempo en que dure el embarazo. También, si Sasuke desea pasar aquí los primeros años de vida del bebé. – Aseguró la mujer de cabello rosa viendo como el rubio asentía para, luego, Sakura subir las escaleras y desaparecer al adentrarse en el pequeño pasillo de la planta superior.

Naruto suspiró y se adentró a la pequeña sala donde Sai dormía plácidamente, ya que había permanecido en el diminuto recibidor de la casa, para sentarse en uno de los dos sillones estampados de flores que allí había.

Uzumaki se desplomó sobre el mueble sintiéndose pesado como una roca y un gran dolor en su corazón que no dejaba de atormentarlo, gritándole que estaba cometiendo un error mientras que otra parte de él le daba ánimos diciéndole que era lo mejor para Sasuke y el bebé.

Naruto intentaba no derramar lágrimas por la decisión tomada porque comprendía que estaba haciendo lo correcto o estaba forzándose a creerlo así. Al menos, Sasuke no sufriría su mismo destino y habría una pequeña parte del amor que se profesaban creciendo en el vientre del Uchiha, a no ser que toda fuera una falsa alarma pero aún en este caso, se contentaba si Sasuke seguiría estando en un lugar seguro.

Una sonrisa pequeña se mostró en su rostro cuando pensó en cómo sería el aspecto del bebé que esperaba Uchiha, el cómo criaría Sasuke a ese niño o niña y estaba seguro que su pareja sería un gran “drame”. El atisvo de querer reír a carcajadas le hizo soltar una especie de silvido contenido, antes de que los pensamientos de la posible ausencia se viera reflejado en su mente porque él no estaría ahí para ver crecer a esa personita, disfrutar de esas pequeñas cosas y momentos que podría ofrecerle. Sencillamente, esperaba que Sasuke le hablara de él y lo mucho que lo quería, si es que el moreno llegaba a perdonarlo algún día por lo que iba a hacer. El rubio suspiró pesadamente sintiendo el vacío de nuevo y la tristeza lo inundó mientras sus ojos comenzaron a viajar a su alrededor.

Naruto registró con sus ojos la pequeña y acogedora sala con sus azules ojos, captando sobre la pequeña mesa de café algunas hojas de papel y lápices de colores.

Cogió una de las hojas de papel que no estaba garabateada y un lápiz de color verde oscuro antes de dirigirse a la cocina para no despertar al moreno que dormía en el sofá.

Encendió la luz y comenzó a escribir en el papel mientras algunas de sus lágrimas cayeron humedeciendo la hoja. Cuando terminó de escribir la dobló en tres partes iguales y garabateó el nombre de Sasuke en letra mayúscula y clara.

El rubio subió la escalera hasta la habitación que sabía estaba el Uchiha descansando y allí lo vio acostado sobre el lecho. Se sintió agradecido de que no lo hubiera estado esperando despierto pero al mismo tiempo triste porque eso, solo indicaba que sus últimos momentos al lado de Sasuke había sido tormentoso por discusiones. Naruto suspiró, antes de dejar el papel y luego dirigirse al bulto que había en el suelo, en un saco de dormir, solo podía presuponer que se trataba de Moegi. Al menos así facilitaría el tener que buscarla por las otras habitaciones.

Naruto acarició la cabellera oscura con cariño y depositó un casto beso en la cabeza respirando el delicioso aroma del Uchiha, deseando no hacer lo que estaba a punto de hacer.

– Adiós Sasuke y cuidaos mucho. Espero algún día me puedas perdonar. – Se despidió en voz baja pero antes de alejarse del moreno, se quitó el anillo que llevaba en su dedo anular y lo dejó sobre el papel.

El hombre de ojos azules fue hasta el bulto en el suelo y movió un poco a la chica.

– Moegi… Moegi, despierta. – Llamó en voz baja para no despertar a Sasuke.

– ¿Naruto…? ¿Qué pasa?. – Preguntó con voz adormecida la adolescente mientras se frotaba los ojos con sus puños.

– No hables tan alto. – Pidió el de marquitas en las mejillas. – Nos vamos de aquí, así que levanta y no hagas ruido. –

La adolescente asintió con la cabeza desperezándose y levantándose del saco de dormir que Sakura le había dejado para descansar.

– ¿Y Sasuke?. – Preguntó la chica de ojos negros al darse cuenta que el Uchiha continuaba durmiendo en la cama.

– Es mejor que se quede aquí, sería peligroso para él acompañarnos. – Respondió el Uzumaki.

La vidente asintió terminando de ponerse sus botas y logrando peinar su pelo en sus característicos moños en medio de la oscuridad. Después, ambos bajaron y caminaron hasta la sala para ir donde estaba Sai durmiendo.

