-Llegando las consecuencias.-
Naruto.
Finalmente. había encontrado alojamiento en un hotel que estaba cerca del río
Suiton, tal y como había querido poder alojarse desde el momento en que llegó a
la ciudad pero debido a las festividades que el frío mes de diciembre tenía no
había encontrado una habitación disponible cuando había llegado a la ciudad.
Por ello, ahora que habían concluido, hacía días, el último mes del año y enero
había comenzado con sus perezosos días, el periodista no tuvo tanto problema de
encontrar una habitación bastante cómoda en un modesto hotel a orillas del río
Suiton, que ya las personas dejaban la ciudad a la que habían ido para pasar
las vacaciones navideñas con la familia.
También,
el haberse mudado tan rápidamente había sido como una huida de lo que había
ocurrido con Sai, Naruto necesitaba alejarse de su amigo, por el momento, pero
antes de marcharse del hostal en el que estaba hospedándose Sai, le había
contado al fotógrafo sobre el lugar en el que ahora se alojaría de la misma
manera que había llamado a Karin para informarle de su paradero y aunque Sai no
abordó lo sucedido aquella noche en que había besado al periodista y confesado
sus sentimientos, esto no hacía sentir mejor a Naruto y, mucho menos, dejaba
que la cabeza del periodista continuara dándoles vueltas a lo que había pasado
entre ellos, ya que el tan solo estar cerca de su amigo del país del Remolino
le frustraba porque no sabía cómo debía de comportarse frente al fotógrafo a
partir de ese momento.
En ese
instante, Naruto se encontraba recostado sobre la cama mientras cambiaba los
canales de la pequeña televisión que había en la habitación en la que se estaba
hospedando en aquel hotel y no se sorprendió al percatarse que su artículo
parecía hacerse eco en cada uno de los programas magazine o noticieros en ese
día, después de que Diario Técnica expusiera su escrito en una página doble del
periódico con el titular sensacionalista de “Obito Uchiha, el intocable” junto
a una fotografía a color del mismo Obito Uchiha que había sido tomada en la
rueda de prensa después de que Obito saliese de la prisión estatal de Konoha en
la que presentó a Ebisu Aoyama como el testigo que le ayudaría limpiar su
nombre de la condena a la que se le imputó.
Naruto
dejó de cambiar de canal en el popular programa que presentaba Sakura Haruno,
el cual obtenía el más alto índice de audiencia televisiva de todos los
programas magazines que se trasmitía en diferentes canales de televisión a esa
hora de la mañana.
“– Ayer nos sorprendía la noticia
de este periódico del país del Remolino. – La presentadora del programa mostró
el periódico a la cámara donde se veía a la perfección el nombre del periódico
antes de abrirlo para enseñar la página en la que aparecía el artículo de
Naruto. – Este periodista, Naruto Namikaze, ha estado presentando escritos como
este que tenemos aquí y con lo que nos muestra al señor Obito Uchiha carente de
sentimientos y culpa, el cual tuvimos el placer de conocer hace cuatro días con
la presentación del libro biográfico de su historia hecho por el reconocido escritor Deidara Katsu.
– Rememoró la mujer. – Ante esta
noticia, el programa ha tenido la amabilidad de invitar a Obito Uchiha a que
nos acompañara hoy. – Detrás de estas palabras el sonido de aplausos embotellados
dio paso a la persona invitada que no era otro que el mismo Obito, hacía
aparición en el plató de televisión vistiendo un elegante traje gris y corbata
de un color azul claro brillante. – ¡Buenos días, señor Uchiha! Es un honor que
nos acompañe, hoy. – Saludó la presentadora mientras estrechaba la mano del
invitado a su programa mientras un leve sonrojo se extendía en el rostro de
Sakura y que el maquillaje no consiguió camuflar en su totalidad.
– El gusto es mío de poder
estar aquí nuevamente. – Respondió Obito mientras se sentaba en el sillón que
estaba frente al asiento que ocuparía la presentadora.
– ¿Cómo se siente después de
haber conocido la publicación de este periodista, señor Uchiha?. – Comenzó la
entrevista Sakura cuando ella también tomó asiento en su respectivo sillón.
