sábado, 7 de enero de 2017

¡Paralelismo! Gaara


-Gaara.-

Había conseguido una beca de estudios que le permitiría ingresar a la famosa Universidad Hokage de la ciudad de Konoha, en el País del Fuego. No solo quería asistir a esa universidad por lo famosa que era sino porque se trataba de la universidad más prestigiosa del mundo; de ella habían salido los doctores, científicos o escritores más famosos de los últimos tiempos. Igualmente, deseaba conocer otros lugares y desenvolverse en otro ambiente que no fuera el de la ciudad de Tsuna junto a la presión que ejercía su familia, a pesar de obtener buenas calificaciones. Por eso, no dudó ni un solo segundo en aceptar la beca cuando se la ofrecieron.

Gaara no podía pedir que su vida fuera mejor, pues todo marchaba a pedir de boca. Sus notas no bajaban del sobresaliente y la popularidad aumentaba al ser “el chico nuevo venido del extranjero”.
Sin saber cómo, finalmente descubrió que le encantaba el sexo y no dudaba en acostándose con cualquiera. Alegando, que se trataba de la mejor forma de liberar su tensión acumulada en las clases, sin importarle que al día siguiente despertara en un lugar diferente, con una persona desconocida o el poder contraer alguna enfermedad de trasmisión sexual, pues en la mayoría de las veces olvidaba usar la protección.

El pelirrojo era invitado a infinidad de fiesta y como era de esperarse delante de él apareció el ser perfecto y no dudó el dirigirse a su presa. Mostrándole todos sus encantos en el arte de la seducción y como si fuera un cuento de hadas, a las pocas horas yacían los dos teniendo sexo en el interior del cuarto de baño de aquella pequeña casa en la que festejaban los universitarios.

Ese fue el día que marco un antes y un después en el chico de ojos jades. Por ello, decidió tatuarse en su frente el kanji de amor en color rojo porque eso fue lo que sintió con aquel joven, ¡amor a primera vista!, ¡amor palpitando en su carne!, ¡amor que embriagaba su cabeza! y ¡amor que hacía codiciar a su atractivo amante!.

En su desesperación no tardo en encontrar toda la información posible e insinuarse a cada momento, sin importarle que estuviese acompañado. Sabía que debía deshacerse de un estúpido rubio que creía tener el título de novio, cosa simple, pero en ese momento, necesitaba buscar un doble del chico de sus sueños, Uchiha Sasuke, para mantener intimidad porque no podía dejar de pensar en él o ver la cara de cualquiera que compartiera su mismo lecho.

-Gaa... Gaara aah... te amo… ah…- Gemía un chico de pelo negro.

-Más… Aah… más…- Repetía una y otra vez sin mirar al joven con el que estaba teniendo sexo.
Y todo terminó cuando el orgasmo llegó a sus sofocados cuerpos anunciando el fin del ejercicio.
Hacía cuatro meses que tenía como amante al idiota de Sai, uno de sus compañeros de clase y uno de sus tantos pretendientes porque sí, Gaara sabía que aquel paliducho estaba enamorado de él pero era algo que solía ocasionar.

Miró al chico que se había recostado a su lado. Al percibir que no era su amado frunció el ceño para levantarse rápidamente, vestirse y salir de aquella habitación. Se dirigió al parque cercano a la universidad. Allí podía ver a los ancianos que salían a pasear, las madres llevaban a sus hijos a jugar y los enamorados a pasar un rato en compañía de su amado/a.

Suspiró pesadamente y continúo su caminar pero la tranquilidad se rompió cuando escucho unos reclamos y, sin pensar, se dirigió hasta donde se encontraba un pequeño grupo de personas. Probablemente movido por la curiosidad se había acercado.

Como pudo se abrió paso y para su sorpresa ahí estaba su hombre de ensueño y el que reclamaba no era otro que su “novio” con lágrimas corriendo por su rostro. Un sentimiento egoísta se apoderó de él y lo hizo sonreír ante el sufrimiento que mostraba tener el rubio. Consciente de que podía aprovechar la oportunidad para estar con Sasuke y dejara en el olvido al rubio para siempre.

̶ ¡TE HE DICHO QUE NO!. ̶  Gritó El rubio. – Aquí acaba todo Sasuke.

̶ Naruto, sabes que tú no puedes dejarme. ̶  Habló de lo más calmado como si fuera una escena cotidiana de su vida. – Yo te amo.

-Amar, Amar… no me hagas reír Uchiha. ̶ Vociferó con dolor. ̶  Tú no me amas, si lo hicieras no te atreverías a hacerme esto. Tú… tú no amas a nadie…por eso espero que jamás lo hagas… para que no conozcas el daño que causa el amor, como lo he ido conociendo yo a tu lado.  ̶  Acabó de decir para salir corriendo con rumbo desconocido.

Sasuke se quedó ahí, parado con la mirada en la figura del rubio que se alejaba para sonreír y con tono burlón comentar para sí mismo, más que para los espectadores.

̶ Volverá, siempre vuelve ese dobe. ̶  Tras esas palabras se dio la vuelta en sentido contrario al rubio y emprender su marcha pero su brazo izquierdo fue agarrado por Gaara.

Sin duda esa era la oportunidad de volver a tener al moreno en su cama, al menos hasta que el rubio volviese suplicando su compañía. Algo que Gaara no esperaba que hiciese.

Había transcurrido una semana en la que no había visto a Sai pero había sido la semana más maravillosa de su vida porque al parecer su sueño se había hecho realidad. El rubio no volvió a aparecer ni estar cerca de su Sasuke y eso prácticamente lo convertían en pareja. Ya que al moreno no le importaba dar muestras afectivas en público.

Sin embargo, ese día había recibido un mensaje de Sai, se preguntaba que quería. Además, suponía que debía dejar las cosas claras para que lo dejase tranquilo. Al fin y al cabo, solo había estado con él como un sustituto de Sasuke por su parecido físico.

Y ahí estaban los dos, en uno de los muchos pasillos de la universidad pero de los pocos que a esas horas se encontraban desiertos.

̶  Bien ya estamos solos, ¿qué es lo que quieres Sai? ̶  Habló parco el pelirrojo, el cual tenía un semblante serio y de desinterés con el otro joven, pues ahora mismo podía estar teniendo sexo desenfrenado con su Sasuke.

̶ Bueno, quería saber si... ¿te gustaría salir conmigo, Gaara? ̶  Preguntó el moreno con un pequeño rubor en sus mejillas y los nervios recorriendo su cuerpo que pudo notar a la perfección.

El pelirrojo lo miró escrutadoramente y algo confundido antes de responderle.

̶ ¿Hablas enserio? ̶  Sai afirmó con un cabeceo. Entonces el muchacho más bajo giró todo su cuerpo para encarar al otro y mirarlo a los ojos con agresividad. – ¡Olvídalo!, no pienso salir con alguien como tú. ̶  Terminó sonriendo con burla.

̶ ¿Pero... por qué? Solo dame una oportunidad para... ̶  Persistió el moreno.

̶ Ya estoy saliendo con alguien y sin duda es mucho mejor que tú. ̶  Fue la despectiva respuesta de Gaara al recordar al Uchiha y su agresiva naturaleza en la cama. ̶  Y no insistas, no tienes posibilidades conmigo. Tu solo fuiste uno más. ̶  Finalizó dándole la espalda y alejándose del de ojos oscuros riéndose por la cara del muchacho.

