martes, 4 de julio de 2017

Huellas del pasado ~10~

-Sintiendo el miedo.-

Naruto se despidió de Sai, que había abordado un taxi para que lo acercase al hostal en el que se estaba alojando el fotógrafo, después de una deliciosa cena en un restaurante cercano al hotel en el que se alojaba el periodista.

Sin embargo, los sentidos de Naruto se dispararon y la sensación de que estaba siendo observado lo comenzaba a incomodar.

Naruto miró a su alrededor pero no vio a nadie, habían muchos automóviles estacionados en ambos lados de la calle, incluso, uno de esos vehículos de reparto exprés, debido a que aún era una hora temprana, había personas y familias caminando por las aceras y, no obstante, Naruto continuaba teniendo la impresión de que alguien lo estaba escrutando en ese mismo momento pero no había nadie que pareciera sospechoso o tuviese un aspecto extraño.

– Quizás, Sai tenga razón y estoy exigiéndome demasiado. – Susurró para sí mismo Naruto, antes de ajustar su bufanda y comenzar a caminar hacia el hotel.

Todo el trayecto que había desde el restaurante en el que había ido con Sai a cenar hasta el hotel en el que se alojaba, el periodista continuó con  la incómoda percepción de que tenía unos ojos clavados en su espalda pero cada vez que se detenía en un escaparate en el que el cristal le servía de espejo o giraba su rostro atrás de él, no había nadie y aquello comenzaba a frustrarlo pero antes de percatarse de ello, había acelerado sus pasos hasta que por fin cruzó la puerta de cristal giratorio del hotel, siendo, en ese instante, que el sentimiento de estar a salvo y seguro lo invadió.  Más tranquilo, el periodista se dirigía hacia el ascensor del hotel cuando una voz lo detuvo al llamarlo por su nombre y apellido.

– ¡Naruto Namikaze!. – Exclamó el hombre viendo como el reportero frente a él se detenía para girarse y enfrentarlo. – Usted es Naruto Namikaze. – Afirmó aquellas palabras que deseaban convertirse en una interrogativa.

Naruto se sorprendió al ver al hombre frente a él, tan majestuoso y serio como había presenciado por televisión, con aquella voz que podía hacer que cualquier persona pudiese amedrentase y que las palabras vibrasen con cada silaba que pronunciaba como si fuese la cuerda de un violín tocando una melodía.

– Madara Uchiha. – El nombre salió de los labios del periodista casi con aflicción mientras las preguntas se aglomeraban en su mente pero sabía que él había provocado que se diese ese momento. Ese instante, en el que Madara Uchiha se encontraba acercándose a él con su andar elegante y firme mientras que sus ojos lucían analíticos como un depredador preparándose para dar caza a su presa.

– Veo que sabe quién soy,  esto nos ahorrará hacer las molestas presentaciones. – Sonrió el anciano mientras extendía su mano al periodista y que Naruto estrechó, más por costumbre que por el hecho de desear aceptar aquel saludo. – ¿Le importa si nos dirigimos a un lugar un poco más cómodo?. Me gustaría hablar con usted.

– Podemos ir al bar del hotel, si a usted no le molesta, señor Uchiha. – Habló con rapidez el periodista mientras que su cabeza intuía ya lo que Madara Uchiha quería hablar con él y estaba seguro, que no era otra cosa, que de sus artículos y de la inocencia de su hijo Obito porque eso era los únicos temas que el hombre podría querer hablar con él.

Madara Uchiha asintió con la cabeza antes de dirigirse a donde se encontraba la sala de fiestas del hotel y una larga barra de mármol rojo que casi llegaba hasta donde se encontraba el escenario en el que se ofrecía actuaciones pero, en ese momento, solo había una banda de músicos en el que la desconocida vocalista cantaba una historia trágica de amor y varias mesas estaban ocupadas por espectadores que disfrutaban de su velada.

El anciano se dirigió hacia la barra donde tomó asiento seguido del periodista y que uno de los bármanes no tardó en acercarse para atenderlos.

Naruto había pedido un gin tonic* y Madara decidió, también, tomar lo mismo que el periodista.

– He leído cada uno de sus artículos en los que acusa a mi hijo, Obito, como el culpable del asesinato de Kushina Namikaze y déjeme decirle que está haciendo un excelente trabajo como periodista al defender sus perspectiva sobre mi hijo. – Habló Madara en cuanto el barman se alejó para atender a otros clientes después de servirles las bebidas. – Comprendo su dolor y sé que no puedo pedirle que me comprenda ante lo que sentí como padre al ver como Obito era encarcelado como el culpable de un homicidio, señor Namikaze. – Madara tomó un pequeño trago de su bebida antes de mostrar una leve sonrisa.

– Está claro que no es el mismo dolor, señor Uchiha. Mi dolor, fue el dolor de un niño que le arrebataron a su madre y, ahora, es el dolor de un hombre que ha sido olvidado por la justicia. – Aseveró Naruto.

– Usted realmente cree que Obito es el autor de lo que le ocurrió a su madre, cree que mi hijo es el autentico asesino pero no puede estar seguro de eso, solo se ha auto convencido de ello en todos estos años porque usted necesita un culpable de lo que pasó y lo entiendo más de lo que usted puede pensar. – Comentó Madara haciendo que Naruto se sorprendiese por ello pero sin lograr que reconsiderara lo que pensaba sobre Obito. – Sin embargo, yo confío en las palabras de mi hijo, señor Namikaze, no puedo permitirme el no oírlo cuando todo estos años que le he preguntado sobre ello y siempre me ha respondido que es inocente. ¿No cree qué Obito ya ha pagado suficiente condena?, ¿no puede darle la posibilidad a mi hijo de mostrar que es inocente?. Al menos, ¿otorgarle la posibilidad de la duda, señor Namikaze?. – Madara agitó el vaso con la bebida. – Además, Ebisu Aoyama…

– Ebisu Aoyama, miente. – Interrumpió Naruto abruptamente. – Yo mostraré la verdad en mis artículos, señor Uchiha. No puede venir hasta aquí para intentar que me compadezca de usted a causa de su dolor como padre porque no logrará nada. – Aseguró Naruto sin apartar sus ojos de la impasible cara de Madara. – Sé que Obito es el autentico responsable de que mi madre esté muerta y, ojalá, que cuando vuelva a mostrar la verdad a la luz, no le provoque más dolor del que ya le ha causado Obito al ser acusado culpable en el primer juicio que se llevó a cabo sobre la horrenda muerte que tuvo mi madre.