– Está claro que ese artículo
ha sido una amarga sorpresa pero, en especial, para mi familia. – Contestaba
Obito mostrando una gentil sonrisa a la presentadora. – Cuando salí, el pasado
mes, de la prisión y le pedí a mi familia y abogado el hacer público mi
intención de querer iniciar los trámites legales para demostrar que soy
inocente después de haber sido acusado injustamente y tenido que pasar varios
años de mi vida encerrado y rodeado de criminales sin haberlo mereció. Mi
abogado me informó de la posibilidad de que al hacer pública mis intenciones,
podría surgir publicaciones como la que ha hecho este periodista, en ese
periódico de ese país extranjero en el que trabaja y no se puede imaginar lo
duro que es el ver como mi propia familia sufre a causa de las palabras escrita
por un hombre sin escrúpulos.
– Y no es para menos, señor
Uchiha, esta noticia ha tenido que ser un amargo trago para usted y su familia.
Entonces, ¿su abogado ya lo había preparado para afrontar este tipo de
situaciones?.
– Así es pero no conté con el
dolor que este tipo de publicaciones hiriente provocaría a mi familia y para
esto no se está preparado, señorita Haruno.
– Por supuesto, la familia de
la persona pública expuesta suele ser la que más sufre al comprobar que un ser
querido está siendo calificado tan duramente pero ¿considera este artículo
periodístico como un obstáculo a conseguir lo que se propone, señor Uchiha?. – Habló
con un tono vacilante Sakura mientras leía uno de los cartoncillos en los que
contenía el guión a seguir del programa que presentaba.
– En absoluto, esta publicación
solo tiene escritas los deseos de un periodista que no comprende que todos sus
artículos publicados tienen escaso valor y, con este último escrito, lo ha
demostrado. Solo ha señalado con iniciales las supuestas identidades de las
personas a la que corresponde las historia que ha relatado pero si se percata,
incluso, afirma acoger las palabras de una persona que él mismo asegura que se
trata de un delincuente, las cuales carecen de valor y lo más posible es que
esa persona se haya inventado todas las historias de la cual, este periodista
se ha hecho eco, solo puedo apreciar que este señor se trata de un aficionado
que ha desaprovechado sus años de estudios en la universidad. Estoy seguro de
que me entiende, señorita Haruno, no puedo tomarme en serio a alguien que dice
ser periodista y carece de profesionalidad en su trabajo, algo, que ha estado
demostrando en cada una de sus noticias. – Argumentó Obito con firmeza.
– ¿Está diciendo que está
noticia publicada en este periódico del país del Remolino es un gran calumnia
inventada por un periodista inmoral?. – Preguntó Sakura mientras sus rasgos
faciales indicaba que se encontraba sorprendida por las palabras del invitado al
que estaba entrevistando.
– Tengo absoluta certeza,
señorita Haruno. – Después de estas palabras de Obito la presentadora tomó un
poco de agua de su vaso.”
Naruto
apagó el televisor al oír como su teléfono móvil sonaba estruendosamente
mientras pensaba que aquella entrevista se estaba convirtiendo en mediocridad a
cada respuesta lanzada por Obito en la que estaba acusándolo de mentiroso y era
consiente de que esa era la única forma que tendría para defenderse de sus
artículos.
–
¡Karin!. – Nombró a la persona que la estaba llamando a su teléfono.
–
Naruto, tengo la obligación de hacerte la pregunta porque ya sabes que no dudo
de ti ni de tus métodos para obtener fuentes fiables pero… las personas a las
cuales no quisiste revelar el nombre en tu último artículo son reales, son una
fuente existente, ¿cierto?. ¿Tú tienes pruebas de demostrar que no son infamias
o invenciones tuyas lo que has enviado al periódico para dañar a Obito Uchiha
solo por rencores de lo que pasó en el pasado?. – La voz de la mujer se mostraba
ansiosa y exaltada por tener una respuesta rápida.
–
Claro que son personas reales, Karin. Sabes que siempre hago un buen trabajo de
investigación y me he asegurado de tener la prueba de que se tratan de
historias reales. – Aseguró Naruto recordando sus grabaciones así como los
documentos que le había otorgado el ex presidiario.
– Es
qué esta mañana, se ha presentado la policía junto a un hombre, que he de
suponer se trataba de un letrado, en voz de Obito Uchiha en las oficinas del
periódico. ¡Obito Uchiha nos ha puesto una demanda por la publicación de tú
último artículo, Naruto!. – Estalló Karin casi sin respirar mientras hablaba.
– ¿Qué…?