A la mañana siguiente, Subaku no Gaara le había pedido a Sasuke que lo acompañara a su aula y para su suerte el Uchiha acepto. El de ojos jades solo tenía el propósito de darle una lección al idiota de Sai y mostrarle a todos los chismosos de su clase el buen espécimen que tenía a su lado.

Al llegar al aula lo buscó, hasta que lo encontró sentado y en ese momento llamó al Uchiha. Cuando su ex amante notó su presencia, el pelirrojo miró a la clase con una sonrisa triunfadora, se volvió a su acompañante que lo había abrazado por la cintura y le plantó un fogoso beso en los labios.

Sabía que toda la clase los observaba y los mormullos no se hicieron esperar. La pareja se separó y el pelirrojo con aire triúnfate se despidió del Uchiha antes de acercó al moreno sentándose en el lugar de al lado con un aura orgullosa, burlona e ignorando por completo el estado de su vecino de pupitre.
La hora del descanso llegó y vio como Sai salía como alma que lleva al diablo. Sonrió antes de levantarse e ir a buscar a su novio. Las cosas no podían ir mejor para Gaara.

Había pasado un mes y el pelirrojo comenzó a notar como su moreno se alejaba poco a poco. Como sus encuentros pasionales se iban reduciendo y cada vez que hacían el amor ya no era como el comienzo.

Gaara no quería aceptar que aquella persona se estaba alejando de él poco a poco. No quería aceptar que aquel fuego se había apagado por parte del Uchiha. No quería aceptarlo porque sabía que eso solo significaba sufrir. Porque sabía que eso era aceptar su derrota y que el moreno no lo amaba solo había sido un simple calentón con el que se había hecho ilusiones de un futuro inexistente de ambos.
El Subaku sabía que Sasuke tarde o temprano lo abandonaría y ese día llegó. Con un hermoso atardecer el muchacho de ojos negros lo llevó hasta una cafetería.

̶  Gaara…  ̶  Los llamó captando la atención de aquellas esmeraldas. – Se que lo que te voy a decir es… difícil y… doloroso.

̶  Entonces no lo digas, Sasuke. ̶  Contestó poniendo su pálida mano sobre la del contrario.

̶ No Gaara, lo he pensado mucho y tienes que saberlo. – Dio un cansado suspiro. ̶  Hace unos días fui a buscar a Naruto a su clase. ̶  Se detuvo para dar un sorbo a su café.

El pelirrojo no reprimió una mueca de desagrado al oír el nombre.

̶  Le pedí que volviera conmigo. ̶  Continuó clavando sus pupilas en las contrarias.

̶ ¿Y él aceptó?. ̶  Preguntó con un nudo en su garganta, temiendo que lo dejara por aquel rubio que solo parecía saber llorar.

̶ No, él me rechazó. ̶  Otro suspiro. – Este tiempo que no ha estado cerca de mí me he dado cuenta que lo amo. Lo amo de verdad pero ya lo perdí para siempre. ̶  Una solitaria lágrima rodó por la nacarada mejilla. ̶  Solo los idiotas se dan cuenta del amor cuando ya es demasiado tarde.

El pelirrojo se levantó con su cuerpo tembloroso y limpió la escurridiza lágrima para luego decir con miedo.

̶ ¿Qué me quieres decir Sasuke?. ̶  Aunque, realmente, sabía la evidente respuesta.

̶ Ya te he causado mucho daño, Gaara. ̶ Quitó con delicadeza la mano de su acompañante. ̶ Y sé que no te podré amar como mereces, por eso será mejor que esta relación se acabé aquí. ̶  El Uchiha dejó el dinero de las consumiciones sobre la mesa. ̶  Espero que encuentres a alguien que realmente te merezca. ̶  Besó la mejilla de un atónito pelirrojo. ̶  Hasta siempre…Gaara. ̶ Se despidió.

Su cuerpo se movió de forma automática hasta llegar al apartamento en el que residía se desvistió y se ducho. Se puso un pijama de rayas verdes y cuando se acostó en la cama sus brazos se enredaron en la almohada y sus lágrimas empezaron a surgir con fuerza. Finalmente estalló en un llanto amargo cuando asimiló que lo habían dejado sin tener en cuenta sus emociones, sin saber cómo conservar a la persona que quería tener a su lado pero siendo consciente de que todo ese tiempo estaba viviendo en un sueño del cual acababa de despertar a la cruda realidad.



Un año después.

Gaara se encontraba en el interior de una cafetería con karaoke y notó como poco a poco está se llenaba de personas a pesar de que ya era un poco tarde pero al pelirrojo poco le importaba, aun seguía lamentando la pérdida de su relación con Sasuke, buscando una culpa o error que ocasionó la ruptura.

Cansado de tanto alboroto dejó el dinero en la mesa y estaba dispuesto a irse del lugar, cuando se percató de un chico que hacía tiempo con el que no hablaba desde hacía un mucho. A pesar de haberse cruzado en los pasillos de la universidad ni siquiera lo miraba como hacía un año atrás parecía como si lo ocurrido en el pasado no hubiera existido nunca y fueran desconocidos.

Decidió acercarse y hablar con él. También, pensó en que ese joven podría ser el apropiado para olvidarse de su amor no correspondido y…¿por qué no intentarlo?. Recordó que aquel chico le había declarado su amor desde mucho antes de estar cerca del Uchiha y había una gran posibilidad de que siguiera enamorado de él, al fin y al cabo, fueron amantes por un tiempo.

̶ ¿Sai?. ̶  Preguntó con voz tímida, al mismo tiempo que se sentaba sin pedir permiso enfrente del chico de mirada negra.

̶  Buenas noches, Gaara. ̶ Saludó amablemente.

̶ ¡Hola!, ¿sabes...? He estado pensando en todo este tiempo. Lo que pasó y quería pedirte disculpas de la manera en que te traté, la verdad fui muy grosero. ̶  El pelirrojo agachó la cabeza en señal de arrepentimiento y apretó su mandíbula con fuerza.

̶ No te preocupes. ̶  Le respondió el de pelo carbón.

̶ Bueno... me preguntaba si aún sigues sintiendo algo por mí. Podría darte una oportunidad y ¿quién sabe?  Tal vez... bueno, digo, no estás tan mal. ̶  Hablaba el chico del tatuaje en la frente.

Pero ese momento fue interrumpido por una voz algo chillona.

̶ Hay una cola enorme para ir al baño. ̶  Dijo el recién llegado al moreno para sentarse a su lado. Luego lo miró como si no lo hubiese visto hasta ese mismo momento. ̶ ¡Eh...!¡Hola!. ̶  Le saludó.
̶ Naruto el es Gaara, un compañero de clase. ̶  Presentó Sai.

 ̶ Eso no es importante. ̶  Dijo con rapidez, mientras le echaba una mirada en la que expresaba un “lárgate idiota” rubio con cara de tonto.

Vio como el tal Naruto se removía inquieto en su asiento, hasta que uno de los fuertes brazos de Sai rodeó la cintura del de ojos azules y lo acercó a su cuerpo en señal de protección.

̶  Gaara, no puedo negar que es una tentadora oferta la que me has dado, pero antes deja presentarte a Naruto. ̶  Una sonrisa extraña se formó en los labios del moreno.

̶ No me interesa quién sea este bueno para nada. ̶  Intervino molesto.

Sin embargo, Sai continuó hablado.  ̶  Naruto es mi novio.

El pelirrojo volvió a mirar al rubio. Lo observó un rato, hasta que reconoció al joven de pupilas azules sintiendo fuego en su estómago, y de nuevo puso su atención en el chico de ojos ébanos.