Naruto apartó y dobló la manta que cubría a Sai, dejándola sobre el sillón en el que estuvo sentado, para después cargar a Sai,  que aun continuaba en el mundo de Morfeo, sobre su espalda, abandonando en el sigilo de la noche la casa de Sakura y a Sasuke.

– ¿Por qué no lo despiertas?. – Le preguntó la vidente al rubio.

– Porque si lo despierto puede que ellos acaben también afectados y no quiero que tengan el mismo destino que nosotros. – Contestó el Uzumaki refiriéndose a “ellos” como a Sasuke y la familia propietaria de la casa que dejaban atrás.

Moegi asintió al comprendiendo, cuando de repente la muchacha de cabello naranja se detuvo y sus ojos se tornaron plateados durante un minuto exacto ante la atenta mirada del mayor.

– ¿Qué has visto?. – Le preguntó Naruto a la chica retomando el camino.

– Los rastreadores van a moverse de nuevo pero también, lo harán los Hyuuga y Hebi. Luego, vi que nosotros tres estábamos junto a un grupo de hombres pero no parecían peligrosos y uno de ellos se parecía mucho a Sasuke, salvo porque parecía más viejo. – Comenzó a contar la chica siguiendo al Uzumaki. – ¡Espera un momento! ¿¡Cómo sabes que tenía una visión!?. – Preguntó de lo más intrigada la pequeña vidente.

– Simplemente lo supuse, cuando me percaté de que tus ojos cambiaron de color. – Le dijo con una sonrisa haciendo sonrojar a la menor. – ¿No viste nada más?. – Quiso saber Naruto esperando escuchar algo diferente y que no estuviera acompañado de la palabra “peligro” o “precaución”.

– No mucho, el resto estaba borroso, así que solo vi algún que otro objeto. – Confesó la muchacha de cabello naranja. – Nada importante.

– Bien, pues debemos darnos prisa. Si todas esas alimañas vienen tras nuestro pellejo, no podemos quedarnos aquí. – Indicó Naruto apresurando su andar.

– ¿A dónde vamos?. – Cuestionó la muchacha, al percatarse de que el rubio no le había dicho hacia si iban a un lugar concreto o estarían caminando al azar.

– Primero al Templo del Fuego, necesito una ducha y cambiar mi ropa ya que deje mi mochila allí porque tuvimos que salir apresuradamente en la madrugada. Después buscaremos a Akatsuki. – Habló el de ojos azules.

– ¿Akatsuki?. – Repitió sin entender Moegi.

– Si, la verdad, es que no sé donde se encuentran o por donde comenzar a buscarlos pero son los únicos, que creo, puede ayudarnos con esta situación. – Explicó sin detener sus pasos. – Ellos son una organización que ayuda y protege a personas como nosotros aunque para Raíz tan solo son rebeldes y una molestia ya que son capaces de enfrentarse a los rastreadores. Se dice que hay un grupo de estos en cada ciudad importante del mundo pero eso es como una especie de mito para muchos y bueno… no nos queda otra que pensar que ese mito es cierto. El grupo que está en esta ciudad se llama así, Akatsuki, y si no te has percatado, hay muchos grafitis de ellos por toda la ciudad aunque son un misterio pero ahora, nosotros tenemos que confiar que ese misterio sea real. – Confió Naruto sin siquiera él poder estar seguro de que dicha organización de opositores existiera y en el caso de que fueran real, les ayudase. – Así que será mejor comenzar de una vez antes de que tus predicciones sobre nuestras muertes se hagan realidad.

La chica asintió sin detenerse mientras se mordía el labio inferior sin querer arruinar aquel atisbo de esperanza aunque una pequeña parte de ella, sentía que mientras siguieran en esa ciudad con Sai la muerte era un final seguro para todos ellos.

…Base 5 ~ Konoha…

Zabusa despertó sintiéndose cansado y con algo pesado sobre su cuerpo. Cuando consiguió abrir los ojos se encontró a una pelirroja abrazada a él, para nada fea, respirando agotada sobre su pecho y preguntandose que había ocurrido.

…Almacén en la zona industrial ~ Konoha…

Karin estaba durmiendo en su cama y un pequeño hilillo de babas caía de su boca, cuando se despertó. La mujer de pelo escarlata se sentó sobre el colchón repentinamente y acto seguido, cayó desmayada sobre la misma cama en la que estaba.

Al cabo de unos minutos, Karin recobró el conocimiento y no pudo evitar reírse a grandes carcajadas por un instante antes de prender la luz para encontrar sus gafas y limpió sus babas del rostro con la tela de su camisón de tela de raso para salir a toda velocidad al cuarto de sus padres para contarle la visión que acababa de tener.