–
Naruto, tu sección ante el caso de Obito Uchiha en estos momentos no es lo
único que está corriendo riesgo de desaparecer, los de arribas se han reunido
después de la visita de ese hombre y la policía. Posiblemente, los jefes crean
que lo mejor sea el despedirte. – Interrumpió Karin al periodista dejando
escapar un angustiado gimoteo. – Hace unos minutos me llamaron a esa junta para
preguntarme sobre ti ya que soy tu jefa pero dudo que mis palabras sobre ti como
profesional sean tomadas en cuenta, cuando se han tomado trámites legales en el
asunto, recuerda lo que pasó con Ameyuri Ringo y el caso de los Gama, no quiero
que tú te conviertas en el próximo Ameyuri Ringo.
–
Tranquilízate, Karin. Yo cuento con pruebas y estoy seguro que esas personas no
van a retroceder en sus palabras, tienen sus motivos para odiar a Obito Uchiha.
– Eso
me hace sentir mejor, Naruto, pero aún así, tu sección puede desaparecer y tú
ser despedido. Incluso, yo puedo ir a la calle al mismo tiempo ya que soy tu
responsable por mucho que sea verdad lo escrito en tus artículos, sabes cómo
son los jefazos, a ellos lo menos que le agrada son el tener que vérselas en juicios
o pleitos de abogados.
– No
tendrían motivos para echarnos a la calle, Karin. Por lo que tengo entendido,
mis artículos no solo son los más leídos y polémicos. Últimamente, parecen ser
de gran interés nacional e internacional que a tenido Diario Técnica, sino
también el periódico se está vendiendo demasiado bien gracias a mi sección, por
no recordar que la web está recibiendo más visita de lo acostumbrado y
obteniendo más suscriptores, tú misma me los dijiste la última vez que hablamos.
Ellos deberían saber que el destruir la sección que me han ofrecido, así como
despedirme, no es la mejor decisión en estos momentos ya que sus bolsillos se
están llenando gracias a mi trabajo.
– Eso
es cierto, seguramente pronto me volverán a llamar porque intuirán que me he
puesto en contacto contigo. Le aseguraré que puedes responder a lo que has
escrito, ellos también son responsables de que exista tu sección, al fin y al
cabo, fueron los que dieron permiso para que esté en el periódico ya que Obito
Uchiha no ha dejado de ser noticia desde que salió de la prisión. – Karin hizo
una pausa para suspirar. – Gracias por confirmarme eso aunque ya sabía que no
era necesario, siempre has tenido los documentos oportunos para defender tus
publicaciones, no eres ningún negligente.
–
Entonces, esto ha quedado resuelto. Además, no entiendo el por qué se ha
molestado en demandar al periódico, si lo consecuente sería que la denuncia
recayera sobre mí y por ahora no…
– Es
obvio, Naruto. – Interrumpió Karin. – Al denunciar al periódico sería la forma
más rápida para suponer que así acabará con el medio en el que expones tú
artículos al público. Solo quieren acallar lo que estas contando en cada
publicación de Obito Uchiha. En especial ahora, que hace pocos días, no solo
apareció a la venta ese libro biográfico de Obito que escribió Deidara Katsu.
Eres su mayor obstáculo, Naruto. Es posible, que lo que está pretendiendo
conseguir no lo pueda obtener debido a cada una de tus publicaciones y por
ello, tenga la necesidad de quitarte del medio como la piedrilla que está
dentro de su zapato, dificultándole el caminar.
– En
estos momentos, Obito Uchiha está siendo entrevistado por la presentadora
Sakura Haruto en su programa televisivo. – Informó el periodista a su jefa. –
Ya me está poniendo en duda mi profesionalidad en cada respuesta pero dudo
mucho que mencione el hecho de que ha denunciado al periódico por mi causa, más
cuando ha asegurado que mis publicaciones no le ha afectando en absoluto y me
ha tildado de embustero.
– Eso
no lo sabía y dudo mucho que los jefazos lo sepan, tendré que interrumpir antes
de que me llamen nuevamente para comunicarles esto, estoy segura de que ellos
tampoco están al tanto de que Obito Uchiha está prestando una entrevista
televisiva mientras su abogado ha viajado al Remolino para demandarnos.
–
Karin, gracias por ponerme al tanto.