 ̶ ¿Y qué si es tu novio? No es la gran cosa, solo míralo parece un zorro asustado en tus brazos, con esas marcas en su cara. Ni siquiera es atractivo. ̶ Escupió con malicia, recordando que por su culpa Sasuke lo había abandonado.

̶ Puedes decir lo que quieras pero él es mejor que tú en muchos sentidos. ̶ Sai casi gritó la oración que en algún momento él mismo le había escupido.

Muchos de los clientes y camareros del establecimiento se quedaron mirando desconcertado el acontecimiento. Incluso las jóvenes que cantaban en el karaoke suspendieron su actuación para prestarle toda la atención.

Cuando una tercera persona entró en escena.

̶  Señores... a-aquí está sus pedidos. ̶  Interrumpió temerosa la camarera, pero ninguno de los chicos la miró.

̶  G-gracias. ̶  Murmuró Naruto.

El joven del tatuaje se levanto de la mesa. – Entonces es un no. ̶ Sentenció con furia contenida mientras apretaba sus puños. El interpelado solo cabeceó en una respuesta afirmativa.

Gaara se acercó al chico que le había quitado toda su felicidad y le dio un puñetazo en el rostro.

̶ ¡Cabrón! ¿Cómo te atreves a quitármelo? ¿Cómo te atreves a arruinar mi vida?. ̶  Gritó el pelirrojo furia y con el puño en alto para golpear de nuevo al joven. Pero una pálida mano se interpuso bloqueando la trayectoria del puño y recibiendo un golpe que lo tiró al suelo de parte del pelinegro.

̶ ¿¡Qué coño te pasa!? Él no te ha quitado nada y has sido tu solito el que se destruye la vida. No lo culpes por tus acciones. ̶  Le gritó Sai por segunda vez.

̶ Sí, sí que me ha quitado algo, ese engendro te ha engatusado, te ha quitado de mi vida... ̶  Gritaba el muchacho de ojos verdes con la mirada nublada y viendo la cara de Sasuke en Sai.

̶  Él no me ha engatusado ni nada por el estilo, yo nunca he sido tuyo y sencillamente tu mismo fuiste el que provocó todo. ¿Es que no recuerdas lo que pasó? ̶  Lo interrumpió, escupiéndole cada palabra en la cara como si fueran bofetadas.

El chico de las ojeras echó una última mirada de odio al rubio que se había quedado al margen como un espectador con su mejilla enrojecida por el golpe y salió corriendo del establecimiento.

Corrió todo los que sus piernas dieron. Sin un rumbo fijo. Sin mirar por donde pasaba, solo corría preso del dolor hasta tropezó en medio del frío pavimento y continuo llorando.

̶  ¿Te encuentras bien? – Pregunto una voz.

El taheño levanto su rostro con los ojos llenos de lágrimas.

̶  Espera, te ayudo a levantarte. ̶  Le ofreció aquel extraño chico con grandes cejas y pelo negro cortado en forma de tazón. – Soy Rock Lee. ¿Y tú eres…?

̶ …

̶ Bueno, no importa si no deseas responderme pero esta zona es peligrosa, no deberías estar por aquí. ̶  Le informó el moreno.

̶ ¿Y tú?.

̶ Que alegría así que sabes hablar.- Le sonrió. –Yo vengo al dojo que está allí. ̶  Le señaló el lugar. – Me gusta practicar artes marciales.



Tres meses después.

̶  Vamos Gaara puedes hacerlo solo concéntrate. ̶  Le animaba Lee.

̶ Pero es que no puedo más, es casi imposible que continúe asiendo flexiones. ̶  Respondió derrumbándose en el suelo.

̶  Está bien, está bien. ̶  Dijo sonriendo y acercándose para entregarle una botella de agua, pero cuando estaba cerca, Lee tropezó y cayó sobre el pelirrojo uniendo sus labios.

Rápidamente Lee se levantó completamente colorado.

̶  Lo siento Gaara, yo no quería. – Intentaba disculparse.

̶  Lee. ̶  Dijo Gaara haciéndolo callar con una de sus frías miradas para acercarse a él y besarlo con ternura en los labios envolviendo su cuello con sus brazos. Sintiendo como su compañero también participaba en el beso y colocó las manos en su cintura provocándole una sonrisa.


¡Paralelismo! Sai


-Sai.-

En uno de los pocos pasillos solitarios de la universidad, a esas horas del día, estaban dos chicos hablando. Uno de ellos era de pelo rojo y en su rostro destacaba un tatuaje en el lado derecho de su frente, además, de tener el contorno de sus ojos verdes delineado de unas sombras oscuras que acentuaban su iris. Sin duda, aunque a primera vista no lo pareciera, eran unas ojeras naturales que le daban un aspecto de misterio.

El otro chico era más alto que su compañero. Su piel pálida, casi tanto como el papel, de ojos y pelo bruno no era tan llamativo aunque poseía un porte elegante en la simplicidad de su aspecto.

̶ Bien, ya estamos solos, ¿Qué es lo que quieres, Sai?. ̶ Habló parco el pelirrojo, el cuál tenía un semblante serio y de desinterés hacia el otro joven.

̶ Bueno, quería saber si... ¿te gustaría salir conmigo, Gaara?. ̶ Preguntó el moreno con un pequeño rubor en sus mejillas y los nervios recorriendo su cuerpo.

El pelirrojo lo miró escrutadoramente antes de responder. ̶ ¿Hablas en serio?. ̶ Sai afirmó con un cabeceo. Entonces, el muchacho más bajo giró todo su cuerpo para encarar al otro. – Olvídalo, no pienso salir con alguien como tú.

̶ Pero... ¿por qué?. Solo dame una oportunidad para... ̶ Intentó convencer al chico del tatuaje en la frente de que él era una buena opción y le ofreciera una oportunidad para demostrárselo.

̶ Ya estoy saliendo con alguien y sin duda es mucho mejor que tú. ̶ Fue la despectiva respuesta de Gaara. ̶  Y no insistas, no tienes posibilidades conmigo. Tú solo fuiste uno más. ̶  Finalizó con voz severa antes de darle la espalda y alejarse del de ojos oscuros.

Sai se quedó inmóvil, mirando como el joven de ojos verdes desapareció por la esquina del pasillo, quedando solo con su destrozado corazón y sus ilusiones desechas por el rechazo. Sus ojos comenzaron ha escocer, las lágrimas se aglomeraron, ocasionando que su visión se volviera borrosa, y el líquido cristalino y salado comenzó a descender por sus albinos carrillos.

Había pasado un día pero el pecho del muchacho aún dolía ante el recuerdo cruel ocasionado por la persona que le gusta aunque eso no era excusa para faltar a clase. A pesar que en la noche no pudo pegar ojo y se había levantado muy temprano con la cabeza embotada por el llanto silencioso y el insomnio.

Llegó a la universidad con tiempo de sobra y lo comprobó al ingresar al aula, la cual estaba vacía, lo que le ofrecía la opción de sentarse en el puesto destinado al alumnado que deseara. Caminó por la escalera hasta que se decidió por tomar asiento en la última fila y sacó un pequeño bloc de dibujo, en el que pasó las páginas hasta dar con una hoja en blanco y emprendió a hacer trazos gruesos y finos sobre el papel.