– Eres un hombre obstinado, siempre me han fascinados los hombres que muestran ese fuego en sus almas. – Farfulló Madara volviendo a mirar su bebida para darle otro trago en un intento de disminuir la tensión que las palabras de Naruto habían generado entre ellos. – Pero no vine hasta aquí a infundirle lástima, señor Namikaze, pretendía saber cuáles eran sus autenticas intenciones pero parece que no me equivoqué con usted. – El anciano dirigió su mirada a la cantante que llegaba a la estrofa final de su canción. – No parece un mal hombre, señor Namikaze, sé que no hay nada que pueda hacer para demostrarle que mi hijo es inocente de ese crimen por el que se le imputó hace cuarenta años pero confío en que el tiempo y que sus investigaciones lo lleven al final de todo esto con la inocencia de Obito. – En ese momento, Madara hizo una pausa debido a los aplausos dirigidos hacia la mujer que había acabado de cantar.

– ¿Y si mis indagaciones me llevan al resultado de que su hijo es el autentico asesino de mi madre?. – Se atrevió a preguntar Naruto después de que los aplausos cesaran y la mujer sobre el escenario comenzara a cantar una nueva canción.

– Si eso ocurre, solo me quedaría esperar el juicio y que las pruebas y testigos que usted aporte, sean lo suficientemente confiable como para que el juez así lo declare. – Respondió el anciano. – Pero tengo la esperanza de que Obito es inocente y usted, tendrá que terminar aceptando la inocencia de mi hijo.

– Intuía que me contestaría eso. – Naruto tomó un poco de su gin tonic. – Pero la verdadera pregunta sería, ¿qué pasaría si el juez así lo decide, si todo lo aportado señalan a su hijo como el culpable del asesinato de mi madre, una vez más?.

– Estoy dispuesto a darle mis disculpas públicamente si todo esto se trata de una artimaña de mi hijo. Soy hombre y padre, señor Namikaze, no puede olvidar eso pero sobretodo soy conocido por mi honorabilidad. Mi carácter no me permite darle más oportunidades a Obito, si él resulta ser el culpable de la muerte de su madre, los desheredaré y toda mi fortuna iría a parar en las manos de mi único nieto.

– ¿Su nieto?, tenía entendido de que tenía otro hijo. – Inquirió Naruto un poco confundido.

– Fugaku no necesita de mi herencia y, tampoco, de mi credencial como padre. – Madara tomó un trago antes de golpear con fuerza la barra con el vaso haciendo un sonido sordo y que los cubitos de hilos se tambalearan en el interior del vaso que había salpicado un poco. – Jamás le perdonaré que haya echado a mi nieto de la casa solo porque es homosexual. Es mi único nieto, él único nieto que me queda en este mundo y me da igual su condición sexual porque mi única alegría en esta vida es saber que él está siendo feliz. – Madara se llevó una mano a la cara. – Ya fue bastante el haber perdido a Itachi en aquel terremoto en Tsuna como para también perderlo él.

– Lo siento. – Se disculpó Naruto pero sin saber concretamente del por qué se estaba disculpando pero no podía dejar de admirar el rostro de aquel gran hombre que al hablar de sus nietos parecía quebrarse como tanta facilidad que no le hizo falta preguntar para saber que Madara estaba cargando con una pesada losa sobre su espalda.

– No tiene de que disculparte, he sido yo el que ha cedido ante sus sentimientos. – Aclaró el anciano mientras se recomponía. – Mi nieto es mi único familiar fiable y mi hijo Obito, tengo la necesidad de darle una oportunidad de mostrar que es una buena persona, después de que Fugaku renunciara a su familia, yo tengo la obligación de protegerlos. – Sonrió Madara antes de dejar un billete sobre la barra mientras se levantaba del taburete. – Sea lo que sea lo que ocurra con Obito, me gustaría que conociera a mi nieto, es un buen chico. Estoy seguro que sería un ejemplo para él, esa obstinación suya ya que su carácter es demasiado voluble por todo lo que ha ocurrido en su vida. También, estoy dispuesto a ofrecerle una entrevista privada sobre mi decisión de proclamar a mi nieto como mi legítimo heredero después de si sus noticias y el juicio determinan que Obito es el asesino de Kushina Namikaze.

– ¿Está usted seguro de lo que está diciendo, señor Uchiha?. – Preguntó con asombro Naruto.

– Sí, sea lo que sea lo que vaya a ocurrir, tiene mi palabra. Seguiré leyendo cada uno de sus artículos, señor Namikaze, y espero continué haciendo un buen trabajo. Que tenga una buena noche. – Se despidió Madara dejando al periodista atónito ante la propuesta.

Cuando Naruto regresó a su habitación no pudo hacer otra cosa que dirigirse a su cama debido a todo lo que le había ocurrido ese día desde el momento en que había despertado en aquella habitación de la pensión en la que se vio obligado a quedarse en Kēki.

Al día siguiente, el periodista no se encontraba con ánimos de escribir su artículo con la información que tenía, así que decidió ir a hasta el barrio en el que vivía con sus padres, en aquel lugar que tan dulces recuerdo se formaron antes de que su madre fuese apartada grotescamente de su vida y luego, pasaría por la tienda de los Touji para saludar y de paso comprar algunos pastelitos que le llevaría a Shizune, ya que hacía algunos días que no hablaba con la mujer en persona y se había reducido a llamadas telefónicas, así como había llamado a Mizuki Touji para saber cómo se encontraba después de la publicación en el periódico sobre la entrevista que le había propiciado.