– Es
lo menos que debo hacer, no solo porque eres mi amigo sino porque eres uno de
mis subordinados y tienen que conocer lo que está pasando en el periódico, sobre
todo cuando su puesto de trabajo está en la cuerda floja. – Explicó Karin. – Bueno,
ya te dejo, sigue trabajando duro por el momento porque si, al final, nos
corren de este periódico ya te llamaré para decirte la mala noticia aunque,
espero, por nuestro bien que esa siguiente llamada se trate para comunicarte
que seguimos empleados en Diario Técnica. Lo cierto, es que me gusta mi trabajo
y me encantaría continuar trabajando en este periódico hasta el día que me tenga
que jubilar. – Terminó confesando Karin. – Ten mucho cuidado, Naruto, ya sé que
lo sabes o que lo tienes presente todo el tiempo pero tal y como está
sucediendo todo, ahora se más precavido. No quiero que te pase nada malo porque
eres mi amigo y te estimo, también porque tengo miedo a lo que te pueda
ocurrir. – Se despidió la mujer antes de cortar la llamada.
Naruto
miró su teléfono móvil mientras pensaba en todo lo que estaba aconteciendo y la
extraña forma en que estaba actuando Obito Uchiha. Sabía que algo así iba a
pasar pero el periodista pensaba que si alguien iba a poner una denuncia en su
contra debería de ser el señor Madara Uchiha pero no el mismo Obito. Además, Naruto
estaba seguro que Madara no haría nada al respecto, después de haber tenido
aquella pequeña charla en la que más de una aspereza había aparecido a flote,
el patriarca le había dejado en claro que
no iba a interferir en su trabajo o poner remilgos a sus publicaciones.
Naruto
decidió salir del hotel en el que se encontraba, pues sabía que el estarle
dándole vuelta a todos los problemas que estaban sucediendo a su alrededor no
solucionaría nada, ya que solo podía confiar en que sus superiores apreciaran
todos sus años de experiencia y los buenos trabajos que le había otorgado al
periódico.
El
periodista se dirigió hasta el muro, en el que apoyó la parte superior de su
torso con los brazos cruzado entre su pecho y la pared, para enfocar su visión
a los barcos que navegaban por las profundas aguas del río Suiton, las cuales
no se habían congelado por el invernal clima.
El periodista
dejó escapar un suspiro en el que su cálido aliento salió de su boca como una
leve estela de vapor que la brisa invernal de ese día se encargó de disipar
rápidamente mientras sus ojos permanecían sobre la superficie del río y las
embarcaciones que navegaban por él pero Naruto, a pesar de que sus ojos estaban
fijos sobre el río, no estaba mirando nada de lo que el gélido paraje le
mostraba, solo se había quedado allí, con la mente en blanco sin siquiera estar
pensando en algo concreto.
Paso
mucho tiempo en aquel lugar, el periodista y para cuando volvió a retomar la
consciencia en el sitio que estaba se percató de que ya no había mucha gente
paseando por la avenida. Con algo de pereza, Naruto comenzó a caminar sin
siguiera pensar en un lugar concreto al que ir, caminó en línea recta hasta
llegar a la plaza donde siempre habían un centenar de puestos ambulantes en el
que se podía ver una variedad y curiosos objetos expuesto a la venta.
Naruto
se percató que en uno del puesto había una extraña figurilla de cristal y como
si fuese una ráfaga de luz en su cerebro, el periodista se vio a el mismo, con
su cuerpo empequeñecido de niño a la edad de seis años, mirando un adorno de
cristal con diferentes colores y oyendo la voz de su madre susurrándole algo
acerca del equilibrio que representaba casa uno de esos colores al pequeño
objeto decorativo.
Una
minúscula sonrisa apareció en los labios de Naruto mientras recordaba aquel
pasado en el que era feliz e ignoraba el brutal hecho de cómo su vida dejó de
brillar para sus ojos y se había convertido en algo incoloro como si de una
película antigua se tratase.
– ¿Le
gusta caballero?, está a muy buen precio. – Intentó hacer su trabajo el
vendedor de aquel puesto.
–
Gracias pero no estoy interesado. – Respondió cortésmente antes de girarse y
sin poder evitarlo chocó con una anciana que estaba pasando en ese momento.
La
mujer cayó al suelo y la bolsa que llevaba algunas compras que había hecho en
aquellos puestos, salió del interior de la bolsa.