Ya era casi la hora para que comenzara la clase con el señor Yamato y casi todos los alumnos habían llegado a la sala. El chico de piel pálida guardo su bloc en la mochila y sacó su libro junto con su libreta de apuntes, pero en ese mismo instante sintió como si algo llamase por su atención, levantó su vista de los útiles para dirigir sus oscuras pupilas a la entrada y ahí se encontraba el pelirrojo que lo rechazó de una manera tan fría y cruel, acompañado de otro chico de pelo negro con reflejos azules oscuro y en la parte de atrás de su cabeza, el peinado cambiaba en tener el pelo de punta. Además, de el aura de prepotencia que emanaba. No pudo evitar que su corazón se despedazase más de lo que ya estaba y el dolor aumentara en su pecho. Su mente se inundó de preguntas del tipo “¿qué tiene ese que no tenga yo?”. Dos lágrimas solitarias brotaron de sus ojos pero rápidamente las limpió para que nadie percibiera el sufrimiento que estaba viviendo.

El chico de ojos verdes miró a la clase con una sonrisa triunfadora, como si hubiese conseguido el mejor premio de un juego de feria, se volvió a su acompañante y le plantó un fogoso beso en los labios. Toda la clase observó el espectáculo y los murmullos no se hicieron esperar. Aunque para uno de los alumnos que estaba en esa aula, todo eso fue un autentica tortura y lo menos que deseaba era participar en los susurros de sus compañeros cuyo tema era lo que estaba haciendo Gaara y el desconocido.

La pareja se separó y el pelirrojo con aire triúnfate se acercó al moreno sentándose en el lugar de al lado destilando soberbia e ignorando por completo el estado anímico de su vecino de pupitre.
La hora del descanso llegó y como alma que lleva al diablo, salió del salón a toda prisa. Sus pies lo condujeron a la cafetería y decidió pedir un zumo y un sándwich de pavo, a pesar de no tener apetito, por lo menos esperaba no encontrarlos ahí, no deseaba ver nuevamente a Gaara exhibiéndose con su nuevo novio.

Estaba terminando de comer su pedido, cuando el chico que acompañó al bermejo en la mañana apareció en la cafetería junto a una mujer de pelo rosa. Las imágenes de Gaara y ese sujeto besándose volvieron a su mente y no pudo seguir en el establecimiento, intuía que no podría presenciar otra escena como en la mañana. Salió corriendo de la cafetería y un momento más tarde, sin saber cómo, colisionó con alguien o algo y el sonido de objetos cayendo al piso lo hicieron cerrar los ojos con fuerza.

Escuchó una suave voz varonil que se disculpaba desde el suelo. En aquel momento abrió sus ojos preocupado de haber hecho daño al dueño de esa voz. Se encontró con un chico más bajo que él, de pelo rubio y alborotado, que recogía sus libros esparcido por el suelo a causa del incidente. Decidió disculparse al mismo tiempo que recogía uno de los libros de aquel rubio y leía la portada.

̶  Perdóname a mí, corría sin ver por donde pasaba. ̶  Se disculpó.  ̶  ¡Ah! Estás en la clase del profesor Pain. ̶   Afirmó un poco sorprendido el moreno.

El rubio levantó su rostro y entonces, Sai pudo ver los hermosos ojos azules y las marcas que adornaban las mejillas del chico que le daban un aspecto de atolondrado. Igualmente, observó el estado de estupefacción que tenia, al mismo tiempo que lo analizaba inconscientemente con su mirada. Por lo que le hizo sentir incómodo, así que decidió presentarse para romper esa tensión que había creado involuntariamente.

̶ ¡Oh!, perdona no me he presentado. Soy Sai. ̶  Se presentó con una sonrisa forzada y falsa, pues no había alegría que pusiera compartir en ese momento y el dolor aún estaba en su corazón.

̶  Si…estoy en la clase del señor Pain y me llamo Naruto. ̶  Se presentó y confirmó lo dicho por el de ojos oscuros.

̶ Yo estuve en su clase el año pasado. Es muy estricto con sus tareas y será mejor que no insultes su clase. ̶  Hablaba sin saber el por qué mientras le daba en las manos los libros que aún estaban en el suelo.- Recuerdo que a uno de mis compañeros le hizo hacer un trabajo. ̶  En su mente apareció la imagen de ese recuerdo, cuyo protagonista era el muchacho de ojos jades y la tristeza regresó a él. ̶  Si quería aprobar el curso, ajunto a una disculpa de cinco páginas firmada por él debido a su mal comportamiento y leerla delante de toda la clase. Todo ocurrió por no haber entregado su proyecto a tiempo y por ello se negó a recogerlo. Entonces, el chico le gritó a la cara que su clase no servia para nada y que solo asistía para rellenar el horario de su carrera.

 ̶  Lo tendré en cuenta. ̶  Respondió  el rubio.

 ̶ Si quieres, te puedo echar una mano con ese trabajo. Yo lo hice el año pasado.  ̶  Se ofreció a ayudarlo.  ̶  Sería mi forma de disculparme por haber tirado tus libros. ̶   Aunque no sabía el por qué se brindaba a hacerlo.

 ̶ ¡Eh! pero si fue un accidente y…  ̶ No lo dejó terminar.

̶ ¡Nada de eso!, te espero a la salida, ¿ok? –Terminó diciendo Sai. A Naruto no le dio tiempo de replicar, pues el moreno se marchó corriendo a su siguiente clase.



Había pasado un año… y su relación con Naruto se había forjado en una bonita amistad. Además, que al estar junto al alegre e hiperactivo rubio había conseguir borrar a Gaara de su corazón. Ya no le dolía ver al pelirrojo y tampoco sentía odio por el chico de las ojeras por su falta de tacto cuando lo rechazó o el saber si estaba con alguien.

Había pasado un año… en el que conoció a Naruto, aprendiendo muchas cosas con él y divirtiéndose juntos.

Había pasado un año… en el que el chico de mirada azul se había hecho un espació en su corazón. Un rinconcito tan agradable en el interior de Sai, que provocaba un calorcito en todo su cuerpo. Un ardorcito que pudo reconstruir su corazón con los trocitos que estaban esparcidos en su pecho, pegándose como por arte de magia y quedara como nuevo. Un corazón reparado que ahora latía con fuerza cada vez que veía al rubio. Cada vez que el de ojos azules se acercaba un poco a él, le sonreía o, simplemente, le hablaba.

Había pasado un año… en el que Sai se había enamorado completamente del chico de mejillas marcadas.

Hoy el moreno había tomado la decisión de confesarle sus sentimientos al rubito a la hora del descanso. Sai no pudo evitar sentir temor a la posibilidad de volver a ser rechazado con la misma frialdad que lo habían hecho en el pasado. Sentía el temor a sentir el punzante dolor, dolor como el que sintió cuando se confesó a aquel otro chico que deshecho sus sentimientos sin ninguna delicadez pero sabía que Naruto no era Gaara y esto lo motivaba ha poder confesarse.

La hora del descanso llegó y, como ya era costumbre, Sai fue en busca de Naruto con una sonrisa nerviosa en su rostro. El millar de mariposas revoloteando en su estomago le estaban creando ansiedad pero, para su fortuna, no tardó mucho tiempo en encontrarlo.

̶ ¿Naruto podemos hablar en un lugar privado?, quiero decirte algo importante.- Preguntó un nerviosismo Sai.

̶  Claro, vamos al patio de atrás de la universidad, allí hay muy pocas personas. ̶  Propuso el de ojos azules y el otro chico asintió.

Ya en el patio trasero de la universidad, ambos chicos se sentaron en las grada de piedra de la vieja cancha de baloncesto. Sai cogió las manos de Naruto entre las suyas y las apretó un poco dándose valor a sí mismo.