Naruto tomó el autobús público que lo llevaría hasta el barrio donde sus tranquilas calles escondía tan terrible pasado pero el periodista al llegar, permitió que sus pies fueran libre de llevarlo por el barrio y antes de percatarse del lugar en el que se encontraba observando, volvió a sentir la misma sensación que había percibido el día anterior después de concluir su cena con Sai, alguien lo estaba observando pero no podía saber donde se encontraba o si en realidad, toda la tensión que ha estado acumulando desde que se anunció la libertad de Obito Uchiha le estaba cobrando factura en forma de paranoia.

Naruto sacudió su cabeza en un intento de olvidar la sensación antes de volver a escrutar el sitio en el que se encontraba, frente a él estaba el aparcamiento donde se había encontrado el vehículo de su madre y su mirada se clavó, en la bolera de la que se podía escuchar la música y el rumor de la gente que estaba dentro.

Sin embargo, Naruto sabía por los recortes de periódicos y las declaraciones policiacas oficiadas que en el interior del automóvil de su madre no se encontraron señales de que alguien, que no fuese la misma Kushina, hubiese conducido su vehículo hasta el lugar, el cual sería el último sitio al que fue antes de morir.

Miró lo altos que eran las paredes de la bolera hasta la zona en el que se encontraban los cristales de la ventana y eso, le hacía comprender que las personas que aquel día se encontraban en el interior de la bolera no pudiesen ver lo que ocurrió con su madre y en el caso de que hubiese pedido ayuda, Kushina no tendría posibilidades de ser oída por la gente que en ese momento estuviera dentro de la bolera debido a la música que inundaba el interior de recinto.

Entonces, la mirada de irises azules se dirigió hacia el viejo edificio contiguo a la bolera, era el supermercado del barrio y Naruto solo podía suponer que su madre se diría a comprar algo para preparar la cena, ya que recordaba que Kushina en esos meses tenía la costumbre de preparar todo tipos de comida que contuviese curry y él estaba quejándose constantemente de tener que estar comiendo curry, por lo que posiblemente se dirigió al supermercado a comprar los ingredientes para cocinar el curry pero él era muy pequeño en ese tiempo e ignoraba el afán de su madre que tenía en esos días para cocinar cualquier platillo al que le añadía curry porque una de las últimas charlas que mantuvo con su padre, Minato le había confesado de que Kushina estaba embarazada de cuatro meses. No solo había muerto su madre, sino que jamás llegaría a conocer a su hermano o hermana, Obito Uchiha se había encargado de privarle el nacer a ese bebé que había sido concebido con amor y estaba siendo esperado con ilusión.

El periodista chasqueó la lengua, mientras observaba el edificio en el que durante años había estado un supermercado y, ahora, se había convertido en una mercería.

Tan solo había unos metros desde el establecimiento que en antaño fue un supermercado y el aparcamiento que Kushina había estacionado su vehículo frente a la bolera pero no hubo testigos de ver como su madre fue secuestrada o forzada o convencida para entrar en el automóvil de Obito Uchiha, solo hubieron personas que afirmaron ver el automóvil estacionado ahí cuando fueron llamados en el juicio hace cuarenta años atrás.

“– Cuando volvía de la casa de los Hyuga, me sorprendí al ver el automóvil del señor Obito Uchiha estacionado frente a la bolera… – Contaba Ebisu a todos los periodista que se habían concentrado a la rueda de prensa que Obito y Madara Uchiha había organizado.

Esas palabras de Ebisu aparecieron repentinamente en la cabeza del periodista y, entonces, Naruto solo pudo sentir que quizás eso era verdad, quizás Ebisu había visto como Obito estacionaba su vehículo y lo que había hecho para que su madre terminara subiendo al automóvil de Obito Uchiha pero sabía que Ebisu jamás le contaría si sus especulaciones eran ciertas, si tan solo suavizó la historia y cambió el nombre de Obito Uchiha por el de Mizuki Touji ya que recordaba que en la declaración judicial de Ebisu.

En el recorte periodístico que Tsunade había estado acumulando en el arcón que Shizune le había entregado, constaba que Ebisu afirmó que había ido a hacer un encargo por parte de la familia Uchiha a la casa de la familia Hyuga pero, Ebisu, también, aseguró que en esa ocasión no había visto nada extraño y ni siquiera había pasado frente a la bolera o el salón en el que su madre iba a yoga. Hasta había negado el encontrarse ese día con Obito Uchiha, un hecho bastante curioso ya que trabajaba y trabaja para la familia Uchiha.

Sin embargo, en la mente de Naruto solo quedaba el especular de que quizás, Ebisu si que había visto a Obito Uchiha ese día, lo había visto hablar con su madre después de que terminara su clase de yoga e intrigado por lo que hacía Obito hablando con Kushina Namikaze decidió seguirlos hasta el lugar en el que el automóvil de su madre quedó estacionado frente a la bolera y, posiblemente, Obito se hubiese percatado de la presencia de Ebisu Aoyama o, quizás, se enterase de alguna manera que Ebisu había sido un espectador de lo ocurrido y lo terminara amenazado para que no dijera nada.

No obstante, Ebisu había hecho una declaración pública alegando que tenía miedo a ser involucrado y acusado como el culpable del crimen mientras señalaba a Mizuki Touji como el culpable de lo ocurrido a Kushina Namikaze pero el periodista recordaba bien esa entrevista, no por nada la había visto un centenar de veces y como Ebisu había mirado a Madara y Obito Uchiha con nerviosismo en  medio de la rueda de prensa.