Naruto
se apresuró a recoger los diversos objetos mientras se disculpaba una y otra
vez por haberle hecho tirar su mercancía a la desconocida. En cuanto terminó de
recoger las pocas pertenencias de la señora y volverlas a introducir sin ningún
cuidado dentro de la bolsa, el periodista se acercó a la mujer para ayudarla a
levantar pero, fue en ese justo momento, se percató de quien se trataba la
anciana que lo estaba mirando con miedo, sorpresa, incredulidad mientras
temblaba y parecía estar paralizada ante la presencia de Naruto.
– Rin
Shiranui… – Balbuceó lentamente Naruto sin poder apartar la mirada de la
anciana.
– ¡No!.
¡Aléjese de mí!. – Gritó asustada la mujer con tanta fuerza que atrajo la
atención de más personas que no se habían percatado de la situación.
–
Solo… – Intentó hablar Naruto.
– ¡No,
no se acerque!, ¡márchese!. – Interrumpió aterrada la anciana sin bajar el
volumen de su voz.
–
Cálmese, por favor. Yo… – El periodista intentó tranquilizar a la mujer.
–
¡Déjeme! ¡Auxilio! ¡Alguien que me ayude! ¡Socorro!. – Comenzó a pedir auxilio
Rin y, rápidamente, dos hombres que habían estado observando la escena
acudieron al lado de la mujer para ayudarla a levantar del suelo.
– ¿Qué
está pasando aquí?. – Interrumpió un policía al oír el alboroto ya que se
encontraba patrullando en los alrededores.
–¡No
deje que se acerqué a mí, agente!. – Exclamó la mujer impidiendo que alguien
más hablase mientras retrocedía uno pasos, indicando su temor por el
periodista.
El
policía miró al periodista en un intento de averiguar lo que estaba ocurriendo
y el por qué la anciana se encontraba en aquel estado.
–
Oficial, le aseguro que no es lo que está usted pensando, solo quería ayudarla
a levantarse cuando comenzó a gritar de esa manera. – Se apresuró a hablar
Naruto intuyendo algunas de las conjeturas que podría estar pensando el policía
y en las cuales, él no saldría bien librado de la situación.
El
policía miró a Naruto antes de volver a dirigir su vista a Rin que estaba
llorando mientras seguía suplicando a que alejasen al periodista de ella.
– Está
bien, pasaré por alto en esta ocasión lo que haya podido ocurrir aquí, señor.
Espero no volverlo a encontrar en una situación parecida por aquí porque no
tendré más remedio que detenerlo. – Advirtió el policía.
–
Claro, no se preocupe, esto no volverá a ocurrir. – Respondió Naruto
conteniendo sus deseos de hablar con Rin y él por qué había reaccionado de esa
manera con él. – Oficial, tome. Como ya le dije, le estaba ayudando después de
que cayese al suelo pero ella comenzó a gritar. – Naruto le entregó la bolsa al
policía para que se la devolviese a la mujer y, acto seguido, marcharse a paso
apresurado de la zona.
Antes
de percatarse de cómo su pasos se habían apresurado tanto, ya estaba corriendo
sin importarle que las aceras podrían tener hielo causando que resbalara o que
estuviese nevando, ni siquiera Naruto tomó en cuenta de que no había probado
bocado ese día, solo necesitaba correr en ese momento hasta que quedó tan
agotado que tuvo que detenerse.
El
periodista estaba jadeando después de haber corrido varios metros como si alguien
lo estuviera persiguiendo y fue en ese instante, que se percató de que haberse
puesto a correr había sido una mala idea.
Había
llegado a un parque y las personas que se encontraban allí eran muy pocas, por
lo que decidió quedarse un rato en ese lugar mientras comía un bollo de carne
al vapor y bebía un café que compró de un pequeño puesto que estaba en el
parque.
Naruto
permaneció en aquel parque hasta que el atardecer llegó, fue en ese momento que
regresó al hotel en el que se alojaba para descansa y con la clara decisión de
que al día siguiente iría a buscar a Ebisu Aoyama e intentar hablar con él.
El
periodista, esa mañana se dirigió en primer lugar a la pastelería de la familia
Touji, donde saludó y desayunó en compañía de Mizuki y su esposa ya que Naruto
le había prometido al pastelero el acompañarlo a desayunar ese día y no quería
faltar a su promesa. Luego, se encaminó al bar de Torune Aburame, Kikaichuu.