̶ Naruto, se que nos conocemos desde hace un año y… que terminantes una relación algo larga y que te causó mucho sufrimiento pero debo decírtelo porque...creo que tienes que saberlo. ̶  Sai tragó saliva con dificultad y en su mente vino un pequeño fragmento de lo que sucedió cuando se le confesó al taheño sus sentimientos y lo deshecho rápidamente al decirse mentalmente. ̶  “Naruto no es Gaara.” ̶ Continuó, clavando su mirada a los irises azules. ̶  Siento algo muy fuerte por ti y me gustaría... claro si tu quieres, comenzar algo más… profundo. ̶  Terminó  con su confesión el de piel más pálida con un ligero sonrojo en sus cara y los nervios recorriendo todo su ser, casi podía jurar que estaba temblando por la tensión.

̶ Sai... me encantaría ser tu pareja, pues... tú también me gustas mucho pero me gustaría… que fuésemos despacio, aun tengo presente lo de mi anterior relación y... no creo poder corresponderte por completo aún. ¿De acuerdo? ̶  Tras estas palabras el rostro del azabache se iluminó y no logró reprimir abrazarlo con euforia, sintiéndose demasiado afortunado.

̶ ¡Gracias Naruto!, gracias por esta oportunidad. ̶  Dijo deshaciendo el abrazo y sonriendo ampliamente. ̶ Te quiero. ̶  No pudo reprimir decirlo con las mejillas arreboladas, ahora que sabía de esa ocasión que el joven de las marquitas en el rostro le estaba dando no podía desaprovecharla.
̶ Yo también te quiero, Sai. ̶  Respondió el rubito con una pequeña sonrisa.



Cuatro meses más tarde.

Sai había llevado a Naruto a un concierto de un grupo nuevo y que ocupaba el primer puesto de todo el país.

Hace una media hora que el concierto terminó y de camino a una cafetería con karaoke que frecuentaban. Naruto no dejaba de hablar del grupo por todo el camino y lo bueno que eran. Tampoco dejaba de agradecerle a su, ahora, pareja de haber conseguido las entradas y cuanto lo había sorprendido con ello. El moreno solo podía sonreír con completa sinceridad al ver lo feliz que se encontraba su novio.

Cuando llegaron al establecimiento tomaron la primera mesa libre que vieron. Ya que debido al concierto la cafetería tenía muchos más cliente de lo habitual. La camarera tardó un poco en atenderlos para anotar sus pedidos.

̶  Sai voy al baño. ̶  Le informó el rubio al chico más alto pero antes de irse le dio un suave beso es los labios dejando una tonta sonrisa en ambos.

El moreno ya solo en la mesa en espera de su novio y sus encargos dirigió su mirada a las dos jóvenes que cantaban en el karaoke. Cuando su atención fue interrumpida por una voz que reconoció al instante.

̶ ¿Sai? ̶  Preguntó la voz al mismo tiempo que se sentaba sin pedir permiso enfrente del chico de mirada negra.

̶  Buenas noches, Gaara. ̶  Saludó amablemente, aunque no esperaba encontrarlo ahí y, de hecho, hacía un año que no sabía del pelirrojo ya que los dos últimos años en la universidad no habían quedado juntos en alguna de las clases a las que debía asistir.

̶ ¡Hola!, ¿sabes...? He estado pensando en todo este tiempo. Lo que pasó y quería pedirte disculpas de la manera en que te traté, la verdad fui muy grosero. ̶  El pelirrojo agachó la cabeza en señal de arrepentimiento.

̶  No te preocupes. ̶  Le respondió el de pelo carbón.

̶ Bueno... me preguntaba si aún sigues sintiendo algo por mí. Podría darte una oportunidad y ¿quién sabe?  Tal vez... bueno, digo no estás tan mal. ̶  Hablaba el chico del tatuaje en la frente.

Sai se que quedó con su mente en blanco. Esa confesión por parte del bermejo no la esperaba. No ahora que no sentía nada por ese chico sentado al frente suyo. No en ese momento que su vida giraba felizmente junto a su alegre rubito. No esperaba ya, nada de Gaara. No cuando el dueño de su corazón era Naruto pero el pelirrojo sentado frente suyo quería una respuesta que el sabía que era un “no” ha esa proposición que llegó en el momento y lugar equivocado de su vida. No obstante, antes de abrir la boca para rechazar sutilmente la oferta, el joven de ojos azules apareció en la mesa.

̶ Hay una cola enorme para ir al baño. ̶  Dijo el de las mejillas marcadas a su pareja sin darse cuenta de la presencia del otro chico hasta que se sentó junto a su novio. ̶ ¡Eh...!¡Hola! ̶  Saludó avergonzado al muchacho de las ojeras pero este no se preocupó de devolver el saludo. Sencillamente retomó su atención al pelinegro.

̶ Naruto el es Gaara, un compañero de clase. ̶ Comenzó a presentar Sai pero fue cortado inmediatamente por la gélida voz del chico de ojos esmeraldas.

  ̶ Eso no es importante. ̶ Dijo con rapidez mientras le echaba una mirada en la que expresaba un “lárgate idiota” a Naruto.

El rubio ante esa feroz ojeada no pudo evitar estremecerse y que su estómago se encogiese. Dirigió sus ojos a su pareja que estaba con la quijada apretada por lo que agacho la cabeza pensando que estaba molesto con él. Cuando el chico de las marquitas en las mejillas iba ha levantarse para salir de ese lugar, un brazo rodeó su cintura y lo acercó al cálido cuerpo que estaba a su lado protectoramente.
̶  Gaara, no puedo negar que es una tentadora oferta la que me has dado pero antes deja presentarte a Naruto. ̶  Una sonrisa llena rencor apreció en su rostro, provocada por el escrutinio a su pareja, y su mirada, que permanecía fija al chico de cabellos fuego, se tornó helada.

̶ No me interesa quién sea este bueno para nada. ̶  Intervino un poco molesto el chico de ojos verdes sin inmutarse por el abrazo de los dos hombres frente a él, ni por la forma en que se dirigió el moreno a su persona o los ojos con los que lo observaba.

Sin embargo, Sai continuó hablado con el fuego que estaba quemando sus entrañas y sus músculos se tensaron de rabia que iba aumentado a cada palabra dicha por el pelirrojo y la humillación a su pareja por parte del Sabaku no, lo estaba enfureciendo. ̶  Naruto es mi novio.

El pelirrojo volvió a mirar al rubio. Lo observó un rato, incomodando al joven de pupilas azules, y de nuevo puso su atención en el chico de ojos ébanos.

̶ ¿Y qué si es tu novio? No es la gran cosa, solo míralo parece un zorro asustado en tus brazos, con esas marcas en su cara. Ni siquiera es atractivo. Debes de reconsiderar lo que te he dicho.  ̶  Escupió con malicia.

̶ Puedes decir lo que quieras pero él es mejor que tú en muchos sentidos. ̶  Sai casi gritó la oración por la ira que provocaron las palabras de Gaara. Muchos de los clientes y camareros del establecimiento se quedaron mirando desconcertado el acontecimiento. Incluso, las jóvenes que cantaban en el karaoke suspendieron su actuación para verlos.

Naruto no sabía que hacer o si era bueno o no intervenir, los nervios recorrían todo su cuerpo debido a la tensión que casi se podía palpar en el aire.