– “¿Y si en ese momento de la entrevista, Ebisu estuviera mirando a Obito? ¿Y si ese nerviosismo en Aoyama se debiera a Obito y no porque la prensa se encontrara fotografiándolo y haciéndoles preguntas?”. – Las cuestiones no dejaban de fluctuar en el cerebro de Naruto olvidando el sentirse observado y mientras caminaba por las calles del barrio sin percatarse del momento que sus piernas habían vuelto a comenzar a andar.

Antes de percatarse del lugar al que sus pies lo había conducido, reparó de que había entrado en la pastelería de la familia Touji donde no solo recupero la noción del tiempo y de percatarse de donde estaba gracias la voz de la hija de Mizuki Touji que después de hablar con ella subió a la casa para hacer una pequeña visita a Mizuki quien le comunicó que muchos vecinos habían dejado de ir a comprar sus dulces después del artículo publicado y volvió a agradecer a Naruto por haberle dado la oportunidad de hablar y defenderse de la acusación de Ebisu Aoyama y Obito Uchiha. Después de esta breve visita, Naruto compró algunos pastelillos, como tenía planeado, antes de dirigirse a la casa de Shizune a la que se los ofrecería como presente pero al salir, nuevamente, a la calle la sensación de que alguien lo espiaba volvió a él.

Naruto sacudió la cabeza y a paso rápido, caminó hasta la casa de Shizune quien se alegró de verlo y donde pasó toda la tarde en una amena charla sobre anécdotas de antes de casarse Shizune con su difunto esposo, que le eran divertidas.

– Señora Kato, ¿me podría decir dónde puedo encontrar a Ebisu Aoyama?. – Preguntó Naruto rompiendo el agradable ambiente en la sala.

– ¡Oh…! ¡Cielo santo!. ¿Para qué quieres saber sobre ese hombre?. – Inquirió asustada la mujer como si le hubiese dado una muy mala noticia.

– Soy periodista y como tal, tengo la necesidad de hablar con él, de escuchar su versión de los hechos personalmente, señora Kato. – Contestó Naruto mientras pensaba que solo quería saber si Obito Uchiha lo estaba extorsionando de alguna manera para que mintiese en sus declaraciones solo contando parte de la verdad, a pesar, de que Naruto tenía presente que Ebisu no querría contarle nada al ser el hijo de la víctima y haber puesto en cuestionamiento su honorabilidad al haber señalado a Mizuki Touji.

– Pero no sería bueno que fueras, Naruto. No quiero que te pase nada, eres como un familiar para mí, no me sentiría bien si te ocurriese algo por ir a buscar a Ebisu Aoyama. – Intentó convencer Shizune a Naruto pero el periodista se levantó de su asiento para coger las manos de la mujer.

– No sé preocupe por mí, estaré bien ya me he enfrentado a todo tipo de situaciones peligrosas debido a mi oficio. – Intentó tranquilizar a la mujer. – Solo ayúdeme, necesito hablar con Ebisu Aoyama, es por mi trabajo y no puedo dejar pasar nada por alto. Entienda que esto es importante para lo que estoy haciendo. – Habló con un tono suplicante mientras soltaba las manos de Shizune que suspiró.

– Está bien pero no estoy de acuerdo con que vayas. Ebisu suele estar en el bar de Torune Aburame, Kikaichuu*. Ese hombre se la pasa ahí todo el rato después de aparecer en la televisión para decir que Mizuki Touji era el asesino de tu madre y no Obito Uchiha. – Confesó Shizune.

– ¿Es qué ya no trabaja para la familia Uchiha?.

– No, hace años que dejó de servir en la casa de la familia Uchiha y desde entonces, anda haciendo chapuzas en donde quiera se le llame para luego gastar todo ese dinero en alcohol. – Le contestó Shizune arrugando su nariz para darle a entender a Naruto que no estaba de acuerdo en la forma de vivir que tenía Ebisu.

– Gracias por su hospitalidad, señora Kato. – Agradeció Naruto antes de dirigirse a la entrada de la casa. – Ya es bastante tarde, debo irme o no habrán transportes que me acerquen al hotel en el que me hospedo. – Se despidió.

– Ve con cuidado, Naruto. – Se despidió Shizune antes de que Naruto saliera de su casa.

Naruto miró hacia el cielo, el cual estaba cubierto de nubes y provocaba que la oscuridad fuera un poco más intensa de lo que debería ser,  para luego, comenzar a caminar hasta la zona en el que podría tomar el autobús.

Sin embargo, la sensación que lo había perseguido desde la noche anterior volvió a acudir una vez más en él y eso no le agradó ya que instintivamente había acelerado su caminar después de percatarse de que no había nadie siguiéndolo y, a esas horas, ya no había nadie en la calle, por lo que le era preocupante el estar sintiendo que lo seguía alguien, que lo observaban de algún punto que él no podía apreciar a esa persona.

Cuando Naruto vio la farola que alumbraba el lugar en el que debía esperar el autobús público no pudo evitar  suspirar de alegría, pensando que una vez llegará al lugar la sensación de estar siendo espiado desaparecería pero no  era consciente de cuan equivocado estaba.

Unas manos surgieron de detrás de él que lo apresaron, tapándole la boca una de las enormes manos de su captor.

– No grite, por favor o se formará un escándalo. Sé que usted es ese periodista del Remolino que está escribiendo sobre Obito Uchiha, solo quiero hablarle de él. – Susurró la voz apagada del sujeto que lo tenía inmovilizado. – Lo voy a soltar pero no hulla, solo quiero que me escuche, por favor, porque estoy seguro que mi historia le interesará. – Después de estas palabras Naruto asintió con la cabeza y sintió como el agarre que el desconocido tenía en él fue cediendo hasta liberarlo. – Por favor, sígame, no sería bueno que le contará aquí, en medio de la calle. – Indicó con su mano para encaminarse por el camino que el periodista había recorrido para ir a esperar el autobús.