Era,
aproximadamente, las ocho menos cuarto de la tarde cuando Ebisu Aoyama hizo su
aparición en Kikaichuu.
El
hombre caminó directo a la barra con una sonrisa socarrona mientras saludaba
con voz jovial a las personas que en esa hora se encontraban dentro del local.
Naruto
se levantó de la mesa que había ocupado todo el día en espera de que Ebisu se
presentara en local, caminó hasta la barra en la que se encontraba Aoyama pero
antes de sentarse en el taburete continuo al que había ocupado el hombre al que
había estado esperando. Ebisu giró su rostro para saber quién era la persona
que se sentaba a su lado y al reconocer al periodista, las facciones de la cara
de Ebisu cambiaron por una de espanto y sin esperar a que Naruto le llegara a
decir algo, huyó del bar dejando perplejo al dueño de Kikaichuu que iba a
servirle la bebida que había pedido.
El
periodista chasqueó la lengua ante lo hecho por Ebisu y con rapidez dejó unos
billetes sobre la barra para pagar lo que había consumido ese día en el local
aunque sabía que había dejado más dinero de lo que realmente costaba.
Naruto
salió apresuradamente del bar para poder alcanzar a Ebisu y consiguió
alcanzarlo después de varios intentos de Aoyama de despistar al periodista.
–
¡Suélteme!. ¡Yo no he hecho nada!. – Exclamó Ebisu intentando liberar su brazo,
el cual, el periodista le había cogido consiguiendo retenerlo.
– No
voy a hacerle nada, solo quiero hablar con usted. – Afirmó Naruto.
– ¡Yo
no tengo nada que hablar!. ¡Yo no he hecho nada!.
– Eso
no es cierto, solo quiero saber la verdad. – Insistió Naruto. – No voy a dejarlo
ir, si no me cuenta la razón por la que mintió. Usted sabe que su acusación es
falsa, hay muchos testigos que apoyan a Mizuki Touji de haber estado trabajando
todo ese día y no haber visto a Kushina Namikaze en la tarde que desapareció.
Sea consiente de que si esto llega a los juzgados como pretende Obito Uchiha y
se demuestra que usted está mintiendo, será acusado por ocultación de pruebas y
colaboración del crimen. – Aseguró el periodista consiguiendo que el otro
hombre quedara quieto mientras su rostro mostraba asombro.
– Yo
no he hecho nada malo, yo no tuve nada que ver. – Dijo Ebisu con temor en su
voz haciendo que el periodista lo liberase y el hombre trastrabillara hasta
apoyarse en la pared que amurallaba un jardín de una de las casas del vecindario
en el que se encontraban.
–
Entonces, deje de mentir, diga la verdad. Yo solo intento mostrar la verdad y
no quiero que salga perjudicado usted a causa de Obito Uchiha, señor Aoyama. No
continúe encubriendo a un asesino.
– Está
bien, le diré todo lo que quiera saber pero no aquí, no ahora, este no es un
lugar seguro para hablar. – Pidió Ebisu mientras miraba a su alrededor para
asegurarse de que no hubiese nadie cerca que lo pudiese escuchar. – Mañana, a
las seis y media en el viejo colegio del barrio. Trabajo ahí como conserje
desde que dejé de servir a los Uchiha.
–
Bien. – Fue la corta contestación de Naruto para ver como Ebisu asentía con la
cabeza y se marchaba arrastrando los pies como si se tratara de un zombie.
Naruto
miró su reloj de pulsera para comprobar la hora y suspiró, no le apetecía
volver al hotel aún a pesar de que el crepúsculo del día pronto se convertiría
en noche.
El
periodista decidió dar un paseo por el barrio hasta que se encontró con una
pequeña tienda de ultramarinos a la que decidió entrar.
Naruto
estaba caminando por uno de los tres pequeños pasillos que poseía la tienda en
busca de una bolsa de cortezas para comer y cerveza cuando escuchó una voz que
se le hizo familiar, la cual estaba hablando con otra persona.
–
Entonces, ese idiota no solo te rechazó sino que también te utilizó.
– Se
encontraba mal y no fue así, lo dices como si hubiera ocurrido algo más que
dormir.
–
Ahora lo defiendes pero sabes que tengo razón y da igual la condición en la que
se encontrase ese extranjero o si tuviste sexo con él o no. Tú lo ayudaste, le
confesaste que sentías por él algo más que atracción física y aún así no fue
nada amable. Se comportó como un imbécil.