Cuando llegó abrió la puerta de sopetón sorprendiendo a los ocupantes del cuarto.

– ¡Dadá!. He tenido una visión y el rubio ya se ha encontrado con el fugitivo de Raíz…– Contaba la pelirroja abriendo la puerta hasta que se dio cuenta de la escena frente a ella.

La pelirroja se puso completamente colorada al descubrir a sus padres en medio de una sesión de sexo y cerró la puerta con tanta rapidez que posiblemente, sus padres ni se dieron cuenta de que los había visto en ese comprometido momento.

– ¡AH…! – Gritó la de gafas para salir corriendo hacia su cuarto completamente enfurecida. – ¿Por qué no cerráis la puerta con seguro?. – Se quejaba Karin frotando su cara en busca de borrar lo que sus ojos vieron.

…Isla Luna…

Tsunade tenía su miraba en el techo en penumbras, buscando una solución para poder evitar esa odiosa droga de la que era presa todos los días y que la inmovilizaba dejándola como un muñeco a merced de su captor.

La sola idea de huir era tentadora porque podría ver a su adorada nieta, la cual había criado como una hija cuando Danzou asesinó a su hijo, después de que su nuera hubiera fallecido en el parto prematuro, pero al menos, ella había podido escapar con la niña porque en ese entonces, Moegi, era una linda bebé de catorce meses.

Debido a los recuerdos entrañables junto a su nieta, Tsunade dejó que una solitaria lágrima rodase por su mejilla mientras se preguntaba si estaría en un lugar seguro y de que ya debía de ser toda una señorita alegre y dicharachera, rasgos que esperaba no perdiera ya que esa cualidad también la conservaba su difunto hijo y padre de Moegi.

– Moegi… no sabes cuánto te extraño, espero y me perdones por dejarme capturar pero no quería que tú acabaras en este espantoso lugar. Tú no mereces que te destrocen el alma por mi culpa. – Susurraba para sí misma la rubia sin dejar de derramar lágrimas, en su recordatorio del por qué estaba en CING.

La mujer se limpió los ojos para sentir como en ese momento su poder la arrancaba de la realidad en la que estaba para mostrarle diferentes imágenes y una sonrisa afloró en sus labios cuando en medio de toda aquella visión pudo ver a su nieta.

– Me alegro que estés con buenas personas, Moegi. – Felicitó la mujer volviendo a derramar gotitas saladas que inundaban sus ojos caramelos pero, nuevamente, retornó a quedar absorta en sus visiones que la bombardeaban sin descanso en ese lugar.

…Calles de Konoha…

– ¿A dónde vamos?. – Preguntó Hanabi con aburrimiento.

– A la casa de Guren. – Respondió Neji con la felicidad y tranquilidad tatuada en su cara, producto de haber desahogado su frustración en la noche.

– ¡OTRA VEZ! ¿Es qué no hay otro lugar y persona a la que acudir?. – Inquirió con cansancio la adolescente.

– Es el único individuo fiable y que no está relacionado con algún otro grupo o Raíz. – Reveló Neji de forma razonable.

– No me gusta ese niño. – Comentó Hanabi frunciendo el ceño.

– Pero si tiene tu misma edad, hermana. – Recordó Hinata.

Hanabi no respondió, simplemente, se dedicó a mirar por la ventana mientras refunfuñaba palabra inentendibles para los mayores.

…Templo del Fuego ~ Konoha…

Sai comenzaba a despertarse sobre algo que pronto, dedujo era la espalda de alguien. Aún no había abierto los ojos pero la fragancia que desprendía ese cuerpo la conocía y a pesar de querer seguir sintiendo la calidez y aroma que desprendía el cuerpo que lo llevaba, sus ojos se abrieron descubriendo las hebras doradas que cubre la cabeza de la persona que lo estaba cargando.

– Ya te has despertado. – Afirmó la persona que lo llevaba reconociendo esa voz, a pesar de los años, aún recordaba esa voz sin necesidad de ver el rostro de su propietario.

Sai miró a la persona que habló mientras abandonaba la ancha espalda del rubio pero no reconoció ese físico, a pesar de estar seguro de que conocía esa voz, de que conocía ese aroma pero aquel rostro estaba demasiado cambiado para reconocerlo, así como el cuerpo del individuo frente a él.

– ¿Estás seguro de que os conocéis?. – Preguntó esta vez una niña de pelo naranja mirando al hombre frente a él con cara de reproche.

– Por supuesto. – Aseguró el de ojos azules. – ¿No te acuerdas de mí, Sai?. – Le preguntó el rubio buscando la confirmación del moreno.

Entonces, la imagen de un chico de diecinueve años que estaba llorando en el umbral de una puerta apareció en su mente como un flash de luz.