El hombre guió al periodista hasta donde había una furgoneta de reparto exprés aparcada pero, contradiciendo a todo pronóstico, el hombre se adentró a la parte trasera del vehículo e invitó a Naruto a entrar y aunque receloso de internarse a el vehículo lleno de cajas y bolsas de tela que debería de ser entregado en diferentes destinos, Naruto terminó subiendo a la parte trasera de la furgoneta pero previamente, tuvo el impulso de accionar la grabadora de su teléfono móvil porque fuera cierto lo que decía el individuo o se tratase de algún matón pagado que le iba a dar una paliza, lo que recogería en la grabación sería lo único que le sería de ayuda para contrastar los hechos que iba a pasar en ese momento, pues Naruto no quería caer de ingenuo en el caso de que se tratase de una trampa o de una información de importante valor para sus artículos.

Después de que el desconocido cerrará puerta, la cual era la única vía de escape para salir del vehículo, se acercó donde debía de estar la parte delantera de la furgoneta a la que dio dos golpecitos en el metal que impedía ver si había alguien en el asiento del conductor pero no le fue difícil dar con la respuesta sobre ello, cuando el motor del vehículo rugió y comenzó a moverse.

– ¿¡Qué pretende hacer!?. – Gritó Naruto ante el hecho de encontrarse encerrado en un vehículo de repartos con un desconocido cuyo aspecto no le hacía sentir seguro.

– No pretendo nada, señor periodista del Remolino, solo quiero que escuche lo que tengo que contarle de Obito Uchiha. – Habló mientras se sentaba sobre una de las grandes cajas de cartón selladas que había allí. – Me llamo Zaku Abumi*, hace siete años salí de la prisión estatal de Konoha, después de haber cumplido dos años y medio ahí.

–¿Estaba en la cárcel?. – Preguntó Naruto algo más preocupado al saber que se encontraba frente a alguien que había estado encarcelado.

– Sí, antes de eso no pensaba que me fuera a pasar, ya sabe uno se cree que es genial lo que está haciendo solo por ver como sus bolsillos se llenan de dinero, que nunca la policía sabría quien era hasta, que de repente, aparece frente a tu casa un señor con una orden de arresto en tu contra y, finalmente, terminas en un lugar como ese. Claro, cuando ves en donde has acabado vienen los arrepentimientos y las preguntas de por qué lo hacía si sabía que no estaba bien. – Zaku se rascó la cabeza con rudeza como si le molestara ese momento de su pasado. – Si hubiera hecho caso desde el comienzo a mi instinto, no habría acabado siendo acusado por estafar a más de una docena de personas que les recomendaba invertir su dinero en una entidad que no existía. – Después de escuchar estas palabras Naruto se sintió algo más cómodo, al comprobar que no se trataba de alguien que podría suponer un gran peligro a que terminara sufriendo una agresión. – Pero mi pasado y como es que terminé en la prisión estatal de Konoha no es importante, lo único que importa es que le cuente sobre ese maldito de Obito Uchiha, señor periodista.

– ¿Cómo está tan seguro que soy el hombre correcto?. – Inquirió Naruto un poco abrumado por saber cómo consiguió saber quién era.

– Estaba escuchando la radio mientras hacía los repartos de la compañía en la que trabajo. – Golpeó la caja sobre la que estaba sentado para indicar que esa furgoneta es la que utiliza para hacer los repartos de la empresa de mensajería en la que trabaja. – Cuando comenzaron ha hablar sobre una periódico del país del Remolino que había publicado el testimonio de ese sujeto al que Obito intenta responsabilizar de lo que fue acusado y ha pasado todo este tiempo en la prisión. La noticia se repitió todo el día en diferentes programas de televisión y radio, así que cuando terminé con mi jornada laboral y llegué a casa conseguí apuntar el nombre del periódico del Remolino en el que trabaja, señor periodista. Solo fue cuestión de buscar en internet para saber si el periódico contaba con pagina web y no solo tienen una en la que he leído desde el primer artículo en el que usted rememora el por qué Obito Uchiha estaba en la cárcel sino también el último en el que es una redacción de cómo ese detective llevó a cabo su investigación y, finalmente, como ese maldito fue acusado culpable por las pruebas que encontró. – Zaku parecía muy emocionado ante el hecho de contarle que era un seguidor suyo con el caso de Obito Uchiha. – Por suerte, en la página figuraba su nombre y hay un apartado donde muestran a todos los trabajadores del periódico donde aparece una fotografía de usted, así que por eso sé que es usted ese periodista del Remolino que está escribiendo sobre Obito Uchiha. No hay duda, es usted, es la misma imagen que aparecía en la página web del periódico solo que un poco mayor a la fotografía.

– En cualquier caso, ¿cómo es que me encontró?. – Inquirió Naruto.

– Digamos que la vida me dio un golpe de suerte, solo que no he podido acercarme a usted hasta hoy, estaba haciendo mi trabajo con el reparto cuando lo vi bajar de la línea de autobuses, lo seguí y lo vi entrar en el hotel en que se está hospedando pero siempre que he querido hablar con usted no he podido. – Respondió con tono casual.

– Espero que sea consciente que el estar siguiendo a alguien de esa manera y la forma en que me ¿abordó?, lo podría interpretar como acoso de su parte. Por esto, podría denunciarlo. – Alegó el periodista bastante enfadado mientras pensaba en que debería de cambiar el lugar de alojamiento ya que podría ser reconocido fácilmente debido a la misma web del periódico en el que trabaja y le estaba dando a conocer ese sujeto.

– ¡Oh…! No era mi intensión el molestarle, señor periodista. Lo siento, lo siento muchísimo. – Se apresuró a disculparse por su manera de proceder.

– Bien, no voy a hacerlo pero dígame cuál es esa historia que tanto quiere contarme, lo escucharé y ya decidiré si es lo suficientemente buena. – Acotó Naruto para saber si aquel sujeto tenía información valiosa sobre Obito Uchiha, la cual el desconocía o solo se trataba de un oportunista en busca de un poco de fama y dinero.