Levantó su rostro al frente, donde chocó con aquellas pupilas jades que lo hacían sentirse inferior y seguían humillándolo en silencio. Giró su azules ojos a su alrededor, encontrando muchas caras observándolos y la sensación de huir de allí se incrementó pero estaba inmovilizado por Sai y podía sentir como su novio apretaba su cintura con fuerza, quizás leyendo sus intenciones de huida.

̶  Señores... a-aquí está sus pedidos. ̶  Interrumpió temerosa la camarera pero ninguno de los chicos la miró y tampoco rompió el pesado ambiente.

̶  G-gracias. ̶  Murmuró el de las marquitas en la cara. Murmullo que escuchó la chica y salió casi corriendo de allí.

El joven del tatuaje se levanto de la mesa.

–Entonces es un no. ̶  Sentenció Gaara entendiendo las palabras de Sai. El interpelado solo cabeceó en una respuesta afirmativa.

El taheño se acercó al chico que le había quitado a su admirador, sin ningún tipo de arrepentimiento y sin que nadie lo esperase le dio un puñetazo en el rostro.

̶ ¡Cabrón! ¿Cómo te atreves a quitármelo? ¿Cómo te atreves a arruinar mi vida? ̶  Gritó el pelirrojo y con el puño en alto para golpear de nuevo al joven pero una pálida mano se interpuso bloqueando la trayectoria del puño y recibiendo un golpe que lo tiró al suelo de parte del moreno.

̶ ¿¡Qué coño te pasa!? Él no te ha quitado nada y has sido tu solito el que se destruye la vida. NO LO CULPES POR TUS ACCIONES. ̶  Le gritó con furia Sai.

̶ Sí, sí… que me ha quitado algo, ese engendro te ha engatusado, TE HA QUITADO DE MI VIDA... ̶  Gritó el muchacho de ojos verdes.

̶  Él no me ha engatusado ni nada por el estilo. Yo nunca he sido tuyo y sencillamente tu mismo fuiste el que provocó todo. ¿Es qué no recuerdas lo que pasó?. ̶  Lo interrumpió, escupiéndole cada palabra en la cara.

El chico de las ojeras echó una última mirada de odio al rubio que se había quedado al margen como un espectador con su mejilla enrojecida por el golpe y salió corriendo del establecimiento.

Sai se acercó a su pareja y lo abrazo, dejo el dinero de la comida que no llegaron a probar para marcharse del establecimiento bajo la atenta mirada de la gente que estaba en el local que aún permanecían en shock por lo ocurrido.

Estaban cerca del departamento de Naruto, cuando Sai se digno ha hablar con voz queda.

̶  Perdóname...perdóname por lo ocurrido en la cafetería. ̶  Se disculpó.

̶ No tengo nada que perdonarte Sai, solo olvidémoslo, ¿Ok?. ̶ Realmente, el rubio no le apetecía hablar del tema y tampoco quería una disculpa de su acompañante, pues él no podía adivinar que aquél sujeto le golpearía.

̶  Pero fue mi culpa que te golpearan, fue mi culpa que “ese” te humillara, cuando tú no te mereces ni una sola de esas palabras. ̶  Arrastró la palabra «ese» con resquemor al recordar lo sucedido hace unos minutos atrás.

̶ Sai, tú no sabías que iba a pasar y tampoco que el tal Gaara me iba dar un puñetazo. ̶ Respondió el de ojos zafiro.

̶ Aún así perdóname... por favor... ̶ Suplicó el más alto abrazando y derramando silenciosas lágrimas.
̶ Insisto en que no tengo nada que perdonar pero te complaceré para que dejes de disculparte. ̶  Limpió las lágrimas del blanco rostro y besó con dulzura lo finos labios.  ̶ Te perdono. ̶  Nuevamente lo besó con ternura.

̶ Gracias...Te amo, te amo tanto. ̶  Probó una última vez aquella boca, entrelazó sus dedos con los de su compañero y al separarse, continuaron su camino.

Cuando llegaron al departamento. El de pelo dorado invitó a pasar a su pareja. Entraron ambos a la pequeña cocina y sacó un poco de hielo que introdujo en una bolsa plástica para acercárselo en el hinchado moflete.

̶ ¿Te apetece algo? ̶  Preguntó el anfitrión.

̶  No te preocupes. ̶  Respondió con una triste sonrisa por el magullado rostro de Naruto.

̶  Es que no comiste nada. ̶  Dijo con un intento de sonrisa

El moreno se acercó sutilmente al otro chico.

̶  No tengo hambre, así que no te preocupes. ̶  Respondió besado a su novio.

̶  Sai... ̶  Afloró de los labios del chico de las marcas tras aquel beso.

̶ Naruto... ̶  Dijo para volver a besarlo y al mismo tiempo recorrer aquel cuerpo con sus manos por encima de la ropa.

El ambiente se fue caldeando por cada segundo que pasaba con besos y carisias que mutuamente se repartían cada vez más candente. Las traviesas manos de Sai ya habían despojado al rubio de toda su ropa y la bolsa de hielo se había perdido en algún lugar de la pequeña cocina. Los labios pálidos acariciaban la piel expuesta y los mimos seguían subiendo atendiendo a las mudas demandas del contrario.

Ambos cuerpos se volvieron uno y el fuego abrazó hasta sus almas perdidas en el placer que solo dejó fantasmas de suspiros junto a sus miradas satisfechas que reclamaron un beso cómplice.

̶  Te amo tanto. ̶  Susurro apretando el agarre y atrayendo más al cuerpo que aprisionaba.


̶ Yo también te amo, Sai. ̶  Respondió Naruto abrazando igualmente al moreno, para finalmente volverlo a besar.

¡Paralelismo! Naruto


-Naruto.-

El vibrar que acompañaba la estridente melodía de un teléfono móvil, indicaba que un nuevo mensaje había llegado al buzón. Este era el décimo texto que había recibido esa mañana y estaba totalmente seguro, que como los nueve anteriores, venían a decir lo mismo, en especial cuando se trataba de esa persona de la que ahora deseaba no pensar.

Cerró los ojos con fuerza por un corto periodo de tiempo y borró el mensaje recibido, metió el pequeño aparato dentro de su mochila, cogió su vieja chaqueta deportiva y salió del edificio con dirección a la universidad.

De camino a la facultad decidió atravesar el parque a paso lento aunque eso significaba que la ruta que seguía sería más larga pero tenía tiempo como para darse el placer de disfrutar con un pequeño paseo y apreciar la belleza a su alrededor.

Los jardines llenos de flores de colores y los cerezos que bañaban el aire con sus hojas de color rosas, daba un ambiente agradable y relajante, haciéndolo sentir su cuerpo más ligero. No pudo evitar inundar sus pulmones, para soltar el aire lentamente, disfrutando de la sensación de bienestar que le dejaba en su cuerpo.

A pesar de lo temprano que era, en su paseo vio muchas personas en el lugar. Algunos compañeros de universidad y parejas que al igual que el paseaban y se deleitaban del bonito panorama que ofrecía el parque.

Sus pasos lo llevaron hasta la fuente de piedra regida por las figuras de unos bailarines. Se acercó despacio, hasta llegar al borde de la fuente, viendo su reflejo en el ondeante agua y no pudo evitar sonreírse a sí mismo. Pero entonces, una risita juguetona llegó a sus oídos, demasiado familiar para él e interrumpiendo su tranquilidad.

Giró su rostro para dar con la persona que reía y allí vio, bajo un árbol de sakura a dos chicos acaramelados, como cualquier pareja enamorada que disfrutaba de estar juntos. Ahí… se encontraba un pelirrojo y un moreno abrazados cariñosamente sin percatarse de lo que sucedía cerca a ellos, más su atención estaba puesta en su compañero y las carantoñas que se hacían el uno al otro.