– ¿Naruto?. – Dudó al pronunciar el nombre porque no estaba seguro ya que estaba muy cambiado al Naruto de sus recuerdos.

– ¡Vaya! Al fin has hecho memoria. – Dijo molesto el Uzumaki. – Pero dime ¿qué haces en Konoha?.

Moegi miró al moreno, que comenzaba derramar lágrimas, con curiosidad y recelo.

Sai pareció no oír las preguntas de Naruto porque se abrazó a él y comenzó a llorar en su regazo, donde Moegi pudo apreciar la incomodidad del Uzumaki ante la repentina reacción del otro hombre, recordando la adolescente y sin poder evitarlo, que de alguna manera Sasuke y Sai se parecían un poco.

Sasuke era un poco más alto que Sai pero el cuerpo del confusor, era la descripción viva de un gestador por su extrema delgadez y aquellas caderas no tan estrechas que le permitirían traer vida al mundo, al igual que lo haría una mujer aunque, la chica de cabello naranja no podía certificar con seguridad sus pensamientos acerca de Sai.

– No sabes cómo te he extrañado. – Confesó Sai. – Cuando ocurrió aquello, me di cuenta que había cometido el error más grande del mundo.

Naruto separó al hombre paliducho de él con disgusto, lo que había sucedido en el pasado no era un tema que quisiera retomar en ese momento.

– Eso ya da un poco igual, ¿no?. – Comentó Naruto quitándole importancia. – Pero quiero saber una cosa. – Uzumaki habló serio. – ¿Por qué motivo los rastreadores te están buscando?.

– Porque conseguí escaparme del CING, supongo. – Fue la respuesta del chico de ojos negros secando sus lágrimas.

– No sé pero no puedo creer que esa sea la verdadera razón. – Reveló el de ojos azules entrecerrando los ojos, buscando aquella información que Sai no revelaba. – Hay mucha gente que ha conseguido huir de ese lugar pero muy rara vez, van en busca de los fugitivos y aunque tu don sea uno de los que está en lo alto de la clasificación de Raíz, existen muchos con el mismo poder que el tuyo. Sin mencionar, que hay poderes especiales y altamente valorados para Raíz que son muy poco frecuentes entre los nuestros, como los oráculos. – Argumentó Naruto recordando a Tsunade y ocasionando que Moegi diera un leve saltito.

Moegi estaba sorprendida ante la deducción del Uzumaki. Al parecer era mucho más inteligente de lo que parecía cuando lo escuchó expresarse de esa forma, no pudo evitar el imaginarse a Naruto como a uno de esos detectives de televisión que resolvían casos de lo más complicado.

– Tienes razón. – Bajó la cabeza Sai. – Pero no puedo decirte, es un tema que no puede hablarse en cualquier lugar o contarse a cualquiera. – Confesó juguetonamente como si sus intrigantes palabras y todo lo que había sucedido no fuera nada importante.

– Bien. – Aceptó Naruto para acercarse a la adolescente. – Gracias por cargar mi mochila, Moegi. – Agradeció retirando la mochila de la vidente que seguía sumida en sus pensamientos y poniéndosela él en su espalda para comenzar a bajar la larga escalera del templo. – Vamos. – Dictaminó el rubio.

– ¡ESPERA, NARUTO!. ¿¡NO ME DEJARÁS AQUÍ!?. – Gritó  el confusor siguiendo al rubio apresuradamente.

– He dicho vamos y esa palabra. También, iba dirigida a ti. – Declaró sin detener sus pasos el chico de ojos zafiros.

– ¿Hacia dónde nos dirigimos?. – Preguntó intentando agarrar la mano de Naruto pero este evitó el contacto.

– Buscaremos el lugar en el que está escondido Akatsuki. – Le informó Naruto para continuar su marcha.

Sai se detuvo y sus compañeros también lo hicieron para mirarlo cuidadosamente.

– Yo sé…,  como podemos encontrarlo. – Declaró el confusor con recelo.

– ¿¡De verdad!?. – Preguntó sorprendida Moegi, viendo como el chico paliducho asentía con la cabeza.

– Bien, pues andando. – Ordenó nuevamente el de ojos azules. – Debemos darnos prisa antes de que aparezca por aquí alguna persona no grata. – Terminó el rubio para volver a retomar el camino mientras Sai les explicaba cómo debían hacer para contactar con Akatsuki.



Aclaración de  los términos:


]Con respecto a cómo transfiere Amaru su poder de sanar, la cual es muy diferente a como lo hace Sakura, solo os diré que a pesar de poseer la misma “habilidad” o “don” no significa que también lo utilicen de la misma forma.

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