– Como ya le dije, estuve encerrado en la prisión estatal de Konoha por dos años y medio por un delito de estafa y resulta que frente a mi celda estaba la celda de ese mezquino de Obito Uchiha. – Aseguró mientras apretaba sus puños. – El día que entré en la prisión, él se ocupó de darme el “recibimiento”, tengo suerte de estar vivo ya que la paliza fue en medio del patio de la prisión y los guardias acudieron a tiempo para detener la pelea aunque terminé una semana en el hospital donde tuvieron que operarme, debido a la fractura que me hizo en mi brazo izquierdo, del cual tengo una movilidad limitada. Ese cobarde, no lucha limpio, me atacó por la espalda junto a sus camaradas. – Kazu chasqueó la lengua con fuerza. – Después de eso, cuando regresé a la prisión, muchos de mis compañeros me contaron sobre el “intocable”, así lo llamaban todos allí. Nunca fue castigado como los demás, más bien éramos sus víctimas los que cumplíamos el castigo por él. No es raro que ese maldito se creyese el rey del lugar y nos considerara a los demás como mierda. Además, había gran cantidad de rumores sobre Obito Uchiha en la prisión, el más llamativo es que mató a un guardia en la cocina y exhibió el cadáver al resto de presos como si fuese un muñeco que ha acabado de ganar en uno de esos juegos de feria. – Hubo una pequeña pausa en la que el ex presidiario parecía estar intentando tranquilizarse. – Como le dije, Obito Uchiha era mi vecino de enfrente de la celda que ocupaba, solía verlo drogándose o en el estado que lo dejaba esa mierda que se metía, en una ocasión, comenzó a delirar sobre lo bien que se sintió aquella noche que había castigado a una puta. No sabía a qué se refería con esas palabras ya que él tenía costumbres de auto hablarse. Ya sabe se pregunta y responde a sí mismo. A veces daba miedo, parecía un loco y muchos presos llegaron a decir que hablaba con el demonio. Bueno, como le decía, no sabía a qué se estaba refiriendo hasta que dijo que había matado a alguien y lo había hecho con sus propias manos, ese perturbado, incluso, cambió su voz para imitar los ruegos de su víctima para que la liberase y en cada una de las frases que decía no hacía más que reírse, era como si estuviese disfrutando ese recuerdo. Después, volvió a perderse en su demencia.– Kazu terminó de hablar. – Sé que debido a que soy un ex presidiario y a pesar de que he conseguido reintegrarme en la sociedad, mis palabras no tienen el valor adecuado pero aún así, quiero que lo sepa, quiero que sepa el tipo de persona que ha sido ese hombre mientras ha estado en la prisión y, también, porque una parte de mí, aún quiere vengarse por todas las humillaciones por las que me hizo pasar.

– ¿Hay algo o alguien que pueda confirmas sus palabras?. Entienda que el que me cuente algo así, no puede ser expuesto a la luz pública en un periódico sino existe pruebas que lo denueste. Señor Abumi, tiene que demostrar que estuvo en la prisión estatal de Konoha por el tiempo que ha dicho, también, se debería demostrar que Obito Uchiha es adicto a alguna sustancia psicotrópica y, finalmente, quedaría el constatar el hecho de que Obito Uchiha haya confesado consciente o bajo los efectos de drogas que ha asesinado a alguien. – Le informó Naruto, a pesar, de que sentía que aquel hombre no estaba mintiendo, sabía que no podía publicar algo así en el periódico si el hombre frente a él no le mostraba alguna prueba de que estuvo en la prisión estatal de Konoha.

– Sabía que debía de tener algo para que me creyese, señor periodista, por eso fui a buscar los documentos sobre el juicio que se llevó a cabo y fui hallado culpable por haber estafado. También, traje conmigo los papeles que acredita que estuve en la prisión estatal de Konoha durante dos años y medio pero no puedo probarle lo demás, solo puedo asegurárselo con mis palabras que es cierto, le diría el nombre de mi compañero de celda pero dudo que quiera hablar del tema con usted.

– ¿Por qué?.

– Por miedo, señor periodista del Remolino, Obito Uchiha trataba a todos como basura, él se creía el amo de todo y todos, muchos presos le temían y aún temen a Obito Uchiha. – Respondió Kazu.

– ¿Y usted no teme que al ser publicado esto en un periódico, Obito Uchiha le pueda hacer algo?. – Preguntó un poco confundido Naruto.

– No importa si ese miserable me mata, solo he estado esperando la oportunidad de vengarme, de hacerle pagar todo lo que me hizo en la prisión. – Contestó férreamente. – Jamás podré perdonarle el que haya perdido movilidad en mi brazo izquierdo por su “paliza de recibimiento” y el haberle aguantado todo ese tiempo de burlas y humillaciones de su parte. Usted no sabe lo cruel que es ese hombre y el daño que ha hecho a otras personas, hubieron presos que no pudieron aguantar la situación y se suicidaron antes de tener que seguir soportando las humillaciones que Obito Uchiha los sometías. – Después de estas palabras se hizo el silencio, hasta que el vehículo se detuvo. – Ya llegamos al hotel, señor periodista, pero antes de se marche, quiero que se quede con los documentos, son copias de los originales y en la última hoja le he apuntado mi número telefónico, por si necesita ponerse en contacto conmigo. – Indicó a lo que el periodista asintió con la cabeza antes de salir del vehículo e internarse en el hotel que se alojaba.

Cuando Naruto llegó al ascensor lo primero que hizo fue sacar el teléfono móvil del bolsillo de su abrigo para cerrar la grabación y guardarla antes de marcar un número telefónico y darle al botón de llamar.

– ¿Naruto?.