No pudo evitar tragar un poco de saliva con pesadez, sintiendo un poco de amargor en su garganta.
Bajó su cabeza y girando a su derecha, se fue alejando con la misma lentitud con la que había llegado hasta aquel punto del parque y una sonrisa vacía instalada en sus labios.

Dudaba que la pareja se hubiese dado cuenta de su presencia pero tampoco le importaba en demasía, tan solo le había ayudado a concretar sus pensamientos el verlos juntos y debía de agradecerles el despejar cualquier vestigio de duda.

Suspiró y cerró por un momento lo ojos cuando estuvo lo suficientemente alejado de la fuente. Aquello no lo había esperado pero tampoco sintió el dolor punzante que antaño se clavaba en su pecho al verlo con otra persona que no fuese él y debía de estar contento por eso ya que era una de las señales que necesitaba que le decían que estaba mejorando.

Algunas imágenes aparecieron en su mente, en las que ellos estaban en las mismas situaciones como ese chico está con él ahora, junto a palabras de amor que le había susurrado en algún momento acompañado de arrumacos amorosos pero su corazón ya no palpitaba con fervor al recordarlas. Tampoco estaban las mariposas en su estomago a cada que retrataba su rostro en su mente. Ya no sentía esa necesidad de estar cerca de ese chico y estaba seguro que no quedaba nada en su interior que ofrecerle a él, pues se había encargado de destruir poco a poco cada ilusión y promesa de un futuro a su lado.

Volvió a sentir su teléfono móvil sonar en el interior de su mochila. Lo buscó para encontrarse otro mensaje de texto cuyo destinatario era aquel individuo y, como los anteriores, le pedía disculpas, prometiéndole que no lo volvería ha hacer y que todo había sido un error. No pudo reprimir el pensar de qué se trataba de un cínico.

̶ “¿Cómo era capaz de estar con una persona y a la vez, enviar mensajes para reconciliarse con otra persona?”̶  Se cuestionó mentalmente.

Apretó con fuerza el aparato, sin poder creer lo grosero que era aquel personaje del que alguna vez estuvo enamorado. Nuevamente, recordó su relación con ese sujeto y el pensamiento de que había perdido su tiempo en un noviazgo infructuoso en el que nunca fue valorado como se debía lo hizo enfadar ante el hecho de que se sentía como un juguete a manos de un niño.

Suspiró, otra vez, consiguiendo tranquilizarse un poco. Volviendo a guardar el teléfono en su mochila  y dirigirse de una vez a la universidad a paso apresurado.

El descaso había llegado por fin, después de dos clases de pura charla aburrida, salió corriendo a la biblioteca necesitaba buscar algunos libros para llevarse a casa y poder terminar el trabajo que le había encargado hace dos semana el profesor Pain y que tendría que entregar en una semana más si no deseaba suspender el trimestre.

Al llegar a la biblioteca, preguntó a la encargada por donde buscar los libros que le hacían falta y la mujer, encantada, le indicó el pasillo de grandes estanterías para que quince minutos más tarde ya tenía tres libros en sus manos. Aun seguía hojeando libros para tener la mayor información posible para su trabajo, cuando escuchó la voz de una chica. Curioso se acercó al final del pasillo pero sin salir a este, quedando oculto por la estantería, donde observó a una muchacha que se disculpaba humildemente con un sonrojo en las mejillas. No podía ver a quién se dirigía pero si pudo oír perfectamente su voz, la cual era perfectamente conocida para él.

̶  Ten más cuidado la próxima vez, ¿vale?  ̶  Aconsejó la sensual voz varonil.

̶ S-si… lo tendré en cuenta, y… me preguntaba s-si… ¿podría ayudarte? ̶ Pudo ver como aumentaba el sonrojo de la chica.

̶ Bueno estaba buscando a alguien. ̶ Dijo la voz y la chica suspiró desesperanzada. ̶ Pero al parecer no se encuentra aquí. Aunque he encontrado una belleza en su lugar y me estoy preguntando si quisieras ir conmigo a tomar… ¿un café o un té?.  ̶ La señorita, completamente ilusionada, aceptó con un fuerte rubor en sus pómulos y ambos salieron de allí con destino a la cafetería de la facultad.

̶ Sinvergüenza. ̶  Fue el mormullo que escapó de sus labios.

Salió de la biblioteca con todos los libros en los brazos, quería llegar al aula para acomodarlos dentro de su mochila pero al doblar la esquina se golpeó de frente con alguien y los libros cayeron al suelo. Se disculpó con la otra persona rápidamente, ya que la torre de libros que llevaba no lo dejaba ver bien por donde iba, y empezó a recoger los libros, cuando una voz masculina y dócil  lo sacó de su tarea.

̶ Perdóname a mí, corría sin ver por donde pasaba. ̶ Se disculpó la otra persona. ̶ ¡Ah! Estás en la clase del profesor Pain. ̶ Afirmó aquella voz con un tono de sorpresa.

Levantó su rostro y se quedó sin aliento por un momento debido a que el chico se parecía mucho a Sasuke y, por un instante, creyó estar frente a él pero no era Sasuke. Ya que Sasuke tiene el pelo de punta en la parte de atrás y el joven frente suyo lo tenía completamente liso y su piel era mucho más pálida.

̶  ¡Oh!, perdona no me he presentado. Soy Sai. ̶  Se presentó con una sonrisa extraña.

̶ Si…estoy en la clase del señor Pain y me llamo Naruto. ̶ Se presentó y confirmó lo dicho por Sai.

̶ Yo estuve en su clase el año pasado. Es muy estricto con sus tareas y será mejor que no insultes su clase. ̶ Hablaba mientras le daba en las manos los libros que aun estaban en el suelo. ̶ Recuerdo que a uno de mis compañeros le hizo hacer un trabajo, ajunto a una disculpa de cinco hojas firmada por él, por su mal comportamiento y la que tuvo que leer enfrente de toda la clase. Todo ocurrió por no haber entregado su proyecto a tiempo y por ello, se negó a recogerlo. Entonces el chico le gritó a la cara que su clase no servia para nada y que solo estaba para rellenar el horario de la carrera que estudiaba.
̶  Lo tendré en cuenta. ̶ Respondió  sin creérselo demasiado.

̶ Si quieres te puedo echar una mano con ese trabajo. Yo lo hice el año pasado. ̶ Se ofreció a ayudarlo.  ̶  Sería mi forma para que me disculpes por haber tirado tus libros.

̶ ¡Eh!, pero si fue un accidente y… ̶  No lo dejó terminar.

̶ ¡Nada de eso!, te espero a la salida, ¿ok? – Terminó Sai sin darle tiempo a Naruto de replicar, pues el moreno se marchó y ya se le hacía tarde para la clase del profesor Kakashi.

Ha pasado un mes… en la que ambos chicos se han conocido y el trabajo para la clase del profesor Pain había sido finalizado, entregado y aprobado con excelente calificación. Ambos chicos se han divertido juntos y han aprendido mucho, el uno del otro y descubriendo que tenían gustos similares.
Ha pasado un mes… en que el teléfono móvil de Naruto ha recibido muchas llamadas que no han sido contestadas, junto a muchos mensajes de disculpa pidiendo otra oportunidad, al igual que su correo electrónico repleto de e-mails que no ha respondido.