–
¡Cállate y ve a pagar eso!.
– Te
molestas conmigo porque sabes que es verdad. Ese idiota no sabe lo que se
pierde y yo soy mejor que él, ¿Por qué no me das una oportunidad, Sasuke?.
– Ya
te lo he dicho. No me gustas, Suigetsu.
– Solo
dices eso porque no quieres darme una oportunidad, si continuas de esta manera
te quedarás solo ya ni siquiera el resto de los chicos quieren saber de ti.
Desde que conociste a ese extranjero has alejado a todos de ti, ¿acaso no te
das cuenta de lo que haces?.
Sin
embargo, Sasuke no respondió a las palabras de su compañero.
–
Bien, me marcho, no tengo ganas de seguir perdiendo el tiempo intentando que recapacites
porque cuando lo hagas te darás de topes con la realidad y al ver que estarás
solo vendrás arrastrándote a mis pies a disculparte pero ya será demasiado
tarde para ello. – Comentó con cizaña Suigetsu.
Naruto
escuchó como Sasuke, al quedarse solo, suspiró pesadamente y el periodista dio
la vuelta para percatarse de cómo estaba cogiendo algunos producto de los
estantes y metiéndolo en la cesta.
– Está
claro que tus amigos no son recomendables. – Dijo Naruto observando al hombre
de espalda frente a él.
–
Naruto… – Murmuró mientras se giraba hacia donde se encontraba el periodista. –
¿Qué haces aquí?.
–
Estaba por el barrio pero pensaba que tú no vivías por aquí. Incluso, creía que
estarías en Kēki.
–
¿Estabas escuchando?. – Inquirió Sasuke repentinamente haciendo que Naruto
internara sus manos al grueso abrigo que llevaba puesto.
– Fue
casualidad, estaba al otro lado del pasillo y ni tú ni tu amigo estaban
hablando con discreción como para no escucharos. – Aclaró el periodista. –
¿Tanto quieres estar a mi lado?, ¿por qué?. – Preguntó Naruto entrecerrando los
ojos y escrutando a Sasuke en un intento de comprender el por qué el hombre
quería estar junto a él después de rechazarlo tantas veces.
– Te
lo dije en Kēki, me gustas más de lo que me ha gustado alguien en lo que llevo
de vida. – Susurró Sasuke bajando la cabeza y girándola un poco para intentar
ocultar el leve sonrojo que había aparecido en su rostro.
– Eso
es atracción, nada más. Es imposible que
se trate de un sentimiento más profundo y lo sabes.
– No,
no es solo atracción. Quizás al principio, la primera vez que te vi en aquel
restaurante… si fue eso pero después… no puedo dejar de pensar en ti. Sé que es
ridículo pero yo… – Sasuke mordió su tembloroso labio inferior para no
continuar hablando.
– Eso
no dice nada.
– ¿Por
qué me pediste en Kēki que me quedara contigo?. – Preguntó improvisadamente
Sasuke e impidiendo a que Naruto continuara hablando.
–
¿¡Eh…!? – Fue lo único que Naruto pudo pronunciar, pues la pregunta lo había
pillado desprevenido.
–
Nadie le pide a otra persona que se quede a dormir con él solo por el hecho de
encontrarse mal. ¿Por qué?. – Insistió Sasuke.
– Yo…
no lo sé. – Farfulló Naruto evitando los ojos negros que lo miraban con
intensidad.
– No
lo sabes. – Susurró Sasuke como si la respuesta de Naruto hubiese sido un chiste
para girarse y con la clara intención de salir de la tienda.
Sin
embargo, Sasuke no contó con que Naruto lo cogiera de la muñeca y tirara de él
pero antes de que Sasuke pudiese decir algo, el periodista capturó sus labios
para besarlo con violencia.
– No
sabes nada de mí pero te encuentro a todos los lugares a los que voy, puede que
eso hiciera esa noche el pedirte que te quedaras a mi lado. – Dijo con la
respiración agitada.
–
Mientes. – Susurró Sasuke mirando los ojos azules que estaban congelados en el
dolor.
El
periodista sonrió antes de volverlo a besar tan demandantemente como el
anterior y Sasuke correspondió a aquel beso con más intensidad de lo que lo
había hecho antes.
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