– Sai, espero no molestarte pero tengo que cambiar de lugar de residencia, creo que he pasado demasiado tiempo alojado en este hotel y podría ser peligroso para mí. ¿Te importa si ahora me dirijo al hostal en el que te estás alojando hasta que encuentre algún otro lugar en el que pueda quedarme?. – Preguntó Naruto, ya que después de lo ocurrido esa noche no se encontraba cómodo en ese hotel.

– Claro que no me importa. Te estaré esperando pero… ¿es qué ha sucedido algo para que decidas el cambiar de hospedaje tan repentinamente?. – Inquirió Sai con preocupación.

– Nada importante, ya hablaremos en cuanto llegue, ¿ok?.

– Está bien. – En ese momento Naruto cortó la llamada y las puertas del elevador se abrieron.

El periodista se apresuró a ir hasta la habitación de hotel y una vez había entrado volvió a marcar en su teléfono móvil otro número de teléfono antes de volver a pulsar el botón del aparato que le permitiría dar la llamada.

– ¿Diga…? – Preguntó la femenina voz en tono adormilado.

– Karin, soy Naruto. Te llamo para decirte que voy a cambiar de lugar de alojamiento, he estado demasiado tiempo quedándome en este hotel. Por lo pronto, me quedaré en el hostal que está Sai mientras busco otro lugar en el que hospedarme, te llamaré en cuanto encuentre un sitio.

– Me parece bien, Naruto ¿¡pero tenías qué llamarme a estas horas de la noche!?, puede que en Konoha sea temprano aún pero aquí no. Pudiste haber esperado a llamarme por la mañana o haberme llamado antes. – Regañó Karin.

– Lo siento, no recordaba la diferencia horaria. – Se excusó Naruto mientras sacaba su maleta del armario.

– Pues más vale que lo tengas en cuenta o la próxima vez que me llames a estas horas, ten por seguro, que buscaré un vuelo que vaya a Konoha para darte tu merecido. – Bostezó la mujer. – Por cierto, como va tú próximo artículo, sabes que tienes que entregarme algo antes de…

– Lo sé, no te preocupes por eso. – Interrumpió a su jefa el periodista.

– Bien y buenas noches, Naruto. Estaré esperando tu artículo en los próximos días. – Se despidió Karin antes de cortar la llamada telefónica sin darle tiempo a Naruto a responderle y despedirse de ella.

El periodista chasqueó la lengua antes de volver a guardar su teléfono móvil en el bolsillo de su abrigo para poder empacar mejor sus pocas pertenencias y, en cuanto terminó, bajó hasta la recepción del hotel donde devolvió la tarjeta llave y anunció que ya no se quedaría más alojado ahí, haciendo que el hotel volviese a disponer para sus futuros huéspedes la habitación en la que hasta ese instante se había estado quedando Naruto.

El periodista después de pagar al taxi que lo había llevado hasta el hostal en el que estaba hospedado el fotógrafo, se dirigió hasta la recepción donde el dueño le indicó cual era la habitación de Sai.

A Naruto no le sorprendió que su amigo le abriese la puerta casi al momento de dar un leve golpecito y volverle a preguntar sobre la reciente decisión de querer dejar el hotel en el que se estaba alojando, por lo que Naruto decidió sacar su ordenador portátil y después de iniciarlo y conectar su teléfono móvil al ordenador para que se guardase la grabación mientras le explicaba a Sai lo ocurrido, el periodista le mostró a Sai la declaración que hacía una hora atrás había grabado.

– Naruto, eso ha sido muy peligroso. Ese individuo pudo haber sido algún matón o cualquier otro tipo de persona vil. No debiste haber hecho eso, fuiste demasiado confiado, solo hay que agradecer que la suerte estuvo de tu lado pero la próxima vez puede que no sea así, eso fue demasiado arriesgado de tu parte cuando sabes que hay motivos para que alguien pueda agredirte. – Recriminó Sai con tono molesto.

– Te preocupas demasiado, Sai. Además, si no hubiera tomado la decisión de seguirlo y escucharlo no hubiera obtenido esta información.

– ¿Es qué tu vida vale tan poco como para estar exponiéndote así, para escribir un maldito artículo?. – Preguntó con indignación el fotógrafo.

– No se trata de escribir un artículo, Sai, se trata de que estoy protegiendo el nombre de mi madre, de demostrar que Obito Uchiha no estuvo en la cárcel por nada insignificante como sería el robar un caramelo a un niño, sino que se trata de recordar que Obito Uchiha es un asesino, un hombre peligroso. – Argumentó el periodista antes de sentir un puñetazo en su barriga que le hizo doblarse de dolor y quedarse sin aire en sus pulmones.

– ¡Idiota!. – Gritó Sai con frustración. – Estas poniéndote en riesgo a pesar de que te he dicho más de un millón de veces que este trabajo es peligroso, ¡es que quieres acabar muerto!.  – El enfado en la voz del fotógrafo era palpable. – Siempre te olvidas de que hay personas a tu alrededor que se preocupan por ti, Naruto. Puede que no haya nada que cambie el pasado, quizás Obito Uchiha sea vuelto a acusar culpable de lo que hizo pero de que vale todo eso si tú no estás aquí. ¿Aún piensa qué arriesgarse de esa manera tiene sentido? O… ¿es qué crees que no hay personas a la que le importas? Porque, sí es así, déjame decirte que estas equivocado. A mí me importas, siempre me has importado porque… porque te quiero. – Declaró Sai antes de coger a Naruto por el abrigo y besarle en los labios.

El periodista estupefacto debido a aquella confesión no reaccionó hasta segundos después en que Sai ya había dejado de besarlo y se había abrazado a él con fuerza pero sin poder verle la cara al fotógrafo ya que Sai había apoyado su cabeza en el hombro de Naruto.

– Sai… – Susurró Naruto.

– No hace falta que digas nada. – Acotó Sai sin separarse del periodista. – No tienes que responderme en este momento. – Murmuró antes de deshacer el abrazo y girarse con rapidez hacia donde estaban las camas. – Voy a dormir. – Dijo antes de encaminarse a una de las camas en la que se acostó tapándoos con las cobijas hasta la cabeza.