Ha pasado un mes… donde un chico de pelo color azabache ha llamado insistentemente a un chico rubio que no ha respondido a sus llamadas, mensajes o e-mails.

Ha pasado un mes… donde Sasuke ha buscado a Naruto por toda la universidad pero que desgraciadamente no ha encontrado.

Ha pasado un mes… en la que Sasuke no ha podido disfrutar con nadie íntimamente porque solo ha podido pensar en el joven de cabellos dorados, añorando su presencia y necesitando todo el ser de Naruto, sin sentir su completa satisfacción junto a sus conquistas ocasionales o los halagos de sus admiradoras y admiradores.

Ha pasado un mes… en que el joven de pelo color petróleo se ha dado cuenta de la falta que le hace el muchacho de ojos azules. Es por ese motivo que ha salido a mitad de la clase del profesor Orochimaru y se dirige al aula en la que se encuentra Naruto para contarle lo que siente, disculparse y solicitar una nueva oportunidad.

Por fin había llegado, se encontraba frente a la puerta de la clase y en la que  el chico rubio estaba dentro, teniendo que recorrer de un extremo a otro el edificio.

Tomó aire reteniéndolo unos segundos en sus pulmones para soltarlo pausadamente. Estaba completamente nervioso, iba a confesar su amor por primera vez, pues anteriormente había sido el joven de ojos zafiros el que se confesó y el solo aceptó porque le parecía lindo y sin poder imaginar que pudiera sentir algo más que un simple «me gustas».

El chico de pelo negro y mirada seria golpeó la puerta de madera. Un “adelante” procedente del interior del aula se pudo oír.

Sasuke abrió la puerta con el corazón encogido. Echó una rápida mirada a los alumnos y pudo distinguir la figura de Naruto en la tercera fila, para volver rápidamente su vista al profesor de pelo naranja y extraños ojos que impartía la clase.

̶ ¡Buenos días!, ¿podría salir un momento Uzumaki Naruto? ̶ Saludó y formuló su pregunta lo más rápido que pudo.

̶  ¿Joven no podría esperar hasta la hora de descanso? ̶ Preguntó el profesor.

̶  Se trata de una urgencia. ̶ Insistió Sasuke.

̶  Está bien…Uzumaki puede ir. ̶ Dio permiso el profesor con molestia en su tono de voz.
El chico se levantó de su lugar y salió del aula seguido del moreno, que cerró la puerta tras de sí.
Una vez fuera, el de ojos azules apoyó su espalda en la pared.

̶ ¿Qué es lo que quieres? si se trata del por qué no te he respondido a los mensaje y llamadas, creo que eso quedó claro la última vez. ̶ El rubio fue directo al grano, provocando dolor en el otro joven, que no lo demostró exteriormente.

̶ Bueno… una parte era eso y otra es que quiero que me perdones, Naruto. Se que he cometido errores y… lo siento tanto. ̶ Desvió su mirada al suelo. ̶ Se que no he sido el mejor novio del mundo y te he hecho mucho daño. Pero… solo quiero pedirte una cosa. ̶ Levantó su rostro, cogió las manos del chico delante de él, al mismo tiempo que se ponía de rodillas. ̶ Por favor, por favor perdóname, y vuelve conmigo. Comencemos desde cero, te prometo que no te defraudaré está vez, me he dado cuenta de que te amo. Por favor… ̶ Terminó de hablar con los ojos cristalizados.

̶ Sasuke… ¿cuántas veces me has dicho eso?, ¿cuántas veces te he perdonado?, ¿cuántas veces “hemos comenzado desde cero” y terminado de la misma manera? ̶  Cuestionó el rubio y el joven de pelo oscuro bajo su cabeza con los ojos fuertemente apretados. No hubo respuesta, solo un corto silenció que fue roto por Naruto. ̶ Si lo qué quieres es el perdón, ya lo tienes pero no me pidas que vuelva contigo, ya es muy tarde para eso porque si volviésemos ha estar juntos solo sería sufrimiento para ambos. Solo nos haríamos daño. Adiós, Sasuke. ̶ Se despidió el de ojos zafiros, soltando su mano del de ojos negros y besando su mejilla derecha para irse de nuevo a clase.
̶ Naruto… ̶ Susurró Sasuke con un nudo en la garganta.

El azabache se levantó del suelo unos minutos después y no pudo evitar llorar. Su corazón lo sintió romperse en miles de millones de pedazos y como una presión inundaba todo su ser, encogiendo rápidamente su alma quebrada. Todo su cuerpo quedo completamente pesado. Era horrible lo que el chico sentía. El moreno tuvo que observar como el amor de su vida lo abandonaba y el único responsable había sido él mismo. En ese momento es que se daba cuenta de que estaba enamorado de Naruto, ahora tenía que aceptar el rechazo del rubio al que tantos desplantes le había hecho. Aceptar que había sido él, el responsable de que el de orbes zafiros ya no lo amase.

En ese instante, le llegó el recuerdo de una  de sus últimas discusiones con Naruto cuando aun eran pareja y no lo tomaba en cuenta. No consiguió evitar sonreír irónicamente, recordando esas palabras llenas de dolor y de las cuales se burló internamente del teatro que estaba presenciando. Esas palabras continuaron repitiéndose en su mente y sus lágrimas aumentaron junto a sus gimoteos.

-“Tu no me amas, si lo hicieras no te atreverías a hacerme esto. Tú… tú no amas a nadie…por eso espero que jamás lo hagas… para que no conozcas el daño que causa el amor, como lo he ido conociendo yo a tu lado.”-



Un año después.

La hora del descanso llegó y, como ya era costumbre, Sai fue en busca de Naruto con una sonrisa nerviosa en su rostro. No tardó mucho tiempo en encontrarlo por los pasillos de la universidad.
̶ ¿Naruto podemos hablar en un lugar privado?, quiero decirte algo… importante. ̶ Preguntó un nerviosismo Sai.

̶  Claro, vamos al patio de atrás de la universidad, allí hay muy pocas personas. ̶  Propuso el de ojos azules y el otro chico asintió.
Ya en el patio trasero de la universidad, ambos chicos se sentaron en las grada de piedra de la vieja cancha de baloncesto.

Sai cogió las manos de Naruto entre las suyas y las apretó un poco mientras el rubio lo miraba con curiosidad por aquel repentino acto.

̶ Naruto se que nos conocemos hace un año y… que terminantes una relación algo larga y que te causó mucho sufrimiento pero debo decírtelo porque...creo que tienes que saberlo. ̶ Sai tragó saliva con dificultad, antes de seguir. ̶ Siento algo muy fuerte por ti y me gustaría... claro, si tu quieres, comenzar algo más... profundo. ̶ Terminó  confesándose el de piel más pálida con un ligero sonrojo en sus cara.

̶ Sai... me encantaría ser tu pareja, pues... tú también me gustas mucho pero me gustaría, que fuésemos despacio. Aun tengo presente lo de mi anterior relación y... no creo poder corresponderte por completo aún… ¿de acuerdo?. ̶ Tras estas palabras el rostro del azabache se iluminó y no logró reprimir abrazar a un ruborizado Naruto.

̶ ¡Gracias Naruto!, gracias por esta oportunidad. ̶ Dijo deshaciendo el abrazo y sonriendo ampliamente. ̶ Te quiero. ̶ No pudo reprimir decirlo, ahora que sabía que el rubio le estaba dando la oportunidad y que iba a aprovechar.

̶ Yo también te quiero, Sai. ̶ Respondió el rubito con una pequeña sonrisa y con la cara roja.