Naruto aún impresionado por todo lo que estaba ocurriendo, solo esperó a que la grabación se terminara de guardar en su ordenador portátil y, luego, en la copia de seguridad para cambiarse y, después de de haberse vestido con su pijama, acostarse en la cama que quedaba libre, ya que sentía que necesitaba descansar porque estaba demasiado agotado repentinamente.

A la mañana siguiente, cuando Naruto despertó, se percató de que Sai no se encontraba allí y por algún motivo, eso hizo que Naruto se sintiera aliviado ya que no estaba en ese momento con la fuerza suficiente de mirar a la cara al fotógrafo.

El periodista se sentó frente a su ordenador portátil para comenzar a escribir el artículo que le enviaría a Karin y después de haberle enviado el escrito por fax a su jefa, Naruto tenía pensado ocuparse de encontrar algún lugar en el que hospedarse.

Cuando por fin, Naruto terminó de releer el artículo que había escrito sobre lo que Kotetsu y Kakashi le habían contando e incluyó, lo dicho por Kazu y, en último momento, la descripción psicológica que Fu le había otorgado, a pesar de que en principio pensó no añadirla al escrito, se percató que era donde mejor estaría puesta las palabras del ex psicólogo de la prisión estatal de Konoha y, por supuesto, ayudaba a que el relato de los ex guardia de la prisión, así como el de Kazu fueran más creíbles aunque no reveló los nombres de ninguna de las personas que le había proporcionado las historia, solo lo había indicado con iníciales de sus nombres y apellidos, debido al riesgo que podían correr. Aunque la descripción psicológica que Fu Yamanaka había aportado al final de su artículo, había quedado como una simple descripción de un psicólogo anónimo ya que este, le dejó claro que no quería verse mencionado en el artículo y no estaba relacionado con Obito Uchiha.

De esta manera, Naruto dejó el hostal para ir en busca de algún lugar en el que pudiera hacer las copias del artículo que había escrito y guardado en la pequeña memoria USB para enviarlo por fax y cuando logró su objetivo no tardó en recibir la llamada de Karin dándole su opinión sobre lo que le había enviado como había estado haciendo su jefa después de leer su último artículo recibido por vía fax.

Sin embargo, Naruto esa mañana se había levantado bastante confundido y agotado debido a la inesperada confesión de Sai y aún, en ese momento, que se encontraba en una cafetería desayunando con un periódico en las manos, no podía dejar de sentir su cabeza embotada, mientras que en la pequeña televisión con la que contaba la cafetería en la que se encontraba, estaba puesto en el canal que se trasmitía el programa de Sakura Haruno y hubiese pasado desapercibido por el periodista en esa mañana sino fuera que escuchó como el nombre de Obito Uchiha aparecía de los labios de la popular presentadora de televisión.

“– Hoy en Las mañanas con Sakura, no acompañará Deidara Katsu y el señor Obito Uchiha en presentación del libro biográfico sobre Obito Uchiha que el conocido escritor Deidara ha terminado y aparecerá en el mercado el próximo viernes. – Presentó Sakura a sus invitados mientras mostraba el pequeño libro de portada gris claro y letras rojas, cuyo único dibujo era la de una sombra de un pájaro, la cual parecía ser un cuervo. – ¡Buenos días, señor Uchiha, señor Katsu!. – Saludó a sus invitados. – Señor Uchiha, ¿qué siente, ahora que este libro saldrá próximamente al mercado contando su historia?.

– No tengo palabras para expresar lo que siento, señorita Haruno, sé que muchas personas están esperando a leer mi biografía que el señor Katsu ha tenido el honor de escribir. Creo que muchas personas podrán comprenderme ahora y se percatarán de que soy inocente. – Respondió Obito Uchiha mientras le mostraba una sonrisa amigable a la presentadora.

– Señor Katsu, veo que este libro y en comparación a sus anteriores novelas, es bastante ligero, ¿se debe a alguna particularidad en especial?. – Inquirió la presentadora al escritor.

– Por supuesto, al ser escrito como una novela ligera será más plausible para el lector comprender por el dolor que ha soportado, el señor Uchiha, aquí presente. – Contestó Deidara.”

Naruto sin ánimos de continuar escuchando y viendo el programa de televisión en el que aquel enérgico escrito parecía pavonearse de haber escrito una gran historia que haría record de ventas mientras que Obito Uchiha parecía estar riéndose de él y sus esfuerzos para que no consiguiera demostrar al mundo la única verdad existente, Obito Uchiha era el asesino de Kushina Namikaze.

El periodista dejó una generosa cantidad de dinero sobre la mesa en la que estaba parte del los alimentos que había estado desayunando para abandonar la cafetería y llamar a algunos de los números telefónicos pertenecientes a los hoteles y hostales cuyos anuncios aparecían en el periódico que había estado leyendo.


Aclaración de  los términos:

* Gin tonic: Es un cóctel obtenido por la mezcla de ginebra y tónica, se suele presentar con una rodaja de lima en su interior o como decoración.

* Kikaichuu: Son los insectos que tienen el clan Aburame en su cuerpo para combatir y hacer sus jutsus.

* Zaku Abumi: Seguramente, muchos no recordaréis a este personaje por el nombre pero si por lo ocurrido en los exámenes a chunnin ya que fue el ninja del Sonido que al enfrentarse junto a sus compañeros en el Bosque de la muerte al equipo 7, por ordenes de Orochimaru, Sasuke le dislocó los brazos en medio de las pruebas a ascenso a chunnin mientras el sello maldito lo poseía y, posteriormente, fue uno de los sacrificios que utilizó Orochimaru para invocar a uno de los dos primeros Hokages con los que el sannin de las serpientes se enfrentó a Hiruzen Sarutobi.

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